Ilustración de Hughes, columnista de UNFOLLOW. Ilustración de Gabriel Salvadó

Nostalgias imperiales

Escrito por Hughes el . Posteado en Columnas

España es un país fundamentalmente generacional y una buena definición de generación es identidad de nostalgia. Con la mayoría de individuos sólo tenemos en común esa melancolía. Los grupos empiezan detestando y acaban recordando juntos. La nostalgia, con todo, está muy mal vista. Joaquín Reyes decía en uno de sus gags que la nostalgia daba gases y ya sabemos lo que significa ser nostálgico en política. La nostalgia adulta es esteticismo gagá y al niño se le hurtan los tambores de la gran fantasía, del deseo panero de ser piel roja. El niño, atontado por una pedagogía plastificada y científica, ya no tiene esas nostalgias imperiales del crepúsculo de Vallejo, que son las nostalgias del niño, nostalgias, claro, sin pasado. La nostalgia de lo elemental que llevaban a Cioran a pensar si no sería el Tiempo mera nostalgia humana de la mar.

El niño, pequeño emperador, sueña vastamente en esos horizontes, sueña napoleónicamente. Luego, con el tiempo, las nostalgias le van cambiando y puede llegar a lo de Gil De Biedma que tenía la nostalgia del fango, de pelo, mordisco y puterío, que ya es nostalgia. Las nuevas y viejas disposiciones de la noche (¡decretos de lascivia!) que nada tienen que ver, o quizás sí, con la nostalgia brava de la Nada del poeta-niño Baudelaire, que posa en su retrato con su lazo de infante puñetero, pues nostalgiza el niño, siempre el niño. La nostalgia es juventud sin forma. Baudelaire, capitán pesimista, buscaba la nostalgia mayor de darse de tortas contra el spleen, cuando el adulto lo que hace es mecerse en el recuerdo para huir.

La nostalgia es un Delorean superequipado en el que viajar al pasado, un programa televisivo en el que siempre aparece cantando Joselito, un gol postrero contra Malta, un ejército de mods cerrando un pub para bailar la yenka, una canción de Richard Clayderman, un FIB en el que ver temblar la papada de Morrissey. Pero esta nostalgia colectiva, esta experiencia común de la nostalgia nos parece algo mostrenco, yerto, forense y por eso se tolera algo que en el fondo es subversivo. La nostalgia o es nostalgia Parada y yeyé (patronato cultural del español antiguo régimen) o se admite si es chic y vintage, porque sólo a las it-girls se les permite serlo. La nostalgia no vale, lo retro sí. El reciclaje es el presente apoderándose del pasado como fetiche –el pasado, ay, como mercancía marxista-. Nostalgia Clavel, memorabilia pop.

La nostalgia surge como un episodio, nos viene como un rapto, salvo a Garci, que vive siempre con el bizcochito proustiano metido en el café. A él se le cayó la magdalena de Proust en el café y por eso es un Obélix de la memoria. Mi admiración por la nostalgia desacomplejada de Garci me ha llevado a indagar en ella. Cuando le escucho o le leo no veo placer, no veo docilidad, debilidad gagá ni facilidad ante la trampa (trampantojo) con el que el pasado resalta sus formas. Garci se adentra en su rapto memorioso, en su bruma, pero indaga, se interroga y tensa la cuerda objetiva del canon. Yo diría que hasta sufre a veces. La forma de recordar es intensiva y se expresa en las listas. Hace listas y listas de películas que elabora y una vez y otra se pregunta por la posibilidad de un Ford actual o de John Ford en nuestros días.

Parece obsesionado con el encaje de John Ford o de King Vidor en el eje del tiempo. Viendo a Garci apetece pensar en una nostalgia activa, insatisfecha, interrogadora. Nostalgia es la insatisfacción enamorada del Coronel Blimp buscando en todas las mujeres el rostro de Deborah Kerr. Y es una forma dulce de reacción, de insumisión al presente. Nuestro mundo es progresivo, futurizador y el nostálgico, con su ramalazo pesimista, vive el tiempo de un modo distinto, fascinado y desertor. El tiempo le dura más, sale de él con más dificultad. Por eso el cine de Garci es más lento. Tras las revoluciones futuristas, nos ha quedado el presente continuo y decaído del que desertar resulta imposible. La nostalgia es una crítica al mismo y una insumisión que en España se hace con un cine de tiempo denso –no se sale nunca de una década como no se sale nunca de un amor- y con la ordenación maniática y numerada de las pelis que amamos. ¡Contra el presente, pues, listas!

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Hughes

De formación no periodística, rompió a escribir sobre actualidad hace un año. Mantiene el blog losobjetosimpares, que ya hay que tener moral, y escribe en ABC. Por alguna razón imprecisa, dado que aún es joven, le gusta este verso de Gerardo Diego: y a la luz derivada del periódico yo no me siento viejo. http://losobjetosimpares.blogspot.com.es/ 

Comentarios (1)

  • Chaviol

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    Excelente reflexión. La nostalgia, ahí es nada. Yo creo que siempre tenemos nostalgia de algo. Estas cosas, como las películas de Garci, me ponen triste. Enhorabuena y gracias por el rato.

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