Colegios mayores: mucho más que hoteles y novatadas

Escrito por Mario Crespo el . Posteado en Reportajes

Es lunes. A las seis de la tarde sólo hay tres universitarios en la sala de estudio del colegio mayor: Marcelo vive en la habitación 435 y está inclinado sobre sus apuntes de Termodinámica I; Lucas acabará Derecho este curso, lleva cinco años en el centro y es el lateral izquierdo titular del equipo de fútbol y el alma de las fiestas colegiales es Iván, de cuarto, que apura una coca-cola a la luz del flexo. Son tres de los catorce mil setecientos estudiantes de distintas edades, carreras e intereses que viven en colegios mayores en nuestro país. En el verbo “vivir” se incluye, claro, comer y dormir, pero también aprender, aburrirse, hacer teatro, leer, tocar la batería, rezar, lavar la ropa o insultar a gritos al colegio vecino. Son centros muy distintos: los hay pequeños y masificados, los hay masculinos, femeninos y mixtos, los hay públicos y privados, laicos y religiosos, caros y menos caros, históricos y recién nacidos, más estrictos y más laxos. Pero todos ellos tienen en común la aspiración de constituir una institución esencialmente educativa: un ámbito para la formación personal y humanística que complemente la enseñanza académica.

¿Qué son los colegios mayores? La respuesta puede parecer obvia, pero se presta a equívocos. Según la árida definición legal, “son centros universitarios que, integrados en la Universidad, proporcionan residencia a los estudiantes y promueven su formación integral, al servicio de la comunidad universitaria y de la sociedad”. Frente a la idea extendida, no son residencias: mientras que éstas son centros de alojamiento, los colegios son instituciones educativas, con formación extracurricular y amplios espacios comunes. La ley exige su vinculación a una universidad concreta, pública o privada, cuyas normas internas regulan la relación entre las autoridades académicas y las de los colegios.

Fiesta en el Colegio Mayor Belagua de Pamplona en 1970. Autor desconocido, cedida por CMU Belagua.

En realidad, el colegio mayor es un endemismo español, una institución sin equivalencias absolutas en otras naciones. Su origen lejano está en la baja Edad Media, pero será en el Siglo de Oro cuando se conviertan en el eje central de la universidad en España. El fervor reformista de Carlos IV los suprimirá a finales del XVIII. Tras la Guerra Civil, las nuevas autoridades, tan amigas de tradiciones áureas, recuperaron los colegios como “órgano fundamental de la universidad que renace, donde se forja la personalidad íntegra del estudiante”, aunque sin competencias en materia de educación curricular. Resultó una cosa rara: comunicadores de formación no reglada, centros de cultura y escuelas vitales. Un híbrido entre el college inglés, la residencia francesa y la fraternidad norteamericana.

Los cuarenta y los cincuenta fueron tiempos de ensayos y titubeos. Lozano Irueste, en la revista Alférez, narraba uno de los equívocos de la época. “Aún recordamos el horror que nos produjo la lectura del Reglamento de un colegio mayor de provincias en el que se fijaba un horario que empezaba así: «Ocho de la mañana: Levantarse. Aseo. Santa Misa. Desayuno y lista. Salida para las clases.» Esta monstruosidad no tiene otra explicación sino la de que se había intentado llevar, sin modificarlo, un régimen de colegio secundario”.

Pronto los mayores se consolidaron y llegó su edad de oro: los cincuenta y los sesenta. En aquellos años fueron el centro de todo lo bueno y de todo lo malo que sucedió en la universidad española. Se convirtieron en focos de agitación ideológica de todos los extremos del espectro, pero también en laboratorios de experimentación cultural y de renovación creativa. Los anuarios de los colegios mayores de aquel tiempo son todo un quién es quién del poder social, político y económico de las últimas décadas, desde Adolfo Suárez hasta Pedro J. Ramírez. El azar hizo extraños compañeros de pasillo. Un ejemplo: Torcuato Fernández-Miranda, el arquitecto de la Transición, coincidió en el Cisneros con Blas Piñar, el procurador que más ardientemente se opuso a sus reformas en las Cortes. En los salones se sucedían los últimos recitales poéticos de Gerardo Diego y las primeras representaciones de Els Joglars. De aquella mezcla imperfecta pero estimulante surgieron muchos de los políticos, intelectuales, profesionales y artistas de nuestros días.

Desde entonces los mayores han educado a miles de españoles, aunque han perdido parte de su protagonismo público y no han logrado ser, como algunos pretendían, la espina dorsal del sistema universitario.

 

La lluvia fina de la convivencia

Todos los colegios mayores ofrecen un amplio abanico de actividades culturales, formativas, deportivas y solidarias. Un dato significativo: el curso pasado se desarrollaron en los mayores de Madrid unas 650 iniciativas de diversa índole. Por ejemplo, casi todos los colegios celebran ciclos anuales de conferencias o tertulias. El del CMU Alcalá de Madrid es uno de los más prestigiosos de España. A lo largo de cinco décadas han visitado su salón de actos políticos (José María Aznar o Mariano Rajoy, entre muchos otros), empresarios, periodistas, escritores o líderes sociales. También los idiomas tienen su protagonismo: los centros ofrecen cada vez con más frecuencia clubes de conversación o clases gratuitas. El caso del CMU Nuestra Señora de África es especial: debido a su vinculación con el continente negro y su vocación internacional, en sus aulas se han impartido clases de lenguas africanas (desde el bereber hasta el swahili) y asiáticas (chino, coreano, japonés o turco, entre otras). El teatro o la música son otros ingredientes que casi nunca faltan en la programación anual. En los años 70 nació uno de los más prestigiosos ciclos de jazz de nuestro país: el del CMU San Juan Evangelista, el Johnny, por el que han pasado muchas de las grandes figuras nacionales e internacionales. Y podríamos prolongar indefinidamente la lista de ejemplos, pues cada centro tiene sus disciplinas emblemáticas, más o menos originales.

