Convocatoria Premios Monóculo de Oro I

Escrito por Perro con Monóculo el . Posteado en Relatos

¿Te gusta escribir pero no tienes tiempo para desarrollar una novela? ¿Adoras la competición pero solo pensar en el chándal hace que te brote un sarpullido? Entonces te gustará nuestro concurso de microrrelatos… siempre y cuando accedas a obedecer las órdenes del peludo y arrogante maestro de ceremonias: Perro con Monóculo.

 

¡Bienvenidos, amigos de UNFOLLOW! Permitid que me presente, soy Perro con Monóculo y he venido a darle un poco de emoción a esta revista estática y nada participativa. Por ello he fundado los Premios Monóculo de Oro, el título literario con mejor nombre de España (¡os reto a contradecirme!).

Gracias a mis contactos con el mundo editorial he conseguido regalos que serán para los autores del microrrelato que mejor se ajuste a mis condiciones en cada edición. El premio de esta primera convocatoria es  el libro “Casa de muñecas” de Patricia Esteban, ilustrado por Sara Morante. El ejemplar estará firmado y es un regalo de la editorial Páginas de Espuma.

En cada edición habrá una palabra común en todos los relatos que participen. Es una palabra obligatoria, podéis utilizarla como elemento principal de la historia o meterla con calzador. Me es indiferente, siempre y cuando aparezca. La longitud es otra de las reglas más importantes, si queréis leer textos largos podéis entrar en la sección de reportajes, yo no tengo tiempo para leer novelas rusas, ¡aquí solo se admiten perlas breves!

Las normas del concurso son:

  1. La palabra ‘ESPEJO’ debe aparecer en el microrrelato.
  2. La longitud del microrrelato no debe sobrepasar los 1.000 caracteres.
  3. El plazo para escribir historias finaliza el  30 de noviembre.
  4. Los cuentos se escribirán en los comentarios de esta entrada o en los comentarios de este post de mi blog.
  5. La persona que deje el comentario debe ser autor del cuento que participa (¡obviamente!)
  6. El jurado es unipersonal, insobornable y con un pelaje blanco de exquisito brillo: yo.
  7. El premio al mejor microrrelato con la palabra espejo consiste en el libro “Casa de muñecas” de Patricia Esteban, ilustrado por Sara Morante.

Para vuestra tranquilidad os informo de que yo no participaré. ¡Mucha suerte a todos!

 

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Perro con Monóculo

Aquellos malpensados que vean en mi monóculo aspiraciones de grandeza han de saber que soy miope de un solo ojo. Vivo en una humilde mansión y me gusta proponer retos literarios http://perroconmonoculo.com/

Comentarios (86)

    • Iñigo Montoya

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      A ver, con la palabra “espejo”… Espejito, espejito… ¡Mierda, no se me ocurre nada! Es que el jodido perro del monóculo y el sombrerito de copa me pone muy nervioso.

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  • Tengo mi propio banner « Perro con Monóculo

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    [...] Amigos, me alegra saber que el olor del regalo estimula vuestros cerebros. ¡Nueve participaciones en estos momentos! Quiero informaros de que ya tengo mi banner oficial y de que los premios Monóculo de Oro han sido lanzado en la revista UNFOLLOW. A partir de ahora se puede participar en los comentarios de la entrada de mi blog y también en los comentarios de la entrada de la revista. [...]

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  • masclaroagua

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    Hoy me he levantado animado. Solo al mirarme en el espejo he descubierto que era un dibujo…

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  • Gadi

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    Se miraba fijamente al espejo y, de improviso, lo rompió. ¡Basta ya de estereotipos! Desde entonces su vida cambió.

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  • Amotinado

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    Y el espejo se lo tragó.

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  • Santiago Eximeno

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    Al otro lado

    Mi hermana gemela cruzó al otro lado del espejo y desde entonces vive allí, atrapada para siempre. Me cuesta muchísimo maquillarme.

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  • Isaac Pachon (@ipachon24)

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    Aquel mediodía de martes, al igual que los ya lentamente pasados domingo y lunes, Manuel Cifuentes Pena se dirigió arrastrando sus zapatillas hacia la nevera y agarró una botella de vino. La dejó sobre la mesa, se sentó y cortó un trozo de queso, al que acompañó con un pedazo de pan duro. Echó la vista atrás y con movimiento lento cogió y colocó aquella antigualla de espejo enfrente de él, observó con resignación su propio reflejo, y entre bocado y bocado llenó torpemente el vaso de vino. No tenía hambre, era el tercer día que comía solo.

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  • Dorotea y Teodora

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    Dorotea y Teodora eran perfectas en su exacta simetría. Ni siquiera el médico pudo decir cuál de las dos nació primero. Al parecer, ambas sacaron un pie justo al mismo tiempo. Sus propios padres no eran capaces de diferenciarlas; por eso siempre se referían a las dos a la vez. Tal era la similitud que comenzaron a desarrollar una especie de conciencia compartida. No tenían claro cuál de las dos era cada una. A los quince tuvieron un novio llamado Miguel, pero nunca les quedó claro si había sido novio de las dos o solo de una de ellas. (Miguel era un chico con suerte). En ocasiones las asaltaba un terror irracional a tocarse, por temor a unirse en un único cuerpo siamés. Las inquietaba la forma en que sus movimientos parecían acompasarse. Llegaron a plantearse la hipótesis de que una de las dos hubiera salido del espejo. Era insoportable. Así pues, como era de esperar, se les ocurrió asesinar a la otra. Tuvieron la idea la misma noche. Fue un penoso y largo forcejeo. Finalmente, una de ellas salió victoriosa, libre para ser quien era. Por desgracia, nunca supo si ella era Dorotea o Teodora, de modo que vivió infeliz el resto de sus días, sintiéndose incompleta.

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  • Sam Mendes

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    Un par de ojos tambaleaban unos milímetros por fuera de sus órbitas, como si intentasen clavar literalmente la mirada en el interlocutor. Simultáneamente, unos centímetros más abajo se movía una boca con velocidad y fiereza, bramando disparatadas sentencias que a veces se parecían mucho a lúcidos razonamientos.

    “¿Qué? ¿Acaso tenemos por qué aguantar esto? Sabes que el mundo está hecho para los que ganan, no para los que ganan con justicia. Te han jodido bien tío, te la han metido por el culo hasta que te han dejado sin tripas y tú estás aquí con la boca abierta por si alguien necesita otro agujero. Tienes que rebelarte y ganar a los que nos han hecho esto. Písalos. Písalos como te pisaron ellos a ti.”

