La caída del imperio cultural italiano

Escrito por Carlos Camino el . Posteado en Reportajes

EL PAÍS SE HACE EL HARA-KIRI CON EL MALTRATO A SU PATRIMONIO

“El italiano medio es inconscientemente consciente del patrimonio que hay en su país. Cuando viaja al extranjero se da cuenta de la importancia de nuestro patrimonio, mientras tanto no le hacemos caso porque vivimos en el arte”. Estas palabras pertenecen a Alessandro Manna, voz de una asociación que trabaja por salvar la Reggia de Carditello (cerca de Nápoles), un palacio de caza borbónico en ruinas que sirve de ejemplo para hablar de muchos casos similares del patrimonio cultural italiano. La patria del arte, víctima de esta conciencia pasiva y de la dejadez, sobrevive en una situación en la que crisis se conforma como un elemento más de la tormenta.

Un paseo por Italia es un paseo sorprendente. Con la mochila a cuestas es fácil pasar de los fríos Alpes al elegante Turín en sólo un día, en apenas un par de horas. El país cuenta con uno de los mayores patrimonios artísticos del mundo. Patria del Imperio Romano, cuenca del Renacimiento y fragmentada durante siglos en pequeñas maravillas, a día de hoy, la UNESCO estima en 47 los lugares protegidos de los que goza el país transalpino. Sin embargo, mermas en presupuestos, malos tratos del público y de la administración y crisis endémica transforman el gozo en tortura, e invitan a que el Estado venda parte de su patrimonio para poder financiarse o a que grandes marcas hagan publicidad ayudando con una restauración vistosa pero parcial. De esta manera, en diciembre está previsto que arranque la restauración del Coliseo a través del empresario Diego Della Valle, propietario de la firma de calzado Tod’s. Unos 25 millones a cambio de la exclusividad de la imagen del monumento durante 15 años.

La inconfundible sombra del David (Andy_bcn vía Flickr)

La lista es larga y cada cierto tiempo aparece en la prensa una nueva noticia que da cuenta de la situación del Patrimonio. Los últimos ejemplos tuvieron lugar este verano. Las Cinco Tierras, parada obligatoria de verano para muchos estadounidenses a orillas del Mediterráneo, vio como uno de sus paisajes idílicos casi provoca un accidente con la rotura de una barandilla. Poco antes, el enésimo problema – derrumbe – en Pompeya, la ciudad sepultada por la lava.

Pese a estos problemas, las cuentas siguen saliendo al Estado italiano. ¿Para qué invertir dinero si se tiene una gallina de los huevos de oro? Pese a la leonina crisis que dejó este verano a media Italia en casa, el pasado mes de agosto Pompeya gozaba de más de 313.000 visitas, apenas 16.000 menos que al año anterior, un descenso que, por si fuera poco, se compensará con las cifras de un septiembre al alza, según el sitio arqueológico.

Sin embargo, aunque estos números puedan parecer atractivos a primera vista, no hay que dejarse engañar. El número de visitantes por día de Pompeya con respecto a un gran museo como el Louvre es la mitad. Italia, con su número de bellezas de la UNESCO se encuentra 28ª en la tabla de Turismo y Competitividad del Foro Económico Mundial, por detrás de países como Estonia, Chipre o Bélgica. Un dato a primera vista extraño, aunque sólo los turistas que hayan estado en Tallín y en el país mediterráneo podrán valorar si se les trata mejor en el Foro Romano o en el Festival Veraniego de la Cerveza de Estonia.  Sin ir más lejos, según un estudio de la Cámara de Comercio de Monza, el Coliseo valdría 5 veces menos que la Torre Eiffel, mientras que la Sagrada Familia superaría al famoso Duomo de Milán. Un patrimonio tan inmenso como aparentemente desaprovechado que provoca situaciones de gran riesgo para la memoria.

El peligro que corre esta marca ya maltratada es su continuo desgaste por la falta de recursos. La capital romana requiere reformas valoradas en varios millones de euros para solucionar los desperfectos en las ruinas del Foro Romano, en sus murallas o en la famosa Fontana di Trevi. Este último monumento es de una belleza todavía incuestionable, pero del que recientemente han caído piedras como puños. Muchas ruinas que corren el riesgo de arruinarse todavía más.

 

La ruina que carcome la ruina

“Lo poco que quedaba por robar ya ha sido robado”. El panorama de la Reggia de Carditello, una joya borbónica en Campania, la región de Nápoles, no es demasiado halagüeño. Este palacio de caza lleva en desuso desde finales de los años 80, cuando fue embargado, y este enero saldrá a subasta por quinta vez con el consecuente peligro de que acabe en manos de un ente privado o de la Camorra. El destrozo, los escombros y los robos han sido la tónica general de la Reggia en los últimos 20 años.