En general, la planificación y el desarrollo de estas actividades corre a cargo de los propios colegiales, agrupados en sociedades, comisiones o departamentos (cada institución guarda celosamente sus nombres y sus tradiciones), con un grado mayor o menor de intervención de las autoridades. Cada una de ellas está encargada de coordinar un ámbito concreto: conferencias, deportes, teatro, música, biblioteca, informática, cine, actividades religiosas, etc. En algunos casos, estas delegaciones son elegidas a comienzo de curso por los propios residentes en asamblea. De hecho, Adán Carrizo, director del San Bartolomé de Salamanca, el más antiguo de España (fue fundado en 1401), cree que “el rasgo más destacado de los colegios mayores, y lo que los diferencia esencialmente de las residencias, es la participación de los colegiales en órganos de representación y gestión”. En todo caso, lejos de la uniformidad, en cada centro la voluntad de la dirección y el legado de los años conforman modos distintos y originales de gobierno y de vida comunitaria.

Pero la verdadera riqueza de un colegio mayor, según la mayoría de los consultados, no puede cifrarse en una actividad concreta, sino en la lluvia fina que la convivencia humana ejerce sobre el carácter. La propia mezcolanza de procedencias y de pareceres es en sí misma una herramienta educativa para la formación de la inteligencia social y de sólidos valores humanos, como la amistad, la cooperación o el liderazgo. Con esta idea coincide Ricardo Calleja, director del Moncloa de Madrid. Para él, “lo más importante no son las actividades formativas, sino la atmósfera, las relaciones informales, la convivencia”. A diario, esa convivencia suele comenzar con el desayuno en el comedor, salvo para los dormilones crónicos. La mañana es tiempo de clases o de bibliotecas. A eso de las siete, mientras el equipo de baloncesto practica los triples, es probable que haya un coloquio en el salón de actos: según Eugenio d’Ors, a esas horas “o das la conferencia o te la dan”. La cena suele ser bulliciosa y propensa a las tertulias. Sobre las diez llega la efervescencia: uno puede decantarse por un ensayo de teatro, un club de lectura o una sesión del aula de astronomía, excepto en época de exámenes, cuando la vida social experimenta una comprensible hibernación. Y luego, al margen del orden cotidiano, están las fiestas, claro: la primera en octubre, la cena de Navidad, la fiesta de primavera, la del santo patrón, la clausura del curso y toda una constelación de citas que varían en función de las costumbres heredadas.

El deporte es una pieza clave de la vida en los colegios. Partido de baloncesto en el CMU Gelmírez de Santiago hacia 1976. Vicente Santos.

Y es que el poso de los años ha creado en los colegios mayores un profundo sentido de continuidad. La vinculación con los viejos colegiales que han triunfado, la cercanía con las anécdotas de antaño y la pasión por los himnos, los escudos y los colores son rasgos compartidos por casi todas estas instituciones. Sin llegar a la pompa de los colleges británicos, muchos residentes se consideran herederos de un legado: conocen sus canciones, animan a sus equipos deportivos y apoyan al compañero, con razón o sin ella. Suele haber, en suma, una atmósfera de camaradería, sin perjuicio de que en los colegios existan, como en cualquier otro ámbito de convivencia, roces y desavenencias. Los reencuentros con viejos colegiales, aunque sean de generaciones distintas, son siempre una ocasión para la nostalgia. Algunos centros incluso intentan potenciar el intercambio generacional, convocando actividades que reúnen a viejos y nuevos alumnos y estableciendo iniciativas de diálogo y asesoramiento.

Pese a lo que pudiera pensarse, sólo un 1% de los universitarios de nuestro país vive en colegios. Según los datos del Consejo de Colegios Mayores, el tiempo medio de permanencia en los centros se acerca a los tres años, aunque existen notables oscilaciones. Alrededor de un 22% de los jóvenes finaliza su carrera como residente. Madrid es la ciudad española con mayor número de colegios y de plazas, y también con la media más alta de permanencia (más de tres cursos). Salamanca, Pamplona, Barcelona, Santiago, Sevilla o Granada son otros grandes enclaves colegiales.

En cuanto a la mezcla regional, en Madrid conviven, en porcentajes similares, estudiantes de todo el país. En otras ciudades se observa un cierto predominio autonómico (en Sevilla, por ejemplo, el 71% de los colegiales son andaluces). La apertura internacional comienza a reflejarse en la composición geográfica de los colegios, aunque de forma lenta.

 

¿Hoteles elitistas o fábrica de minorías creativas?

Cada otoño la escena se repite: periódicos y televisiones baten los campus buscando un reportaje impactante sobre las novatadas. En la mayoría, los protagonistas de la noticia son veteranos de colegios mayores. Más allá de algunas fantasías sensacionalistas, lo cierto es que el fenómeno, que tiene más de rito de paso que de broma, es real y preocupa a las autoridades académicas. Durante los últimos años se han endurecido las sanciones. Otros ponen el énfasis en las alternativas. Ricardo Calleja dice que “el comienzo de curso tiene que ser una época especial. Hay que romper el hielo, conocer el colegio y a los compañeros. Pero el recurso a las novatadas es absurdo”. Según muchos universitarios, el cambio debe hacerse de abajo arriba para ser efectivo, y debe ser una remodelación más que una prohibición tajante. Así piensan, por ejemplo, Julián y Beatriz, residentes de dos colegios madrileños, para quienes, frente a los excesos, debe haber un período formativo, un pasillo de entrada a la comunidad colegial, apunta Julián. “Hay que conocerse. Sin alguna actividad diferente que lo facilite, no existirían los colegios mayores”.