    Tras un par de parpadeos los ojos dejaron de engañarse y aceptaron que su interlocutor estaba frente a un espejo. Tras él, un puente transitado por vehículos con prisa. En el suelo, personas amontonadas, tapadas con mugrientas mantas sobre incómodos cartones.

    La boca empezó a sentirse seca y tuvo que cerrarse por las bajas esperanzas de volver a estar húmeda en poco tiempo.

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  • Gedeón

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    Estaba tan acostumbrada a ella que tardó en enterarse de su ausencia. Había echado raíces en su rutina como la mala hierba, hasta llegar a convertirse en una constante cuya presencia no se atrevía siquiera a cuestionar.
    Aquella mañana se despertó con una extraña sensación de tranquilidad navegando por sus venas. Ella ya no estaba allí. Sin un adiós, sin una nota pegada a la puerta del frigorífico, sin un beso de carmín estampado con prisa en el espejo del baño.
    Ahí había gato encerrado, pensó, y su sospecha fue intensificándose a medida que avanzó la jornada. Para el final de la tarde había conseguido dedicarse a sí misma una sonrisa, sentida y sincera. Nada que ver con esas estúpidas muecas que a duras penas esbozaba por la calle cada vez que se topaba con alguien. No, ésta era diferente…

    Ella seguía sin dar señales de vida, pero eso ya no importaba.

    No sabía cuánto tardaría en volver, pero intentaría retrasar su visita.

    Ella tenía las llaves de su alma, pero la próxima vez echaría el cerrojo para que tardase más en entrar.

    Ella, la tristeza, se había ido. Y eso era lo importante.

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  • Kain_083

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    Su reflejo salió del espejo tan rápidamente que apenas lo vio venir. Tan solo tuvo tiempo de pensar que todo habría sido diferente si hubiera visto las señales,antes de estrellarse contra si mismo y estallar en pedazos

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  • JM

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    Mucha gente me miraba, no sabían quién era pero decían que era mi turno, mi gran oportunidad para triunfar. Algunos preparaban el escenario, otros preparaban la iluminación, otros gritaban mi nombre desde lo lejos, e incluso vi a uno llevarle un café a un señor sentado en una silla.

    Me situaron unos tipos en el lugar exacto donde debía estar, me pusieron un pijama hortera y me maquillaron exquisitamente con unas profundas e inquietantes ojeras, se apartaron rápidamente, estaba yo solo ante el espejo y una cuenta atrás se pone en marcha… 3, 2, 1.

    Entonces apareció bostezando, mientras yo imitaba sus movimientos a la perfección. Abrió el grifo, yo también. Acumuló agua en sus manos, yo también. Se echó el agua a la cara, yo también. Se secó la cara, yo también. Se fue y abandoné la escena. Aplausos y cumplidos me llevaron a la fama, una vida de lujo para un reflejo.

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  • Carlos

    |

    Cada mañana me encuentro en el espejo al hombre que maté hace años. Soy incapaz de soportar su mirada. Me recuerda que no tengo alma, que estoy castrado para amar y que quienes dicen respetarme o quererme lo hacen obligados por mi maldad. Entonces corro hacia mi despacho en la cima de la ciudad y torturo o despido a unos cuantos como él para olvidarle. Jamás sucede, porque cada mañana reaparece y me recuerda quién soy y quién fui. También, que mi gran suerte es que en el infierno no conocen la palabra espejo.

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  • masclaroagua

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    Después de leer “El retrato de Dorian Gray”, mandó instalar un elegante marco en el espejo de su cuarto de baño. Pensaba que, así, se aseguraría la vida eterna. Murió a las pocas horas, tras resbalar en la bañera. El cristal del espejo estaba empañado.

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  • masclaroagua

    |

    Besó sus labios y no sintió nada… Los volvió a besar… Nada… Separó su cara del espejo y, mirándose a los ojos, pensó: “¿Será que ya no me quiero?”…

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  • Laura

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    “De pájaros y espejos”

    Los pájaros tienen miedo de su reflejo.
    Por eso los hortelanos cuelgan cedés brillantes en las ramas.
    A veces somos como pájaros
    y huimos de los espejos.

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  • kikefonsek

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    La estupidez humana no conoce limites, penso Patricia mirandose al espejo. al precer su jefe quiso sobrepasarse con ella en una cena de empresa, encima el estupido.de su novio le salta con la pregunta cariño define sobrepasarse? Gilipollas murmura desmaquillandose

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  • Antonio

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    Se levantó cerca de las tres de la tarde como de costumbre, agotado, y se dirigió a la cocina. Los turnos de noche me están matando, tengo que cambiar de curro. También de desayuno, pero despertándome a la hora de la siesta no es plan cargar las pilas con fruta y una tostada. Donde habré puesto esa maldita lata “¡Aquí está!” Fabada Litoral… el desayuno de los campeones.

    Puso el contenido de la lata en un plato y encendió la tele mientras se dirigía al microondas. El Parte, a ver que mentiras nos cuenta el timodiario. Pero que matao estás hoy. Desilusionado, como ayer. ¿Le pegas a la botella? Esos surcos debajo de los pómulos son difíciles de ignorar.
    Sonó el timbre anunciando que ya estaba caliente la comida, y se sentó a la mesa. Y tu maja, menos harta de la vida que tu colega y aún con ganas de pelear, pero qué desilusión ¿eh?, no te veías tu ahí bla bla bla, dale que te pego, leyendo en el teleprompt tanta tontería sobe lo de siempre y los de siempre. Esos párpados y esas cejas aún desafiantes,¿cuanto te durará el arreón de esperanza? Y dale con el blablá
    “¡Maricón y no lo sabes!” exclamó. Presidente, sabía que algo escondías y tu cara te ha delatado. Es el espejo del alma.

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  • kikefonsek

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    La estupidez humana no conoce limites, penso Patricia mirandose al espejo. al parecer su jefe quiso sobrepasarse con ella en una cena de empresa, encima el estupido.de su novio le salta con la pregunta cariño define sobrepasarse? Gilipollas,murmura ella desmaquillandose frente a su imagen. Lo mismo sobarme las tetas es su forma de agradecerme los desvelos, no te jode, exclama girandose, obsevando el cadaver de su , ahora ex, tendido sobre un charco de sangre.

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  • Jesús V. S.

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    Cuando la vio reflejada en el espejo, con el vestido de dama de honor que iba a llevar en su boda, se dio cuenta de que su elección había sido la equivocada.