Cinco subastas desiertas en los últimos años han ido bajando el precio inicial de salida, un paso que allana el camino a los aspirantes camorristas a hacerse con el lugar de nacimiento de la famosa mozzarella de búfala. El palacio que servía de reposo a los Borbones napolitanos, y que en su día fue tomado por los nazis como cuartel, se asemeja más a un castillo del terror por efecto del saqueo a manos llenas en los últimos años, con los políticos y policía de la región mirando a otro lado.

“Está en juego la memoria. Si no lo adquiere el Estado estamos en riesgo de perder una parte de nuestra memoria”, explica Manna, portavoz de Agenda 21, un conglomerado de asociaciones que se desviven por intentar salvar este trozo de historia. Gracias a ellos, la Reggia ha entrado en los hogares italianos a través de un ininterrumpido ruido en televisión, mientras que otros tantos ciudadanos han podido entrar gracias a las jornadas de visitas que organizan.

Y es que el salvamento de la Reggia supondría un empujón económico a la región. “Hay mucha gente que nos pide visitarlo. Si se abriese al público definitivamente se incrementarían las visitas a los monumentos de toda la región. Serviría para promocionar al territorio, incluso como un escaparate para productos de excelencia de la región. No hay que olvidar que la mozzarella viene de Carditello”.

Galería Uffizi

Galería Uffizi en Florencia (cfwee vía Flickr)

En este caso hay una pequeña luz en la oscuridad. El ministro de Bienes Culturales anunció a esta asociación que el Estado podría ejercer su derecho a igualar la mejor oferta de la subasta y que la Reggia vuelva a ser propiedad de los italianos. Aunque el Estado realizó una restauración parcial por valor de 2,5 millones de euros entre 2000 y 2003, Agenda 21 explica a esta revista que calcula que una reforma para que todo vuelva a estar en orden se deberían invertir unos 10 millones de euros. Un dinero al que se debe unir el pagado por adquirir la finca, una cifra que hace temblar a un Estado que recorta año tras año los gastos patrimoniales, no sólo en reformas, sino también en salarios.

 

El ujier del Senado y el director de los Uffizi

Si la Reggia de Carditello es el ejemplo del descuido del patrimonio, el maltrato a los cuidadores queda representado en Antonio Natali, director de la Galería de los Uffizi en Florencia, corazón del arte en Italia y uno de los puntos cardinales museísticos en Europa. En la nómina de Natali figura al final de mes un sueldo de 1.800 euros. Una cantidad cuatro veces inferior a lo que cobra un ujier del Senado. La carta, casualidad o no, se publicó el día después de que Mario Monti dijese que sueldos y méritos deberían ir de la mano. El guardián de Botticelli, Caravaggio o Miguel Ángel explica, entre amargura y costumbre, que el Gobierno técnico no ha hecho nada en este sentido desde entonces.

“La crisis no ayuda, pero desde que yo era joven he escuchado que el Estado da pocos fondos al patrimonio, algo que la crisis agudiza”, explica Natali. Y razón no le falta, pues este año el presupuesto de Cultura llega a 1.400 millones, cuando hace poco más de 10 años superaba generosamente los 2.000. “El patrimonio debería ser conservado más allá de si se gana o no dinero con él, pero Italia debería tener más consideración por su patrimonio teniendo en cuenta que su economía depende de esto”, añade el director de los Uffizi.

Un paseo por Florencia cualquier fin de semana sirve para chequear la cantidad de turistas que pasean por la ciudad. Una cola en cada calle, restaurantes y cafés llenos y regates continuos para evitar salir en una foto no deseada. Sin embargo, revisando la lista de los 10 museos más visitados del mundo no se encuentra ningún italiano. El mejor situado, los Uffizi, está en 19º lugar, con 1.700.000 visitantes, una cifra, eso sí, en aumento con respecto al año anterior.

Las conversaciones con otros directores de museos europeos son a veces incómodas porque el lamento de cualquier jefe palidece ante las necesidades italianas. Para muestra basta con cruzar la frontera sin necesidad de cambiar la nacionalidad. Claudia Ferrazzi tiene 34 años, es italiana y en su tarjeta de visita está escrito que es la número tres del Louvre parisino – primero en la anterior clasificación-, donde la suma de los diez mayores sueldos es de un millón de euros anuales. Ferrazzi supera pues dos tabús italianos, el sueldo a los directivos de museos y la gerontocracia que integra administración y empresas.