La separación por sexos es otro de los temas candentes. De los 38 colegios adscritos a la Universidad Complutense, 17 son mixtos (incluyendo la mayoría de los públicos) y 22 son diferenciados. Casi todos los universitarios de colegios masculinos o femeninos defienden el status quo. “En la facultad estamos rodeados de mujeres y en los colegios hay muchas actividades comunes”, dice Ernesto, colegial de cuarto año. “Pero un colegio debe ser masculino o femenino para poder tener un espíritu de hermandad, de camaradería. Eso no funciona en entornos mixtos. O, por lo menos, es algo muy diferente”. La separación no implica aislamiento: los alumnos de colegios masculinos y femeninos conviven en diversas actividades culturales (teatro, coros, conferencias…) y muchos otros ámbitos cotidianos. Sea como fuere, todos los directores consultados coinciden en la defensa de la libertad de elección y de la posibilidad de optar por uno u otro modelo.

Otra acusación arquetípica: los colegios mayores son clasistas. El tópico, abonado en parte por los precios elevados, el apego a las tradiciones y algunos intentos de imitar a la Ivy leage, los pinta como hoteles de lujo para universitarios pijos, con preocupaciones superficiales y gustos caros. Directores y colegiales lo niegan rotundamente. “Frente al elitismo, en sentido negativo, hablaría de minorías creativas: los colegios son ambientes socialmente muy abiertos. Al mismo tiempo, es evidente que los colegios mayores son caros (aunque no necesariamente más que una residencia) y eso supone una barrera de entrada económica. Para luchar contra ello, centros como el nuestro disponen de becas para premiar el mérito académico”, dice Calleja. Por su parte, Mikel Aramburu, director del CMU Biteri de Mondragón, apunta que “existe un gran número de colegios mayores de titularidad pública, normalmente subvencionados por la institución a la que pertenecen. En estos centros la adjudicación de plazas se realiza exclusivamente en función de las calificaciones obtenidas”. Otra faceta que parece desmentir las acusaciones de clasismo es la vocación solidaria de muchos colegios, cuyos residentes se comprometen en variadas actividades de voluntariado. Por ejemplo, el pasado mes de julio, varias colegialas del CMU Peñalba de Zaragoza viajaron a Costa de Marfil para participar en un campo de trabajo. Los jóvenes del Larraona de Pamplona se quedan más cerca: todos los meses visitan el centro penitenciario para compartir con los internos una eucaristía, un rato de conversación y un partido de fútbol-sala.

Las relaciones con las autoridades académicas no siempre son fluidas y en ocasiones han sido un importante escollo. Muchos rectorados hacen lo posible por eclipsar los colegios mayores, quizás porque desconfían de su independencia organizativa, o acaso porque los ven como intrusos frente a su monopolio de la vida universitaria. Calleja sostiene que “los colegios mayores no se pueden entender desde la mentalidad burocrática que predomina en la universidad española. A veces son objeto de manipulaciones al servicio de los intereses de los equipos rectorales. Por eso es muy importante que tengan autonomía”. En último término, las relaciones concretas dependen de la voluntad y el interés de las autoridades. Carlos Berzosa, anterior rector de la Complutense, se distinguió por su acerba hostilidad hacia los colegios, lo que le costó más de un sofoco público. En cambio, en Pamplona o en Salamanca -el rector de la USAL es antiguo colegial- la relación es más fructífera.

 

Repensando la universidad

En los años 70 se hablaba en la prensa de la “muerte sigilosa de los colegios mayores”. Según explica Mikel Aramburu, en aquellos días, de forma desafortunada, “se asoció la institución a ciertos ámbitos de poder relacionados con la dictadura”. Lo cierto es que, pese al desdén de las leyes educativas y de muchas autoridades académicas, han sobrevivido y siguen gozando de una aparente buena salud, a juzgar por las solicitudes de admisión. Hoy afrontan grandes desafíos en cuanto a su identidad y a su posición en el organigrama universitario. Los cambios sociológicos han alterado muchas de sus tradiciones más emblemáticas y han convertido en imposible, si es que existió alguna vez, la tentación de convertir a los colegios en burbujas o invernaderos intelectuales al margen de las transformaciones de la sociedad.

En cualquier caso, la redefinición progresiva de los colegios mayores no es una hipótesis, sino un hecho. A mediados del siglo XX, las universidades en España no pasaban de la quincena. Hoy son casi ochenta y algunas de ellas poseen instalaciones en varias ciudades. En consecuencia, los colegios son cada vez menos necesarios como simple alojamiento, pues buena parte de los españoles puede estudiar en su ciudad de origen. Pese a ello, los mayores ofrecen un jugoso valor añadido al estudiante en forma de educación integral y apertura de miras.

Sala de estudio del Colegio Mayor Goimendi en 1968. El centro está celebrando su 50 aniversario.