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  • Carme Morgendorffer

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    ¡NARANJAS! Naranjas de zumo, naranjas de mesa. ¿Qué coño? ¡PUTAS NARANJAS! ¿Qué les pasa a las putas naranjas? ¿Por qué las de mesa están rellenas de huesos de mierda y las de zumo valen cinco putos euros más caras que las otras? ¿Por qué todas saben a culo? ¿Quién está detrás del espejo? ¿Quién está jugando con nuestras vidas?

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  • Alberto de la Hera

    |

    Y aunque no te lo creas, casi me meo en el espejo.

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  • Anaís

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    Es hora de acabar con la absurda creencia de que los vampiros no se reflejan en el espejo. Ignoro de dónde surgió semejante idea, pero déjenme que les aclare una cosa: el único que no se refleja en el espejo es Dios. O sea, yo. Y se lo digo sin una pizca de orgullo, pues comprenderán los inconvenientes que esta peculiaridad mía conlleva. He conocido a algunos teólogos que la consideran una virtud celestial, ya que evita que malgaste mi valioso tiempo en brazos de la soberbia. El Papa Pío X aseguró, sin embargo, que era una mera consecuencia del sometimiento de la Santísima Trinidad a las leyes de la física. Pero mi madre, que, como todas las madres, cree que soy Único, dice que, si yo no me reflejo en los espejos, será que los espejos están mal hechos. Y entenderán que lo que una madre dice, va a misa. Pero entonces, díganme, ¿a quién puedo exigir yo responsabilidades por esto? Hagan el favor de inventar de una vez un espejo como dios manda. Y verán la de conflictos que nos ahorramos.

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  • lauram

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    ¡No me mires así!, el último que lo hizo acabo hecho pedazos. Sólo tú conoces mi verdad y a mi persona; cuando me miro en ti, soy yo, no lo niego, no puedo ocultarme de mi misma. Sin embargo… ¡ándate con ojo!… porque no habrá espejo que me delate cuando quiera engañarme.

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  • DiegoE.

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    Érase una vez un país donde recurrir una multa de cien euros costaba doscientos. Donde el buey y la mula, expulsados un buen día del Portal de Belén, pudieron comprarse el permiso de residencia por 160.000 euros llevándose, de regalo, un piso. Donde su ministra de Trabajo, sin ruborizarse ante el espejo, certificaba que la reforma laboral está manteniendo muchos puestos de trabajo. Y todo ello sin la necesidad de resucitar a Berlanga.

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  • juanra

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    El último hombre del planeta se miró orgulloso al espejo con la sangre del penúltimo hombre aún fresca en las manos

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  • Beatriz

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    Cuando la encontró escribiendo al revés en el espejo, supo que había llegado la hora de ingresarla en el psiquiátrico.

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  • Beatriz

    |

    Disolvió las ideas en un vaso de agua y las bebió de un sólo trago. Cuando despertó al día siguiente, se miró al espejo, satisfecho. Veía el proyecto con toda claridad.

    Responder

  • Beatriz

    |

    Cuando vió la nota dejada en la nevera, supo que el despertar sería de un oscuro amanecer. Aun así, su mirada en el espejo aclaró el día.

    Responder

  • Beatriz

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    El vaho en el espejo, indica mi grado de evaporación.

    Responder

  • Beatriz

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    La última vez que me miré en el espejo, estaba vivo.

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  • Beatriz

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    Desde aquel eclipse donde tuvo que ocultarse para sobrevivir, la vida al otro lado del espejo le resultaba más emocionante.

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  • Luis

    |

    Pasaron las horas y el perro con monóculo seguía frente al espejo.

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  • Rober

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    El hombre en el espejo comenzó a reirse mientras él se encañonaba la sien. Disparó. El hombre en el espejo siguió riéndose.

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  • Antonio Mas

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    Aguantaría lo que hiciera falta. A sus 28 años, estaba dispuesta a soportar todos los sufrimientos necesarios con tal de eliminar aquellos kilos que le sobraban. Ya había eliminado de su dieta el pan, los fritos (con lo que le gustaban a ella las croquetas de su madre), el chocolate… ¡Ay, el chocolate! En su nevera aún quedaba una tableta entera, en la que se veía con letras grandes y brillantes: “VALOR”, precisamente lo que a ella le estaba faltando…

    “No”, gritó, cerrando, una vez más, la puerta de la nevera. Como cada noche, repitiendo un ritual tantas veces ensayado, se desnudó frente al espejo. Pero todo seguía igual: con sus 35 kilos, aún estaba gorda…

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  • DavidCG

    |

    Lo había visto en el espejo hacía 47 segundos, pero la escopeta no se dejaba cargar. Una suerte de resbalones, media vuelta y un disparo en el ojo derecho. Respiración. Segundo disparo, esta vez en el izquierdo. Margot ya no se reía, como antes, de mí.

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  • Sergio

    |

    Ernestina era una anciana muy pizpireta. Un día partió de casa a buscar setas. Al volver se percató de que había perdido las gafas. Anduvo el camino de nuevo, los rastrojos… Todo.. y regresó por el mismo camino sin éxito. Cuando llegó a casa entró al baño y allí estaban: el espejo le devolvió su imagen. Y la muerte detrás. Cayó a peso mierda.

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  • Luis Amézaga

    |

    Existieron hombres a quienes nunca les pesaron los pies, sus pasos no se clavaron en la tierra, el espejo no clavó sus sombras. Parecían flotar mientras los demás se arrastraban. Eran hombres libres con principios y coraje para defenderlos, por encima de coyunturas o ternuras. Ya no quedan. Nos hemos escudado en el nihilismo para esconder nuestra cobardía, y así asegurar nuestra biografía, aunque sea sin honor. Y sé que estas palabras ya no conmueven. Sólo las piedras reconocen al espejo que las nombra.

