HUGHES

EL IPHONE5 Y BREAKING BAD

Escrito por Hughes el . Posteado en Columnas

Las sucesiones del iPhone son como la continuidad de la carrera espacial. Cada nuevo prototipo es un Apolo que la ciencia occidental nos lanza hacia el centro mismo de nuestra forma de vida. El iPhone, con su multifuncionalidad de navaja suiza, ya ha superado la tetralogía, como el Alien. “Más fino, más ligero, más rápido” es el lema de su resumido olimpismo tecnológico. El iPhone tiene algo de perfecto cachivache conseguido, de la misma forma que lo olímpico presenta lo humano perfeccionado, andando todo, quizás, hacia alguna forma de futura conjunción biónica. De hecho, la relación de la gente con los iPhone empieza a ser así, biónica. Algunos se agarran al aparato como antes se agarraban a las cuentas de un rosario y el iPhone debe ser, literalmente, arrancado de nuestras manos. Desgajado. Amputado. Con él se va formando una supraconciencia colectiva –cada relación humana, una conversación abierta- en el chat perpetuo del whatsapp. Hasta a Rosa Benito le mandan ‘guasás’ a la tele. La guasa del ‘guasá’.

Leí en algún sitio que la acción de pulsar, de accionar una tecla y apretar, automatizaba la acción y daba relieve, fisicidad, relevancia física al instante. Era la representación de la producción de un instante. La acción hecha gesto. El acto de pulsar tiene esa magia, la de darle peso a una idea, gravedad. En la serie Breaking Bad, inolvidable ficción televisiva, hay un homenaje a la pulsación. Heisenberg, el protagonista, y el malísimo Gustavo Fring salen de su hieratismo con el tic de pulsar. El dedo índice se les dispara. En otros momentos de la serie, pulsar es la acción postrera. Alguien muere y su último gesto es accionar el índice como buscando la expresión última en algún ideal aparato tecnológico. Pulsar, pues, como un último aliento. Hay un personaje, el viejo miembro del cártel mexicano, Héctor Salamanca, que encuentra la pulsación como única forma de expresión. Como no tiene tecnología, han de leerle a través de una parodia de ouija. En Breaking Bad los verdaderos hombres aún se resisten al iPhone. Atrapados en la retórica simbólica de John Wayne, no asumen el pellizco y mantienen sus viejos móviles y, así, no hay tecnología táctil en una serie en la que las llamadas telefónicas son constantes.Las mujeres sacan el iPhone y lo miran como sacaban antes el espejito del bolso para maquillarse, porque el iPhone tiene, como todo, su deliciosa coquetería femenina.

La serie es un homenaje a la pulsación y los personajes mueven los dedos como pistoleros en el nuevo oeste de Alburquerque. Cultura de disparar. Trigger digit. Del revólver al ratón.

El iPhone, con su deslizamiento táctil, empieza a cambiar eso. Amanera y suaviza la relación con la tecnología. El instante ya no se acciona, sino que se desliza y resulta menos definitivo. Pulsar se sustituye por una caricia, un pellizco, un pizzicato tecnológico y con la pantalla se inicia una relación física, sin intermediación.

En cierto modo, lo táctil culmina también una relación de enamoramiento con lo audiovisual porque tocamos la pantalla. Tras un siglo de fascinación con ella, movemos el dedo como ET –porque ET era el dedo del siglo, símbolo de la gran digitalización del siglo veinte- y tocamos la pantalla como se avanza la mano hacia la mejilla deseada. ET era la gran ternura del dedo índice, todo su misterio tembloroso porque entre el índice y el cerebro hay una conexión especial.

El iPhone5 es un paso más hacia la desaparición de la pulsación, que ha sido la modernidad. La tecnología abandona el dedito, la acción pistolera de apretar, de modo que asistimos a la crisis de un gesto. En Breaking Bad muere el gesto cultural del pistolero y con el iPhone va naciendo otro, que desliza el instante hacia una nueva dulzura. Yo, que ensayo la mirada de Walter White, aún pretendo resistirme.

Etiquetas:, , , , , , , ,

"Trackback" Enlace desde tu web.

Hughes

De formación no periodística, rompió a escribir sobre actualidad hace un año. Mantiene el blog losobjetosimpares, que ya hay que tener moral, y escribe en ABC. Por alguna razón imprecisa, dado que aún es joven, le gusta este verso de Gerardo Diego: y a la luz derivada del periódico yo no me siento viejo. http://losobjetosimpares.blogspot.com.es/ 

Deja un comentario