La vía de impartir clases reconocidas con créditos universitarios (lecturas, idiomas, enseñanzas humanísticas…) parece uno de los caminos más lógicos para afrontar los cambios. En algunos casos, esa formación se recoge en currículos formativos y se premia con títulos específicos. Otra herramienta en ascenso son las tutorías personales. El fomento de las relaciones con antiguos colegiales también está siendo explorado por muchos centros. Un claro ejemplo es el CM Moncloa, que ha implantado una pionera Red de Asesores Profesionales, punto de encuentro entre antiguos residentes con influencia en el mundo laboral y estudiantes de últimos cursos que necesitan consejo.

Por otra parte, la progresiva apertura internacional de la universidad en España representa un reto para los mayores. Las características del “fenómeno Erasmus”, marcado por la brevedad (normalmente un curso, o menos) y por la tendencia a relacionarse exclusivamente con otros alumnos extranjeros, dificultan su absorción por los colegios, que se basan en la formación lenta y en el sentido de lo colectivo. Para abrirse al mundo, como cuenta Adán Carrizo, muchos centros promueven actividades de intercambio cultural, formación lingüística y viajes. Es el caso del cincuentenario colegio Lestonnac de Barcelona, que celebra anualmente una Feria de las Culturas con actividades representativas de diversos ámbitos geográficos.

En realidad, según Aramburu, la creación del Espacio Europeo de Educación Superior ha significado un espaldarazo al modelo formativo que han propugnado los colegios mayores desde su fundación. “La formación extracurricular cultural y científica, el multilingüismo, la adquisición de competencias transversales, la incorporación de los universitarios al mercado laboral… son aspectos en los que el EEES está incidiendo de forma notable y en los que los colegios mayores universitarios han sido pioneros desde hace muchísimo tiempo”.

Para los directores y residentes consultados, la adaptación a estos nuevos retos no tendría por qué implicar una pérdida de identidad. De hecho, según muchos, el carácter propio y el sentimiento de vinculación con otras generaciones son el corazón mismo de la institución de los colegios. Y una conversación con viejos veteranos, los que conocieron los tiempos de las películas de arte y ensayo en el salón de actos, los conciertos de cantautores combativos y los guateques junto a la piscina, muestra que la esencia de la vida universitaria no ha cambiado tanto como podría parecer a primera vista.

La crisis económica puede servir de excusa para repensar la universidad española y para devolver a los colegios su papel esencial en el proceso educativo, quizás como penúltima barrera frente a la hiperespecialización de los estudios superiores. Porque los colegios mayores no son residencias, ni hoteles, ni burbujas. Y no deberían resignarse a ser ninguna de esas cosas.

 

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Mario Crespo

Mario Crespo (León, 1987) es licenciado en Derecho y escritor. Ha coordinado el libro de relatos El hilo invisible (Editorial Vita Brevis) y colabora habitualmente con diversas revistas culturales.

Comentarios (48)

  • julio estalella

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    Seis años en Ayete (sin duda el mejor colegio mayor del mundo). de lo mejor que me ha pasado en mi vida. Recibí y encontré mucho.. sigo viéndome con mis amigos de entonce y hace 20 años (22) que me fuí.

    Te ha faltado hablar del Cimez de Cisneros y de su placa, recientemente retirada

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  • A. B. C.

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    Un año en Ayete (sin duda el mejor colegio mayor del mundo).

    Mario, para la próxima, apúntatelo.

    Gracias por el artículo.

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  • Pablo

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    Muchos años en el CM Ayete, donde terminé de madurar, conviví con geniales y normales y aprendí de todos. Maravilloso!!!
    Gracias por el artículo, me ha encantado.

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  • Mario Crespo

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    Gracias a los tres por vuestras palabras y por compartir vuestras experiencias en Ayete. La grandeza de los colegios es que todos son “el mejor colegio mayor del mundo” para sus residentes.

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  • Un Paulino

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    Buen artículo, con una síntesis interesante de lo que es este maravilloso mundo de los mayores, incomprensible para muchos que no lo han vivido. Soy colegial del CMU San Pablo, el mejor Mayor de Occidente.

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  • Jorge Panera

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    Llevo 5 años en el Belagua, grandes años que han hecho de mi lo que soy. Me está dejando un surco muy hondo. Siempre he tratado de contribuir y retomar antiguas tradiciones del mayor porque son una parte muy importante de su identidad y son lo que favorecen en gran medida esa atmósfera/ambiente/buen rollo pero también. Y otro apunte más, para que siga creciendo y mejorando una institución como estas es importante que los colegiales hagan propio en CM y se sientan parte de ello.
    En este último año que me queda estoy haciendo una recopilación para dejar, como dicen más arriba, un legado a los próximos y sepan continuar desde donde los dejamos otros.

    Venga, a estudiar!

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  • matrix

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    Falta grave

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  • Luisfer

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    Genial el post, me ha gustado ;) Aunque lo de las fotos en blanco y negro queda muy estético quizá hace que los Colegios Mayores parezcan algo propio de la Dictadura, como escribes arriba. Tres años en Belagua llevo yo, y 35 más me quedaría. Lo de Movistar de que “La vida compartida es más” no es sólo una frase bonita. Un saludo!

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  • Jesús Vaquero

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    Hola Mario! Excelente artículo, totalmente de acuerdo. Yo he sido residente del C.M.Belagua durante 6 años y decano del mismo en mi último año. Ciertamente vivir en un colegio mayor es una gran experiencia que no ha podido disfrutar todo el mundo, desgraciadamente. No obstante, personalmente creo que es donde se siente realmente la vida universitaria. Sin ser docto en el tema, gracias al contacto personal con otros residentes, tertulias, sesiones, cursos, etc… todos hemos podido tener unas nociones de derecho, economía, arquitectura, teología, farmacia, medicina, y otras disciplinas como política, deportes, etc.
    Me siento muy afortunado por haber podido disfrutar de esta gran experiencia!
    Un saludo a todos!