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  • texy cruz

    |

    ESTOY AQUI. De repente mis ojos pesaban. Era imposible abrirlos. El resto de mis sentidos se desarrollaron para percibir mi infierno. Sentí mi cuerpo atado a aquella fría cama. Escuchaba la conversión, hablaban de la cena que tendrían esa noche, yo no podía despegar ni los labios. Un dolor inmenso en mi vientre me distrajo, sentía la aguja penetrar mi cuerpo una y otra vez. Cocían mientras el dolor me hacía agonizar. Luchaba por desatarme en la oscuridad y frialdad del momento. Mientras seguían su día olvidaban que estaba consciente. El abrir y cerrar de puertas, aquella música que en vez de relajar desquiciaba, esas conversiones ajenas a mi circunstancia, ese olor a formol que entraba por mi nariz para dificultar la respiración. Todo era eterno, terminé rendida ante la impotencia de moverme. De repente un calor inmenso iluminaba mi rostro, sentía tranquilidad pero tenía más ganas de postrarme y decir que estaba allí. El instinto me hacía seguir la luz, nada dolía, la angustia desapareció, fue el último recuerdo de mi vida. Ahora veo muchos pasar por la misma situación en aquel quirófano infernal, que me atrapó hasta poder llevar conmigo al que me hizo esto…
    Miro el espejo y veo que Llegan aterrados y rezan pidiendo despertar. Sus caras se descomponen al cruzar el corredor, como si fueran camino al patíbulo. Miran las luces para divisar el final.
    La desnudez de sus cuerpos los hace más indefensos. Tiemblan, ignoran que ponen sus vidas en manos de ese cirujano que vive más pegado a la botella que al bisturí.

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  • irene

    |

    Era incapaz de mirarse en los espejos, por eso había ido rompiéndolos poco a poco, la vejez no debería existir, lo siguiente serían los álbumes de fotos y al final seguramente ella misma.

    Responder

  • Pakki

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    La luz parpadeante de la farola se reflejaba en el espejo impidiéndole poder adentrarse en sus sueños. Dio vueltas y más vueltas, incluso alrededor de la cama, hasta que se percató de que su propósito era inútil. Así, el monstruo decidió abandonar la habitación dándose cuenta de que la niña se había convertido en una valiente mujer.

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  • Ana

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    Se le escapó de las manos como un maldito rebelde. Una vez más se burlaba de todos. En el suelo, hecho añicos, yacía triunfante. Con la autodestrucción del último espejo se extinguían para siempre todos los reflejos del mundo. ¡Qué mala suerte!

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  • Fátima Jiménez

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    DOS REINAS

    La reina de las brujas habita en el interior de los espejos. Siempre que me miro en ellos, su voz me susurra al oído: “Eres fea, estás gorda, no mereces la pena”. Por eso me deshice de todos los espejos que tenía en casa. Ahora, cuando quiero peinarme, me miro en las aguas danzarinas del río, donde mora la reina de las hadas. “Eres preciosa”, me dice ella, “eres preciosa, amor”.

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  • Jesús

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    No soporto esa mirada de ojos dolidos. Odio como sus pupilas penetran en mi como agujas afiladas, removiendo en mi interior, hiriendo mi coraza irrompible y desangrando mi alma en recuerdos y sueños rotos. Como si me conociera, como si leyera mis pensamientos como un libro y los comprendiera, sintiendo una falsa lástima y juzgando mis actos como si realmente pudiese hacerlo mejor; reescribiendo mis recuerdos con mejores palabras, con mejores actos. Juzgándome.
    Odio que me juzguen, y odio aun más la falsa lástima en unos ojos que creen conocerme. Cierro mi puño con fuerza, aprieto mis dientes y golpeo esos ojos con todas mis fuerzas y con la energía ilimitada de la ira. El espejo se agrieta y deforma mi reflejo ante el golpe, tiñendo su superficie con mi propia sangre.

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  • Eva

    |

    Tras un largo viaje divisó las primeras calles de los suburbios de la gran ciudad. Ya añoraba sus árboles. Cuando entró en el hostal, en compañía de su compadre comenzó a recordar los aires del campo. “sssssshhh” le dijo su compañero de viaje, “no hables alto que ahí hay un hombre escuchando”. Miré en la dirección que señalaba pero sólo vi su reflejo en un espejo.

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  • Isnarathot

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    Liberar al mundo de espacios imaginados, equívocos, solo útiles para el desarrollo de una supuesta sabiduría interior, se convirtió en su obsesión. La motivó la falta de confianza que le inspiraba todo lo que su contemplación ofrecía, intuyendo dobles intenciones hasta en el detalle más nimio.

    Esa necesidad tuvo una nefasta influencia en su aspecto; sus ojos se le tornaron saltones y permanentemente enrojecidos, a causa sin duda de su pertinaz y paranoica observancia de estos elementos. Sus manos se constriñeron en garfios temblorosos que no dejaba de frotar entre sí, provocando un sonido que a su delirio le sonaba himno precursor de su obligada victoria sobre ellos. Su cabello encanecía a la misma velocidad que ponía en práctica la que consideraba su tarea vital: Despejar.

    La añorada meta no se presentó hasta el día en que le encontraron, entregado a su deber con admirable abnegación. Le sorprendió su recompensa. Una habitación mullida, acolchada, aunque, eso sí, desprovista de espejo.

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  • Ernesto Sierra

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    Se quitó la corbata, la camisa y los zapatos de trescientos euros. Se quedó desnudo, tras pelearse con las perneras del pantalón de lino. Nunca llevaba calzoncillos. Se fumó un cigarro, mientras se miraba al enorme espejo de cuerpo entero.
    Necesitaba afeitarse, tenía un aspecto de terrorista derrotado. Se bebió la jarra de agua. Y empezó a defecar en el suelo, sin dejar de contemplarse. Le encantaba las muecas que ponía.

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  • texy cruz

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    ME LLAMABA

      Estaba muy furiosa; debía entrar de cualquier forma. Saqué fortaleza y entré. Los recuerdos me invadieron y la emoción me consternó. De mis entrañas tomé valor ante cada paso hasta llegar a aquel cuarto, a aquel espejo. Sucumbí ante el recuerdo de ese traje que durante muchos años me esclavizó. La rabia se transformaba en valor mientras me adentraba, me carcomía un sentimiento de impotencia y al mismo tiempo alivio.   La cuerda aún colgaba marcando el final de mi condena. Parada frente a ella lloré…
      El silencio cortaba mi respiración, como si él estuviera allí. De pronto sentí su tacto helado e hiriente en mi hombro, me giré y allí le volví a ver….
      Como alma en pena vagaba por su sombría casa esperando mi regreso. Su rostro era horripilante y nauseabundo. Me miraba y comenzó a agradecer que acudiera a su llamada, que no podía partir sin mi perdón. Le miré con frialdad porque ni miedo me daba su fantasma. Aún me repugnaba su presencia como antaño, caminé a por mi destino, recogí mi cofre. Contenía mis pocas pertenecías y mi mayor tesoro. Con pasos firmes me dirigí a la salida y de nuevo se mostró frente a mí. Seguí de frente sin mirar el espejo, dejándole en su letargo olvidado mientras marchaba con mi mayor tesoro, mi libertad…

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  • Maribel García

    |

    La última noche

    Quedaban pocas horas para que la vida de Isabella se apagase. Esta mujer de cabello ondulado y curvas sinuosas, había preparado su última noche en solitario.

