Adolfo Valor

Diario íntimo de Luis XVI

Escrito por Adolfo Valor el . Posteado en Columnas

Soy un apasionado de la Revolución Francesa. Desde que la estudié en el colegio leo todo lo que cae en mis manos sobre el tema. Encuentro especialmente fascinante la figura de Luis XVI, durante años considerado un hombre mediocre arrastrado por la fuerza de la Historia. A esta imagen no ayudó su propio diario, fuente de información para la mayoría de biógrafos. Sin embargo, recientemente se encontró un segundo diario, un diario íntimo, que nos revela a un hombre fascinante. Procedo a transcribir sólo algunos párrafos, con la esperanza de que la Historia pueda resarcir algún día la figura del último gran rey de Francia.

16 de mayo, 1770

Amanecí lleno de energía, por lo que pedí a mi fiel ayuda de cámara Jean Pierre que me lavara, vistiera y peinara de forma enérgica. Tras un frugal desayuno a base de café y tres croissants rellenos de cabrito, partimos a cazar al bosque que linda con Versalles. Abatí dos perdices y un conejo. El conejo resultó ser un pie de Jean Pierre, por lo que la vuelta se hizo más lenta. A medio camino, devoré las dos perdices para evitar un desfallecimiento. Jean Pierre alabó mi apetito y suplicó seguir avanzando antes de que se extendiera la hemorragia. Es un buen hombre.

Resto del día tranquilo. Bueno, también me han casado con una mujer. No he retenido el nombre, creo que es austriaca.

 

20 de mayo, 1770

Madame la Delfina ha resultado ser una esposa fascinante. Habla constantemente de consumar el matrimonio, aunque no sé a qué se refiere. Por la noche llego al dormitorio para mostrarle mis piezas de caza y ella apenas finge interés. Se ofrece a masajearme con afeites y almizcles, pero reconozco que me cuesta dejar que otra mujer vea mi anatomía. Accedo a ser untado con el camisón puesto. El resultado es insatisfactorio: ella sigue menesterosa y yo no gano para el tinte. Pido consejos de alcoba a mi leal Jean Pierre, pero  desde que anda con muletas sólo gruñe incoherencias. Le quiero como a un hermano.

 

14 de enero, 1772

Madame la Delfina parece inquieta. Se queja de que, tras casi dos años de matrimonio, apenas la haya tocado. Yo le digo que las cosas de palacio van despacio. Ella me llama maricón. Ah, la bonheur des jeunes amoureux! Anoche sugirió que, a falta de mejores recursos amatorios, le proporcionara placer oral, así que le regalé un frasco de licor del polo.

El viejo Jean Pierre lee mucho más desde que le amputaron la pierna. Siente predilección por lo que él llama autores “ilustrados” y grita por los pasillos que los Borbones moriremos ahogados en nuestra propia sangre. A veces tiene unas cosas…

 

10 de mayo, 1774

¡Aciago día! Estaba a punto de cazar el ciervo más grande de mi vida cuando fui llamado a palacio. Mi padre ha muerto y yo he ascendido al trono. A partir de ahora, soy rey de todos los franceses y prolongación de Dios en la Tierra. ¿Pero quién me devuelve mi ciervo, eh? Tras la coronación, numerosas felicitaciones. Entre el gentío, Jean Pierre me ha mirado y se ha pasado el pulgar por el cuello. Qué razón tienes, fiel amigo, necesito un buen afeitado.

Pero no todos son malas noticias: la flamante reina ha dejado de atosigarme en el lecho. Ha mandado construir su propio palacio en Trianón, donde todas las noches organiza fiestas con sus amigas, amigos, monitor de aerobic y un enano traído del Senegal al que apodan El Renuente. Nunca he dormido mejor.

 

19 de marzo, 1778

Hoy el Gobierno se ha reunido para tratar el peliagudo tema de la sucesión. Los ministros han votado por mayoría encerrarme con la reina en el cuarto de la fregona y no abrir hasta que el asunto quedara resuelto. He intentado ejercer mi derecho a veto, pero ha sido del todo inútil. Tres minutos y diecisiete segundos después he salido a  rastras del cuarto. Espero que mi esfuerzo y la inestimable colaboración de El Renuente, presente durante toda la operación, logren zanjar de una vez por todas tan molesto tema. Así no hay quien cace.

 

20 de junio, 1789

¡Espléndido día! Cacé tres tordos, dos mirlos y un faisán. ¡Hasta Jean Pierre parecía pletórico! A mediodía se ausentó para reunirse con sus amigos de la Asamblea Nacional en la Sala de la Pelota. Juró que el final de los cerdos Borbones está cada vez más cerca. Qué puedo decir, es admirable que un hombre con una sola pierna pueda seguir jugando al frontón.

 

6 de octubre, 1789

Día cargado de sorpresas. Disponíame a comer un delicioso tatín preparado por el repostero real, cuando la chusma ha entrado en palacio, arrasando con todo. La reina me ha pedido que actuara con determinación y así lo he hecho. He preguntado a la plebe si querían un poco de tatín. Ellos han ensartado la cabeza del Ministro de Hacienda en una pica, así que he deducido que no querían. Por fin, entre la muchedumbre sedienta de sangre, un rostro amigo: Jean Pierre. Siento que últimamente hay problemas de comunicación entre ambos, porque yo le he pedido que disolviera a la masa y él ha entendido que debía subirse a la mesa, bajarse los culottes y hacer de vientre sobre mi tatín. La chusma ha jaleado a Jean Pierre y nos han llevado a rastras a las Tullerías. No hay noticias del repostero.

 

10 de diciembre, 1792

Para qué nos vamos a engañar, las cosas no pintan bien. El tribunal me ha declarado culpable y condenado a la pena capital. Al oír la sentencia, Jean Pierre ha iniciado una conga. Empiezo a sospechar que me guarda rencor  por algo. Imposible adivinar el qué, y menos en estos momentos. Hoy me han separado de mi familia para trasladarme a un torreón aislado del Temple. Desde el carromato he vislumbrado la figura de la Reina, asomada a su ventana: le he jurado amor eterno y ella me ha respondido con un gesto que podía ser tanto  un beso como un corte de mangas. Adieu, ma petite fleur!

 

21 de enero, 1793

El funesto día ha llegado. Ya oigo al verdugo afilar su hoja. Me queda el consuelo de haber obrado de acuerdo a la dignidad de mi cargo y la certeza de que nunca más un Borbón volverá a despertar el recelo de su pueblo. Abren la puerta, me traen la última cena. Pero quién puede ya probar bocado cuando hay tantos pensamientos por plasmar y tan poco tiem… Coño, menestra.

 

 

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Adolfo Valor

Adolfo Valor es guionista. Ha escrito pelis como Promoción Fantasma y programas como El Intermedio. Actualmente desarrolla proyectos secretos para Spectra.

Comentarios (1)

  • chaviol

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    Es verdad, qué poco valorada está la monarquía francesa. En particular, el tal dieciseis, con la dedicación absoluta que tuvo el hombre para su cargo, su país y su austríaca.
    Curioso y entretenido diario el que has escrito. Enhorabuena.

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