    Por cierto, siento diferir, pero el mejor colegio mayor del mundo es Belagua Fase II.

    Responder

  • Carolina Larrea

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    Es lo mejor que hemos podido descubrir. Mi hija ha ido a estudiar a Pamplona desde Latinoamérica, ese submundo incomprensible para los españoles, y para nosotros el mandar a nuestra hija a la España donde una latina es ya consideradas pasajero de segunda, daba miedo. Pero el colegio mayor ha sido su casa y se ha llenado de amigas y amigos. Nos ha brindado la seguridad que como padres necesitábamos sin quitarle su libertad. Ella es feliz y nosotros también.

    Responder

  • yoh

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    Te has pasao de largo, Mario.

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  • Ramiro Ayuso

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    ¡Ni muerto volvería a un colegio mayor!
    Novatadas, clasismo, aislamiento, acoso y simplemente un negocio. Todo lo que prometen a priori no lo cunplen,,,
    Además la mayoria de los directores son, con la boca pequeña, conniventes con las novatadas que habrá a quien les guste pero basta que haya una persona que no quiera para que no tolerarlas.
    Quien las defiende defiende la violencia y la falta del respeto por la libertad ajena….
    Quien justifica las novatas de esots sirios utilizan el mismo discurso de los que hasta ahora cerraban los ojos con la violencia de género.
    De las peores experiencias de mi vida, sin dudarlo,
    Los padres que manden a sus hijos hoy en día o son unos incoscientes o ignorantes de lo que realmente ocurre en estos lugares,
    Consultad, sin ir más lejos, online, la prensa de estos días, la tele, radio etc.,
    Y abrid los ojos: este sistema de hospedaje universitario es obsoleto y totalmente prescindible tal como están actualmente planteados,
    Dejad de vivir en el pasado y sed objetivos sin la pátina de los recuerdos
    Yo directamente los cerraba
    Id a los aledaños de la ciudad universitaria estos días de principio de curso, coged el metro hasta metropolitano y hablad después sin teneis argumentos.
    Menos mal que ya hay un moviemiento importante para cerrar estos aracaismos que no tienen ya parangón en ninguna sociedad igualitaria.
    Una pena que sigan existiendo. Yo repito insto a que se cierren,

    Responder

    • Ramiro Bueno

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      Señor Ayuso, si usted pasó novatadas y tiene esa experiencia, una de dos: o fue hace mucho tiempo, o fue al colegio equivocado. El año pasado pasé mis novatadas en Madrid, ahí abajo de Metropolitano, donde dice usted. Hasta ahora el mes que mejor me lo he pasado en Madrid: conocí chicas, bebí lo que quise y algo más, me pusieron un mote ( y no tengo ningún complejo por él), y esos veteranos que me novatearon son mis amigos, con los quee espero seguir unido durante mucho tiempo.

      Responder

    • splitter

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      Señor Ayuso, decirle que una norma no escrita entre los veteranos al inicio de novatadas trata de preguntar a los novatos si quieren pasarlas o no. nadie está obligado a hacerlas, pero pasarlas hace que el novato conozca a TODOS los de su generación, con los que forma una piña que dura para el resto de sus vidas. Por ahí andará mi padre en casa llamando a viejos amigos del colegio. Siento que usted no tuviera la suerte de disfrutar al máximo de su estancia, ni siquiera de saborearla un “pelín”. Aún así, instar a que se cierren… un poco fuerte ,no? Si no le gusta algo, no lo quiere para nadie? Allá usted. Mientras, aquí estoy yo disfrutando de mi año de novato en el CM Mendel. Saludos.

      Responder

  • Adrián Martínez Riera

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    Señor Ramiro, es usted un acomplejado.

    Responder

  • Diego

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    Ramiro es de esos que vota a IU

    Responder

  • colegios mayores en barcelona

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    Unas reflexiones interesantes. Una de las ventajas de los colegios mayores o residencias de estudiantes es que cubren una serie de servicios que permiten dedicar más tiempo al estudio. Saludos.

    Responder

  • C.M.S.

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    El colegio mayor, algo que añoro tanto, tantas personas que he conocido tantas aventuras, para la infeliz gente que critica los colegios mayores: porfavor que se abstengan de ir los que no se relacionan con la gente. Para empollones empedernidos? absteneos, duraríais poco a no ser que os toque un colegio verdaderamente inusual e inexistente donde no existe el ruido o las fiestas o las risas. lo mas grande que me ha pasado el colegio mayor

    Responder

  • juan

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    Mucho Belagua pero no se menciona Larraona, sin duda el mejor CM de toda Navarra. Sin horarios. En Belagua a la 1 hay que estar ya en la cama, y eso en la Universidad echa para atrás…

    Responder

  • FERNANDO RIVERO

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    Genial post Mario.
    Yo mismo acudí a un CMU. Sin duda, una de mis mejores experiencias de mi vida. Describiría al Mayor como un pequeño grupo de individuos que interactúan entre sí en un ámbito intelectual y que gracias a un canal llamado convivencia, somos capaces de moldearnos como estudiantes y mas importante como personas.

    Una pena tener a individuos con tan poca falta de perspectiva como el señor Ayuso. Si usted no ha logrado convivir con sus compañeros será porque no ha sido capaz de comunicarse eficazmente. Evidente es el hecho que no ha conseguido llegar a buen puerto con su comportamiento.
    Larga vida a los Mayores!
    ¨No me preocupa la acción, si no la inacción¨W.Churchill.