    Las zapatillas de encaje de Valentino precedieron a unos hermosos tacones negros de igualmente origen italiano. Un vestido de palabra de honor en gasa negra vestiría su cuerpo. Lentamente, sin prisa alguna, se fue poniendo el collar de perlas que le regaló su malogrado marido, ausente desde aquel accidente de avioneta.

    Cuando ya estuvo ataviada, se miró un instante en el espejo del tocador mientras se ponía un pasador en el cabello. Cuando se vio reflejada, sus ojos se dilataron mientras recordaba las palabras desoladoras de su médico.

    Se dirigió a la estantería por su libro favorito, La Divina Comedia de Dante. Se tumbó en el diván y acarició a su gato yusuf mientras susurraba con pocas fuerzas:

    -Aquí me encontrarán cuando vengan mañana las chicas del servicio, ¿Cuidarás de mí mientras tanto, verdad mi gatito?-

    Responder

  • jarch

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    Desde entonces vivía obsesionado con saber que había tras del espejo, rompiendo con ilusión todos los que pudo para únicamente encontrar cristales rotos, nitrato de plata y vacío. Se sintió engañado y humillado después de todos los castigos y cachetadas que le habían impuesto, pese a sufrirlos con estoicismo, al principio intentando justificarse y luego en completo silencio.
    Tras un centenar de derrotas, el niño desistió de su desmedida y titánica búsqueda, sabedor de la inutilidad de la misma. Por eso aquella mañana, muchos años después del último día en que decidió dejar de buscar, mientras se afeitaba, la alegría brilló en su rostro cuando una voz le habló desde detrás del espejo. Y él siguió esa voz y desapareció.

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  • Laura B.

    |

    Un perro blanco con monóculo se miró al espejo. Dijo:”Guau”.
    El espejo no le contestó.

    Responder

  • NATALIA PORCEL

    |

    ALGUNAS VECES DORA INTENTABA SER OTRA PERSONA. PASABA LARGAS HORAS FRENTE AL ESPEJO, IMAGINANDO QUE DEL OTRO LADO HABIA UN MUNDO DIFERENTE. UN DIA ACARICIÓ SU REFLEJO Y UNA FUERTE CORRIENTE RECORRIÓ SUS VENAS. SE SINTIÓ ENCERRADA EN ESA IMAGEN.
    DESDE ENTONCES, JAMAS VOLVIO A SER ELLA…

    Responder

  • Ernesto

    |

    El pequeño Compsognathus había dejado a todos boquiabiertos. Todo el equipo observaba sin dar crédito tras los cristales ahumados. En el laboratorio subterráneo a las afueras de Niza, la historia daba vuelcos cada día. Aquella mañana, el diminuto monsieur Eluchans, sosteniéndose con su cola alargada, se había reconocido en el espejo. Intentaba rascarse la tintura roja pintada bajo la mandíbula. El profesor Girardon alardeaba de su éxito en la extracción de proteínas de aquellos fósiles y su posterior clonación. El doctor LeBrun destacaba la proximidad inteligente del dinosaurio con la del primate superior, delfín, elefante o urraca. El adjunto Ambrose Cecereu sin embargo estaba temblando. “Dios mío -pensaba-, Darwin quería decir la involución de las especies”.

    Responder

  • Marc

    |

    Un rumor en las tripas

    No resulta difícil imaginar a Santos mientras se agarra el paquete con la mano derecha, la que luce oro radiante y una cicatriz como una cesárea. Quién diría que esa cesárea no escupió, en algún momento, un monstruo que se llevó consigo el malaje de Santos. El mismo que se transformaba con el carrusel de luces ardiendo en sus pupilas, cortesía del espejo que colgaba, frente a él, sobre una alcayata flácida.
    Santos enganchó medio porro que aguardaba en el cenicero desde la noche anterior. El polen rubio recorrió su gaznate, inundó sus pulmones, subió al cerebro y encendió sus ojos, que avivaron ascuas cuando el sol mordió la pinza roja que recogía con gracia el pelo de Carmela. Su Carmela. Un pelo rizado y negro, con mechones rebeldes que recorrían su nuca como una enredadera.
    El carrusel de luces contra el espejo encendió los ojos de Santos. El Sol sabía como hacer que se agarrase el paquete y que el malaje de sus ojos se enderezara con picaresca castiza.

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  • Ángeles Mora

    |

    La verdad está ahí fuera

    Salió a buscarla. Lo intentó con todas sus fuerzas.
    Derrotado, no tuvo otro consuelo que volver a entrar y enfrentarse a aquella mentira que le miraba desde el espejo.

    Responder

  • Sonia HL

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    La estación estaba repleta de gente que caminaba con prisa de un lado a otro. Sabía que este momento llegaría tarde o temprano, pero no esperaba tener que enfrentarme a él así.

    Me mira, y otra vez esa sonrisa cálida aflora a sus labios. Quizá sea la última vez que lo haga. ¿Volveremos a vernos? Así lo ha prometido y sé que es un hombre de palabra, como también sé que esta vez será diferente.
    Nuestros labios se unen a sabiendas que debe pasar mucho tiempo hasta que vuelvan a encontrarse, o quizá nunca lo hagan.
    Él sube al tren y me dedica una última sonrisa desde la ventana, pero yo únicamente puedo ver el reflejo, como si de un espejo se tratara, de nuestros cuerpos en el cristal.
    Te voy a echar tanto de menos…

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  • Blanca Mu.

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    Cada vez que paso por ese espejo hago por no mirarme pero nunca lo consigo. Siempre doy dos pasos y medio atrás, giro lentamente, observo un segundo lo que hay tras de mí y luego me contemplo y si aún no estoy sonriendo lo intento, pero si ni así me convence doy media vuelta y me voy. Aunque dejando la llave sin echar por si regreso algún día por mi sonrisa blanquecina de esa juventud maravillosa. Esa que llaman tesoro y que tantas emociones nos hace pasar. Porque un día te das cuenta de que el tiempo no pasa en balde, y donde antes veías una tez tersa, hoy solo quedan arrugas de la vida, una vida bailada al son del tiempo. Y es que todo el mundo se hace mayor y tan solo consiste en dejar que avance el reloj sin dejar que se escapen los segundos, observando como se mueven las manecillas del mismo y como se oscurece su cristal con el paso de los años. Hoy cumplo 72 años, visto un traje de chaqueta verde oscuro, llevo el pelo recogido y los mismos pendientes que llevaba el día que me prometí. Hoy es el espejo el que me sonríe a mí.