“A veces te ríes y a veces lloras”, se lamenta este hombre de inconfundible aspecto italiano, rector de los destinos de la Galería desde hace seis años. Estas palabras sobre su sueldo casi se fusionan con la tristeza que expresa al ser preguntado por si los italianos son conscientes de la riqueza de su patrimonio. “Los italianos dicen que lo conocen bien, pero conocimiento quiere decir respeto, atención”. Un reflejo que no se ve en el cuidado de algunas piezas de su patrimonio.

Sin embargo, el gusto de pasearse entre el inmenso patrimonio de esta galería le ata. El director reconoce que si se tuviera que ir lo haría “con un nudo en la garganta”. “Tendría la tentación si encontrase un trabajo que me diese la misma satisfacción”, explica, y es que 30 años escalando peldaños en los pasillos de los Uffizi son difíciles de olvidar. Casi tanto como el follón de las calles de Florencia, llenas de unos turistas ansiosos por ver un patrimonio que alimenta a un país que no alimenta a su patrimonio. “Un hijo no deja que la herencia de su padre se pierda, sino que intenta garantizarla para la posteridad y revalorizarla”. Dos deberes muy complicados a vista de los ejemplos.

El tiempo se detuvo en Pompeya hace casi 2.000 años (beggs vía Flickr)

Un contorno poco apetecible

Aunque la tragedia principal, como señalan Natali y Manna, es la pérdida de la memoria del país, existe un problema secundario: la pérdida de turistas. El turismo en Italia supone un 10% del PIB y da empleo a más de dos millones de personas, pero en lugar de pensar en crecer, se piensa en cómo evitar perder lo que ya se tiene. El italiano medio se mueve en estos temas con su habitual indignación seguida de un “qué se le va a hacer…”. “Se vive de las rentas. Tenemos un gran patrimonio, pero hemos sido superado por otros países con menos”, explican unos italianos. “Parece que los que dirigen la imagen de Italia son aquellos italianos que no quieres encontrarte como turistas en el extranjero”.

Roma convive la pérdida de pujanza de la marca Coliseo y el deterioro de sus ruinas con precios prohibitivos y con turistas regateando sablazos, desde el hostelero avispado hasta el avispado centurión dispuesto a sacarse un sueldo con fotos junto a turistas. En este contexto, el Gobierno Monti trabaja en solucionar los males señalados en un reciente estudio: promociones ineficaces, malas conexiones de transporte o promociones turísticas sin encanto. El turista de la Ciudad Eterna se debate entre la comprensión y la decepción. “Tiene que ser difícil mantener todos esos monumentos, pero sí es verdad que decepciona ver paredes desconchadas o ennegrecidas”, explica un visitante español en Roma que se queja de “la caza del turista”. Esta caza no sólo se da con los extranjeros, ya que una italiana comenta cómo reservó con varios meses de antelación en un albergue de la capital y que al llegar la querían cobrar más. La explicación fue sencilla: “No esperábamos que hubiese habido tanto turismo esta semana”.

Sergio Rizzi y Gian Antonio Stella, periodistas de Il Corriere della Sera autores de Vandali, un libro sobre el maltrato patrimonial italiano, indicaban en televisión un ejemplo que ilustra la promoción turística en Italia. En la página web de turismo italiano, había un vídeo del cantante Albano vendiendo las bondades de la dieta mediterránea a turistas foráneos… una pena que hablase en italiano.

 

 

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Carlos Camino

A Carlos Camino nunca le gustó estar quieto, lo que le ha llevado a buscarse la vida en Niza, París, Milán y Leganés. Ahora vive en Turín, donde disfruta con el café y sufre con el 'Toro'. Ha juntado letras desde distintas partes para France Presse y para El Confidencial. Promete contarles con todo detalle quién era ese tal Lord Jones. @ccamino84

Comentarios (3)

  • chaviol

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    Muy cierto todo lo que dices. La caza del turista es una expresión que levanta ampollas; el abuso de los profesionales del sector sobre aquellos de los que viven es lamentable; la falta de cuidado de todo tipo de patrimonio cultural, entre otras cosas, hace que el turista esté cada vez más harto. Afortunadamente no todos los turistas son “coleccionistas de sitios”, pero a este ritmo vamos a terminar confundiendo ruinas con escombros y antiguo con viejo. En fin, esperemos que los responsables reaccionen a tiempo

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  • Leonor

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    Otro problema de Italia son las pésimas infraestructuras de transporte: en Roma solo hay dos líneas de metro, lo que obliga al turista despistado a estar cogiendo taxis en continuidad (con los consiguientes sablazos); para ir al sur (zona bellísima y repleta de maravillas, no solo la Campania sino también Calabria, una de las grandes desconocidas) o te metes en unas autovías infernales o vas en un tren que tarda horas y horas y en el que ¡ojo! te roban la maleta cuando paras en Nápoles. Una auténtica lástima.

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  • La caída del imperio cultural italiano

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