    Responder

  • Ñ

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    En el colegio mayor, tus amigos son tu otra familia en una ciudad que está muy lejos de tu hogar. Las novatadas son una experiencia inolvidable que el 99% de los colegiales repetiría.
    Sin embargo, he de decir que las monjas son unas completas hipócritas, que actúan de manera egoísta y manejando el colegio como si fuera un negocio.
    Además, es innegable que reina un ambiente de ultraderecha, por lo menos en los colegios femeninos y masculinos.
    Más allá de eso, en el CMU vives mil experiencias increíbles, conoces a los que serán tus hermanos, y vives una vida totalmente estilo American Pie.

    Responder

  • La percha

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    LOYOLA MANDA!! VIVA LA PERCHA

    Responder

    • Chusmery orgullosa

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      La percha, la percha, la percha estaaaa en el armariooooo!!!

      Responder

  • Mario Crespo

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    Después de casi un año, este reportaje sigue generando nuevos comentarios. Es la prueba de que los colegios mayores siguen vivos, le pese a quien le pese. Gracias a todos por vuestras opiniones y experiencias.

    Responder

  • Anónimo

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    Señor Ramiro Ayuso, tengo un par de puntos que aclararle:
    1. La estancia en un colegio mayor requiere de habilidades sociales, las cuales demuestra no tener. Cuando se trata de una persona con tendencia a aislarse de los grupos, el resultado es la no integración en ellos. Esto pasa mas allá de los colegios mayores, en la vida real. En el momento que llegas a un colegio mayor, te das cuenta de que tienes a cientos de personas dispuestas a conocerte, a formar parte de tu vida, de tu día a día, de tu familia, e inevitablemente acaba siendo así. El sentimiento de unidad no se encuentra tan arraigado en ningún lugar como en un colegio mayor.
    2. En cuanto a las novatadas, muchas personas no hacen ni el esfuerzo de conocerlas desde dentro para luego poder opinar con cierto criterio. Desde mi experiencia le diré que una vez que las pasas, te das cuenta de que es la mejor experiencia de tu vida, que te permiten en sólo un mes conocer a todas las personas de tu colegio de forma divertida, te ayuda a hermanarte con todos aquellos que han llegado nuevos e igual de inseguros que tú y serán tu familia el resto del año. Te hacen conocerte medio Madrid (o la ciudad en la que estés) en una tarde, beberás y saldrás todo lo que quieras y conocerás más chicas de las que probablemente vayas a conocer el resto de tu vida. Eso sin decir que luego las personas que te han novateado se convertirán en amigos y apoyos tuyos imprescindibles.
    3. Aparte de todas estas ventajas sociales que ya he nombrado y que te brindan el colegio mayor, también encuentras la posibilidad de formarte culturalmente en innumerables aspectos, pero vaya eso ya lo habrás leído en el artículo.

    En conclusión, la vida de colegio mayor, con todo lo que conlleva, es sin dudarlo la mejor experiencia que puedes tener en tu vida. Te lo dice un andaluz que ha encontrado en Madrid su casa, y que en dos años se ha recorrido ya casi la mitad de la geografía española gracias a todos los hermanos que ha hecho.
    Sin más que decir,
    Siempre Adelante!

    Responder

  • Maria

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    Me ha Gustado el post. Una Pena que la mayoria de ejemplos que se han dado hayan sido de centros privados o religiosos. Pero aún con todo, como ex colegial, estoy de acuerdo con el post. Es una gran experiencia, que todo estudiante debería tener la oportunidad a vivir. Una crítica que si tengo hacia los colegios, o por lo menos por la experiencia que he tenido, CMU público, es Luque al menos en el que yo estuve, no había límites ningunos, al director lo único que le preocupaba era salir en la prensa, y cuando digo lo único, es porque de puertas para dentro, los colegios son un mundo a parte, me parecen genial las novatadas, las fiestas y demás, en las que yo participaba, pero he visto situaciones de verdadero hostigamiento a estudiantes que si se relacionaban y si participaban en el mundo colegial, con denuncias de por medio, y conocimiento de director y subdirectores, incluso traspasaba la s redes sociales, y las mismas cuentas oficiales de dicho colegio y de los subdirectores promovían que la situación continuase. He estado varios años, y en todos los años ocurrieron cosas así. El director solo venía a las comidas cuando venía el rector o vicerrector, que muchos años ni pasaba por aquí, y teníamos que aguantar que viniera el director a comer y a cenar con gente que no sabíamos quien era, mientras escurría el bulto de los verdaderos problemas. Es un hecho, y estas personas siguen impunes, todo quedo en una gracia, pero todos lo recuerdan, y las personas que lo sufrieron no lo olvidan. No escribo nombres, aunque se merecerían que lo hiciera. Resumen: es un buen sitio, pero hay que elegir entre seguir a una mayoría liderada por matones sin sentido, o tener tus propias ideas, afrontandoles y quizás ser objetó de sus burlas por pasar de ellos. Pensarlo. Es en otros colegios así? O sólo en el mío gracias al hijo de p…del director?.

    Responder

  • PCB

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    Estudio en la ciudad donde vivo y sin duda una de las cosas que más envidio de los amigos que han ido a estudiar fuera es que ellos han podido experimentar y experimentan lo que es vivir en un mayor. Todo lo que cuentan me da envidia, puede que algunas cosas sean mejores o peores, pero sin duda, es una experiencia única. Me encantaría poder experimentar esa convivencia.