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  • Cristina

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    Ingrid ha quedado a las seis con su grupo de amigos para dar una vuelta en bici por la ciudad. Está inquieta porque también irá Iván, su medio novio desde hace muy poco tiempo, y del que está locamente enamorada desde el primer año de carrera. Iván es dos años mayor que ella, pero no se termina de decidir a tener una relación firme, cree que es muy joven para dedicarse ya a una sola chica.

    Este tema trae de cabeza a Ingrid, porque ella, muy al contrario, se desvive con ese amor. Por eso se maquilla un poco para estar siempre perfecta para él. Pero hoy, que no se note apenas que se ha untado polvos en la cara, claro, porque en teoría van a hacer deporte con las bicis. Porque, ¿qué clase de chica se maquilla para ir a pedalear en chándal?

    Frente al espejo del baño, Ingrid coge el lápiz negro y se perfila el ojo izquierdo, y después el derecho. Se mira, satisfecha con el resultado, y sonríe levemente. Se peina los rizos de su pelo largo y negro con las manos un poco mojadas con agua y espuma. La casa guarda un silencio sepulcral, pero de repente, Ingrid escucha una voz extraña, como si viniese desde dentro de su cabeza:

    <>.

    Ingrid piensa que se está volviendo loca, que todo es una mala jugada de sus nervios por ver a Iván. Intenta calmarse y asegurarse a sí misma que es una alucinación, cuando a sus oídos vuelve a escuchar la voz que ahora parece salir del espejo de aquel cuarto de baño:

    <>.

    -¿Qué más, espejito, qué más me tienes que contar?- dijo para sí, incrédula, con ironía, aunque también complacida y llena de orgullo. Creía que estaba paranoica, pero para su asombro, la voz continuó, diciendo:

    <>.

    Entonces Ingrid, desconcertada, vio cómo unas manos imaginarias, las más bellas y perfectas que nunca había visto ni imaginado, apuntaban hacia ella diciendo:

    - Ven, querida, ven hacia mí sin pensarlo un momento más, porque juntos traspasaremos las barreras de lo humano y lo sobrehumano-.
    Sintió un deseo irrefrenable de adentrarse en la dimensión desconocida, detrás de ese espejo que la llamaba sin parar.

    Finalmente sucumbió a la tentación y se adentró para siempre en el limbo perpetuo del que nunca ya podría escapar. Pero cuando llegó a la dimensión que se ocultaba tras el espejo, encontró un mundo idéntico al suyo, exactamente igual, aunque sentía que no había nadie allí esperándola. El espíritu del espejo, que la había atraído e hipnotizado no apareció por ningún sitio, no la recibió como ella esperaba, ¡qué fastidio!

    Tremendamente confundida y decepcionada por ese amor que la había dejado plantada, bajó las escaleras de la casa, idéntica a la suya en su mundo real, y vio que en la puerta estaba su bicicleta apoyada en la farola, tal y como ella la había dejado. Se montó en la bici y pedaleó hasta casa de su amiga Rosa, con quien también había quedado para dar el paseo. Ya habría tiempo de vengarse de ese espejo maldito, que se había burlado de ella. Pero en el camino hacia la casa de Rosa no se cruzó a nadie por la calle, absolutamente a nadie, ni siquiera con un perro, y eso sí que era raro.

    Cuando llegó a casa de su amiga, llamó a la puerta pero nadie le abrió. Empezaba a sentirse mal, sola. Parecía que no hubiese nadie en el mundo, sólo ella. <> se decía a sí misma una y otra vez. De tanto pensar en la idea se le ocurrió que quizás había estado tan inmersa en sí misma últimamente que se había adentrado no en el mundo del espejo que le llamaba, sino en la soledad de su propio ego. Tanto había contemplado su belleza que se había enamorado de ella misma, y por eso no podía encontrar a nadie más, ni siquiera a Iván, a quien creía amar por encima de su propia vida.

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  • Chaviol

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    Miré al espejo con desconfianza. Por fin me atreví a hablarle, tras asegurarme que estaba solo.
    Dime, espejito mágico, y contesta solo en caso afirmativo ¿hay en éste mundo, alguien más guapo que yo?
    Aguardé ilusionado una respuesta inmediata.
    Como no llegaba, pensé que el espejo podía estar estropeado o que el brujo había salido a tomar café.
    Continué esperando durante varias horas.
    Viendo que no había respuesta, opté por marcharme.
    Seguramente estará de vacaciones, si no, no me lo explico.

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  • Belinda

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    No hay siestas que me separen de tus nadas. Podría pero no quiero, desvanecerme encima del espejo roto de tu entrecejo y comerme tus muchedumbres muertas. Voy a celebrarme.

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  • Dani Meralho

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    Este es el bueno:

    Estaba la bruja mala mirándose al espejo cuando recordó el porqué de su desdicha y su falta de sueño. Blancanieves. Aquella jovencita descocada que repartía besos y calentones por todo el reino, sin duda era el reclamo perfecto para los hombres a los que ella apenas conquistaba.
    – Espejito, espejito… ¿quién es la más guapa? – preguntó mientras se retocaba con gran tontería y se ajustaba las medias.
    – Tú no, mi asquerosa dueña. ¿Quién va a tener ganas de acostarse contigo con el careto que gastas?
    Pobre bruja infeliz. Sumida en el llanto acudió a su alcoba para lamentarse mientras planeaba un genocidio en masa.
    – Me las pagará esa niña insolente y petarda. ¡Que le corten la cabeza!
    En ese instante un hermoso y apuesto paje de formas rotundas bajo las mallas la increpó.
    – Disculpe alteza mía de 1.60. Es mi deber anunciarle que se ha equivocado de cuento. No es usted la Reina de Corazones sino la Bruja Fea que nunca se arrima a la cocina nada más que para hacer tarta de manzana.