    Responder

  • Luis Medina-Montoya

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    Pronto hará 30 años que llegué al CMU Ximénez de Cisneros, el Mayor decano de Madrid y mejor colegio del universo. En ese tiempo raro ha sido el curso que he fallado a alguna de las dos fiestas anuales. Los mejores años de mi vida, con diferencia.
    Lo de ser colegial es como lo de ser padre, que es imposible de explicar, hay que vivirlo!!
    Hoy precisamente he tenido una reunión laboral de cierto nivel cuyo origen ha sido el que dos personas compartiéramos convivencia en un mismo Colegio Mayor.
    Enhorabuena por el artículo que comparto en nuestro grupo de Facebook https://www.facebook.com/groups/cmucisneros/

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  • Raquel

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    Enhorabuena!! Un gran post!!! me ha encantado!!
    4 años en el Teresa, y la verdad que las barreras con las que nos hemos tenido que enfrentar en estos últimos años nos han obligado a muchos tener que abandonar las paredes de los CMU de la Complutense.
    Aunque es dificil de describir lo que se siente al ser colegial, esto se acerca bastante. =D

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  • Miguelón

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    Yo estuve casi 16 años en CMU Carmelo. Allá conocí a grandes personas, como Petriz, un joven con problemas alimenticios. VIVA EL CARMELO!

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  • Gavassy

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    Durante tres años vivi en el Santa Isabel de Zaragoza, sin pena ni gloria y sin relacionarme mas alla de las dos amigas que encontré en mi primer año. Aislada, como quien dice, por h o por b, marginadas por momentos. Tan mala debió ser esa experiencia que alargamos la estancia hasta los 7 años en dos de los casos y seis en el otro. Experiencias inolvidables, historias que solo imaginas si las has vivido y un sin fin de amigos, compañeros, conocidos y hermanos isabelinos que me llevo a las espaldas. Las novatadas las acepte y disfrute como nvata y las revivi año tras tras año hasta que las tuve que prohubir como subdirectora del colegio, pasando estas a ser unas jornadas de integracion divertidisimas! Y sino que le pregunten a los cientos de coronados como Capitan piz que salieron de todas ellas. El que ha pasado por un colegio mayor y no ha sabido encontrar su sitio, dudo que le sea facil encontrarlo en cualquier otra situacion.
    arriba el santa!

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  • LA percha

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    Yo llevo 3 años en el loyola de granada , La primera es que el mejor año de mi vida sin duda fue el de novato , lasegundos es que una residencia hace amigos , un colegio mayor hace hermanos .Quien no entieda esto logicamente no le aconsejo que vaya a un colegio mayor .

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  • ALBA MONTOYA

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    5 años en el Santa María del Buen Aire de Sevilla que han marcado un antes y un después en lo que soy. Gente que entra en tu vida para no salir jamás, experiencias inolvidables en cualquier rincón del colegio con las personas más dispares.
    Porque en septiembre no volvía al colegio, volvía a casa.

    http://chocandshops.blogspot.com.es/2012/05/los-artistas-del-alambre.html

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  • Bartolo

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    Permítame la corrección, el Colegio Mayor de San Bartolomé de Salamanca fue el primero que se fundó en España y sirvió de modelo para otros. Sin embargo este Colegio Mayor desapareció y tras años de idas y venidas fue refundado como Colegio en 2011. Por este motivo, y teniendo en cuenta que un Colegio es un Colegio mientras haya colegiales en él, podría decirse que este Colegio tiene las instalaciones más antiguas de España o que fue el primero, sin embargo, un Colegio Mayor con dos o tres años de vida no puede ser el más antiguo de España.

    Creo que si no me equivoco, el Real Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago de Granada, es el que más años lleva recibiendo colegiales, desde 1649 ininterrumpidamente.

    Con este comentario no pretendo desprestigiar ni poner a nadie por encima de nadie, es un simple dato que quizá el autor o los lectores desconocian.

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  • Torre Víboras.

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    La mejor época de mi vida y donde más he aprendido fue mi vida en el Loyola de Granada.

    Jamás tendré palabras suficientes para describir y agradecer mi paso por allí.

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  • antonio

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    Covarrubias colegio elegante, Covarrubias Colegio Mayor, Covarrubias siempre adelante, Covarrubias Covarrubias si señor!!!!

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  • Helena Justina

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    Como bien dices Mario, hay colegios femeninos y mixtos, pero leyendo el texto no parece tan evidente: no se menciona ni a una sola (antigua o no) colegiala, ni se cita ni un sólo colegio femenino, donde también jugábamos a baloncesto, organizábamos conferencias, fiestas, grupos de teatro, audiovisuales y demás. Las mujeres también existimos y disfrutamos de nuestros años colegiales!

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  • Víctor

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    Muy buen artículo, extenso y diciendo las cosas lo más claras posibles.
    Antiguo colegial del CMU Diego de Covarrubias.
    Nosotros vivimos el cambio de masculino a mixto, un cambio a peor en muchos aspectos, posiblemente de percepción personal pero que compartíamos la inmensa mayoría de los colegiales de colegios tanto femeninos como masculinos. Nos quitaron la opción de elegir y sobre todo, ni consultaron a los que realmente vivimos esa institución.
    Si a eso le sumamos la malísima gestión y el desmantelamiento que tuvieron los colegios por parte del señor Berzosa, se podría decir que tendían a la desaparición. Empeoramiento de la calidad del servicio, restricción de actividades, subidas de hasta el 20% en cuotas en 4 años, etc.
    La imagen lamentable que dimos ante la prensa no fue más que pura impotencia de destruir tan fácilmente algo tan querido y la decepción total al ver el resultado.
    Esperemos esos días en que los colegios mayores vuelvan a ser grandes (más aún) y disfruten de ellos miles de colegiales y colegialas.

    Un saludo.

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  • Mario Crespo

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    Gracias de nuevo a todos por mantener vivo el reportaje con vuestras opiniones.

    Helena Justina, siento que no hayas visto reflejadas tus experiencias personales en el texto. Es imposible hablar de todo detalladamente. Conozco bien los colegios femeninos, en los que he tenido buenas amigas, y en el texto cito varios, además de dedicarles una de las tres fotografías. Por otra parte, muchos de los comentarios generales son aplicables a los mayores de chicas. Gracias de todas formas por tu opinión.

    Agradezco también la precisión de Bartolo sobre la condición de colegio mayor decano de España. Es un título debatible, efectivamente. Felicito al Real Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago de Granada por su constancia de siglos.

    Durante los últimos dos meses, hemos leído en casi todos los medios de comunicación piezas que describen los colegios mayores como auténticos infiernos. Sin entrar a valorar la exactitud de esos reportajes o su grado de sensacionalismo, lo cierto es que los colegios merecen ser noticia por muchas más cosas que las famosas novatadas. Viendo la cantidad de comentarios e interacciones en las redes sociales que está generando este artículo, espero que otros medios se animen a hablar de un elemento esencial de la universidad española, aunque algunos prefieran ignorarlo.

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  • Álvaro (delahoya)

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    Articulo sublime!!! enhorabuena.

    Tres años en el CMU Alcalá, compañero de promoción, paisano y amigo de Mario. Me siento 100% reflejado, mis experiencias en el colegio han sido de las mas intensas hasta la fecha, el grado de crecimiento y madurez que se alcanza viviendo en un Mayor es indescriptible como muchos de vosotros argumentáis.

    Enhorabuena de nuevo Mario, un fuerte abrazo

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  • FERNANDO FAJARDO

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    Me siento obligado a contar mi experiencia porque, entre otras cosas, este post te recuerda lo mágico que es ser novato, residente o veterano de un Mayor.
    Hace dos años llegué a Madrid y cuando lo hice entré en la que fue mi primera casa tremendamente nervioso, inseguro, espectante y, aún así, con la misma ilusión que tienes cuando montas por primera vez en una montaña rusa… Mi primer año fue genial, conocí mucha gente, hice amigos y, mucho mejor aún, grandes amigos. En definitiva, me encantó; pero algo fallaba, algo faltaba. Mi primer año mi estancia en Madrid fue en una Residencia.

    Este año tengo el tremendo honor de poder decir, y aseguro que se me “llena la boca al pensarlo”, que soy novato del MAYOR ALCALÁ, sí, del GLORIOSO, eso es, otro más. Ahora las piezas casan totalmente y he encontrado lo que venía buscando desde que mi primo me contaba cuando nos veíamos lo increíblemente a gusto que estaba en Madrid. Señores, la vida universitaria es maravillosa, la vida universitaria en el Glorioso, por cierto el mejor Mayor que ha habido y habrá, es apoteósica. Las novatadas no dejan de ser una ayuda y un gesto de empatía que los más mayores hacen a los novatos por que en su día se lo hicieron a ellos, y además son tremendamentes prácticas, divertidas y recomendables desde mi opinión.

    Por todo esto doy las gracias a mis padres por partirse los cuernos para darnos la oportunidad de vivir aquí y así los años que seamos mi hermana y yo colegiales.

    Y que sepan ustedes que el señor Ayuso habrá sido un gris, oiga; así normal…

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  • CHICAS PINO

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    OOOOOH SI PINO SI PINO SI!!!!

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  • JLM

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    Tras tres años en el Colegio Mayor Guadaira de Sevilla, solo puedo decir que han sido los mejores años de mi vida.
    Esos ratos de tertulia imprevistos en los pasillos o en las habitaciones, eso no tiene precio. VIVA GUADAIRA Y VIVA SEVILLA!!

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  • victoria

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    me ha apasionado el artículo, antigua colegiala del CM Berrospe de Madrid, 4 hemanos colegiales del CMN Ximenez de Cisneros y mi marido también. Nuestra experiencia fue única y por eso tengo actualmente dos hijos en el Cisneros y a mi hija en el Buen Aire de Sevilla. Deseo que tengan, a pesar del esfuerzo económico, la misma experiencia que tuvimos nosotros. Los Colegios Mayores “ensanchan los horizontes de la vida” y aprender es eso “agrandar la vida”.

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  • JMO

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    Barroso es tan pequeño
    Que no se ve en el mapa
    Barroso es tan pequeño
    Que no se ve en el mapa
    Pero en cuestión de cojones
    Nos conoce hasta el Papa
    Pero en cuestión de cojones
    Nos conoce hasta el Papa.

    Residencia Militar Universitaria de Acción Social y Ayuda al Estudiante Teniente General Barroso, donde tuve la suerte de vivir durante tres fantásticos años.

    Responder

  • JMO

    |

    Residencia, que por cierto, está en Santiago de Compostela.

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  • johnny

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    Y tiene el nombre de un militar golpista que votó en contra de la reforma política en el 76. Y luego dirán que todo esto de los colegios mayores no huele a naftalina.

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  • Roncallina

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    Sin duda la experiencia en un colegio mayor hay que vivirla. Es verdad que te encuentras gente de todo tipo y que no vas a hacer migas con todas, pero lo que sí es cierto es que te llevas a amigos para toda la vida, experiencias que recordaras siempre, y el orgullo de pertener al mejor colegio mayor! Viva el Cmu roncalli!

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