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  • Ana

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    El hombre entra al baño. Cierra la puerta. Se mira al espejo. Está sudando y tiene la cara congestionada. Abre el grifo. Se enjabona las manos y se las frota minuciosamente, deteniéndose en las uñas. Levanta el rostro y por un momento se ve en el espejo. La imagen al otro lado retrocede aterrorizada, sus fauces descarnadas se abren en un grito y se cubre con las manos viscosas y putrefactas los globos oculares desorbitados. El miedo paraliza al hombre, y cuando por fin se atreve a volver a mirar entreabriendo sus dedos temblorosos el espejo refleja el aspecto con el que está familiarizado. Mientras los latidos se le van normalizando, se fija con indiferencia en un minúsculo resto de sangre coagulada que le ha quedado bajo una uña. Ya tranquilo se seca las manos, se enjuga el sudor con la toalla y se da la vuelta. Aún le queda mucho por hacer. Al otro lado de la puerta, en el dormitorio, lo reclama el sollozo, todo dolor y pánico, del niño.

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  • Noelia

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    Las hadas me susurraban cada noche ,su intromisión se veía reflejada en el espejo colonial de mi habitación;nunca entendí el porqué de sus llamadas…

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  • Mikau

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    Un ruido en la oscuridad de la noche despierta a un hombre en su cama, temblando y sudoroso. Durante unos instantes duda si el sonido era del sueño o de la vigilia y de nuevo este le vuelve a sorprender, al otro lado de su solitario hogar. El hombre se levanta, dubitativo, y camina silenciosamente por el oscuro pasillo, siguiendo el sonido que cada vez se hace más fuerte e insistente.
    Al llegar a la sala de estar respira tranquilo, pues el sonido no es más que el silbido del viento, y se dispone a volver a su confortable lecho cuando siente un movimiento a un lado. La tranquilidad se disipa y queda paralizado por el miedo. No obstante, logra reunir fuerzas para girar el cuello y mirar la fuente del movimiento. Y allí encuentra a un hombre asustado al otro lado del espejo. Es su reflejo. Se ha asustado de su propio reflejo. Sonríe por su torpeza y levanta una mano ante el espejo. Su reflejo no imita el movimiento.

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  • Rosy

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    Camino entre ellas, custodiada cual presa hacia el aeropuerto. Cuando la azafata coge mi mano, veo sus togas alejarse impávidas. Rememoro las máximas que me han ordenado. Vacío a rajatabla la extraña comida de mi bandeja.
    Cuando llego a mi destino, mi reloj marca las diez. Con calcetines blancos, chaqueta y falda azul, espero. Pasada media hora asoma mi impaciencia. Las once menos cuarto, ¡Se ha olvidado de mi! o quizá ¿Un accidente con el coche?
    La azafata, en un académico español intenta calmarme.
    ¡Las once y media! mi angustia se dispara ¡Las doce menos cuarto!
    De pronto por el inagotable pasillo,
    “¡Mamá, pensé que ya no venías!” Mi cara es el espejo de la desolación.
    “¿Cariño, porqué dices eso? ¡Aquí estoy a la hora convenida, acaba de llegar tu avión!
    “No, mamá hace dos horas que he llegado, le enseño mi reloj, son las doce”
    “No cariño, enseñándome el suyo, ahora son las diez”
    Aquél verano, descubriría también, que entre los países hay más diferencias que las horarias.

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  • javier

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    Hacía un frío insoportable. El cazador sentía como si alguien arañase cada uno de sus huesos con un cristal lacerante, lenta y violentamente. Apenas había dormido tras varios días de persecución y el sueño lo sumía en un estado de irrealidad narcotizada. Los dedos, entumecidos, difícilmente soportaban el peso de la escopeta mientras continuaba agazapado, aguardando un sonido, una señal que revelase la posición de la presa. La tensión de la espera potenciaba sus sentidos. Escuchaba con detalle entre las costuras del silencio ensordecedor. El lobero era paciente y experimentado, pero también ambicioso, por lo que no abandonaría su objetivo. La fiera era inteligente, esquiva e impiadosa, digna del esfuerzo ímprobo y agotador del perseguidor. Como decía su padre, el cazador se parece al cazado, no es más que un espejo en el que se mira y persigue, intentando matar lo peor de si mismo, acabando con la podredumbre de nuestra soledad, de la soledad del cazador.

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  • Rocío

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    ¡Sal de ahí, te lo tengo dicho!, le gritó Alicia desde el espejo…

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  • Cronopio

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    Ombligo reflejado
    Había descubierto mil y una maneras de mirarse el ombligo. Aún recordaba extasiado cuando, siendo todavía un chaval, se lo vio por vez primera en un espejo. Dos ombligos por el precio de uno, pensó. En el súmmum del placer multiplicatorio de los espejos llego a visitar discotecas y otras salas con decoraciones caleidoscópicas, en las que clandestinamente se levantaba la camisa para gozar del milagroso efecto visual. Desde entonces, había incorporado muevas visiones y perspectivas y, la más reciente, la del ombligo apenas entrevisto, oculto bajo una incipiente barriguita si se le mira desde arriba de modo natural, le seguía causando perplejidad y preocupación ¿Llegaría algún día a no poder verlo sin recurrir al espejo? Un día pidió a su pareja que le describiera cómo lo veía ella. No pudo soportar la respuesta.

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    • javier

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      Muy buen final.

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  • Champi

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    Sus ojitos, como dos pequeños espejos, brillaban en la oscuridad. Los ruidos de la noche, lluviosa y fría, se oían tras la ventana, mientras que la luz del corredor iluminaba débilmente la habitación.
    El invierno estaba en su momento más crudo, sin embargo, dentro de la casa la temperatura era agradable y cálida. Pero, aún sabiéndose segura en su cama, las manitas de la niña se agarraban fuertemente a la sábana, esperando ansiosa, entre una mezcla de impaciencia y miedo, el comienzo del cuento.
    Solían ser narraciones cortas y embarulladas, fruto, las más de las veces, de la improvisación, que en noches como aquellas, tenían como protagonistas a seres mitad reales y mitad ficticios.
    Cuando finalmente el cuento terminaba, la pequeña, después de dar las buenas noches, se hacia un ovillo y con los brazos rodeando la almohada y los ojos ya vencidos, atendía la llamada del sueño, que aguardaba desde hacía rato su momento.

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  • Nando

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    Estaba sentado en la camilla del vestuario. Las manos le ardían aún dentro de los guantes y al mismo tiempo apenas podía sentir la nuca bajo el peso de la bolsa de hielo que le había colocado “El Chato”. Los golpes todavía le retumbaban en la cabeza. Pero se susurró a sí mismo que merecía la pena.

    Levantó la mirada, y en el espejo quebrado en su diagonal vio su rostro des-esculpido a fuerza de cuero y de noche. Pero siguió pensando que merecía la pena.

    El lunes de madrugada, cuando los gritos, los flashes y la megafonía se hubiesen esfumado, iría otra vez a descargar camiones al “merca”. Le gustaba pensar que era un buen entrenamiento y por eso merecía la pena.

    Lo tuvo claro cuando alquiló por primera vez “Rocky IV” en el viejo videoclub, pero quizá también habría merecido la pena ver “Fat City”.

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  • Bea Pe

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    Al menos ante el espejo habrá alguien que simpatice conmigo.

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  • Marco V.

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    En el puticlub no había ni un solo espejo. Las chicas preferían la imagen que reflejaban sus clientes. La imagen que de ellas veían aquellos clientes que las adoraban. Los que estaban dispuestos a casarse con ellas y los que las convertían en sus confidentes y en su otra vida.

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  • Marco V.

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    Física del espejo. Ley fundamental:
    un espejo siempre te ofecerá tu propia imagen retorcidamente invertida.
    Demostración:
    si te fijas, los demás ven tu lado derecho a la izquierda cuando te miran, cuando están frente a ti, mientras en tu reflejo tú lo ves siempre a la derecha. Es decir, que nunca sabrás cómo te ven los demás.

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  • Superchango

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    Por mi puedes tirarte toda la tarde llamando. Hasta que te sangren los nudillos. Puedes hacer eso tan dramático ya sabes, eso de que tiemblan los cimientos y se rompe el espejo. Me importa una mierda que fuera haga frío y los vendavales y nuestro futuro juntos y patatín y patatán.
    He dicho que no abro y no pienso hacerlo.
    He dicho que no abro, tira para casa, vete es inútil.
    No pienso dejarte pasar última y estúpida oportunidad.

    Responder

  • Gonzalo

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    (Perdonad, rectifiqué un pequeño error)

    El énfasis entre calzar tus viejas zapatillas de estar en casa y ponerme delante del espejo, es otro, en la mañana de una primera cita. Pelo de latón pido yo para el invierno, en el omiso caso de mantener una estética. Pero volvamos a una situación especial: la del chico iluso. Ahí. Ensimismado, y con una falsa risita raíz de su consciencia que intentaba poner orden entre un manojo de nervios y dudas.

    - Otra vez no, otra vez no…

    Eran ya muchas conversaciones, para ahora, sin querer –cree él-, estar dubitativo. Quería pensar que ella tendría la misma expresión, esperando ‘a la perdida en el móvil’ del ya estoy aquí. Ni siquiera el cuello de la camisa parece ayudarme a decidirlo; y cada vez más, apresurado, cavilaba hasta el extremo de no asistir. Y así fue como volví a la misa de almohada entre incoherencias. A intentar comprender que el amor son impulsos sin origen. Qué sepamos.

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  • Patricia

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    “Solo sé que con la crisis cualquier trabajo es bueno. Y aquel pintaba muy bien: “Se necesitan modelos de espejo sin experiencia.”, decía un anuncio en el periódico. Hice el casting y me dieron el empleo. Durante ocho días hábiles, realice todo tipo de acciones y gestos delante de aquel cristal reflejante de más dos metros de alto. Desde lavarme los dientes, quitarme las lagañas, bostezar, despertar los gestos…Y como última tarea, por la noche, masturbarme de cuerpo entero.
    Al término del contrato me pagaron con una inyección letal y en una ambulancia se llevaron, entre algodones y hielo, el espejo con mi reflejo robado hacia un hospital de trasplantes.”

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  • Beatriz

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    Todas las mañanas realiza el mismo ritual. Se pinta los labios, los pega en el cristal, estampa un sonoro beso al espejo y sonríe. Después se restriega la boca con papel higiénico y se vuelve a meter en la cama. Llora hasta que se vuelve a quedar dormida.
    El espejo está teñido de rojo. De un tono rojo delirio. Esa es mi abuela.

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  • Beatriz

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    Para captar su atención, enfocó el espejito de bolsillo en dirección al sol. El reflejo cegó por un instante los ojos de su maestro. Cuando recuperó la vista, se acercó hasta su pupitre y pisoteó el ingenuo espejo hasta hacerlo trizas. Desde esa misma tarde, ya no quiso verse con su profe favorito al salir de clase, en aquel oscuro callejón.

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  • HombreRevenido

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    Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, no sintió nada diferente que la agonía típica del oficinista. Algo aliviado fue al baño. Allí desplegó su panoplia de posturas cómicas mientras se afeitaba, única manera de sobrellevar dignamente la existencia; sobre todo los martes.

    Pronto notó que algo le ocurría. Empezaron los destellos, las chiribitas. Luego su imagen comenzó a difuminarse. Se tocó la cara. Estaba helada. Se le empañaron los ojos de vaho.

    Aquello era el colmo, lo que le faltaba. Pero aun así sucedió. Esa mañana Gregorio Samsa no se reflejó en el espejo. Bien al contrario, fue el espejo quien se reflejó en Gregorio Samsa.

    No os creáis, niños, que aquello fue tan horrible como parece. Con el tiempo, el hombre espejo terminó cayéndole bien a todo el mundo.

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  • KLAUS

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    espejo⎪ojepse

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  • Marco V.

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    Vivo mi séptimo año de mala suerte. He de romper otro espejo si pretendo continuar con esta racha inigualable, y hacer así bueno el título de mi única novela: “Cien años de mala suerte”.

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  • Oskar

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    Se ha estropeado el espejo. No funciona, no va. Lo vi en el catálogo de regalos de mi banco y me lo quedé a cambio de no sé cuántos puntos acumulados, pero me ha durado muy poco. Seguro que no tiene garantía. Tampoco estaba incluida la instalación, así que yo mismo lo colgué. Tal vez hice alguna cosa mal, aunque he revisado el montaje y todo parece estar en su sitio. He buscado la documentación del producto, y no la encuentro por ningún lado. A lo mejor, como no lo pagué, venía sin instrucciones. Finalmente he llamado al banco para reclamar, pero allí no saben nada de mi espejo ni de ningún otro. He contactado con el fabricante y he explicado mi problema a cinco personas muy amables; la última de ellas me ha dicho que mi caso es insólito: ¿Seguro que no quiere decir “roto”, caballero? No, no, mi espejo no se ha roto; se ha estropeado, ha dejado de funcionar: verá usted, señorita, me pongo delante, serio, y me devuelve una sonrisa de imbécil en la que, francamente, no me reconozco.

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