Lichis: “La industria antes era semimafiosa pero la 2.0 es directamente El Padrino”

Escrito por Guillermo Ortiz el . Posteado en Entrevistas

Fotógrafa: Lola Guerrera

Lichis. Fotografía: Lola Guerrera

Lichis pide un chupito para cerrar la comida a dos en un bar de Rivas Vaciamadrid. Pollo asado troceado y un buen montón de patatas. Cerveza y Coca-Cola. Poco antes, me ha dicho en la mesa: “Me alegra que la gente no me conozca por la calle, que ya no me paren todo el rato, que pueda ir por el metro o el autobús y solo de vez en cuando algún chaval me salude y me diga Ey, Lichis, de puta madre lo que haces, para adelante”. Probablemente, él  nunca haya sido un fenómeno de masas, más allá de los dos-tres años de gloria de La Cabra Mecánica a principios de siglo, pero en este país no hace falta ser un fenómeno de masas para sentirte observado y que todo el mundo quiera ser tu amigo si las cosas van moderadamente bien.

Sin ir más lejos, cuando va a pagar el chupito en cuestión, el camarero se niega a cobrarle: “Esto es por todos los bailes que me he marcado gracias a ti”, dice, y Lichis sonríe, con esa sonrisa suya que a veces parece incómoda, como si no valiera para el puesto de hombre carismático pero hiciera todo lo posible por no decepcionar a nadie, como si toda su vida fuera una tensión constante entre la necesidad de no decepcionar y la inevitabilidad de esa decepción.

Su hija tiene un año y medio, casi dos. “Está en la edad en la que se merece que cada día sea una fiesta”, dice, como propósito de padre responsable. Parece que Lichis está harto de que la fiesta sea siempre la de los otros pero tampoco hace mucho por evitarlo. Por ejemplo, justo después del episodio del chupito, unos treintañeros de barra de bar le preguntan: “Oye, ¿tú eres músico, no?” y él contesta: “Lo que queda” y entonces la conversación se enreda en lo típico de “es que no sé quién eres pero te he visto varias veces y tu cara me suena”, cosa que yo sé que a Lichis le repatea, porque si no sabes quién soy, ¿para qué vienes a decirme nada?, pero él sigue con la misma sonrisa forzada, se despide con un “hasta luego, familia” y sale por la puerta sin mencionar el incidente. Como si nada.

Son las dos y media de la tarde, una hora impropia para haber acabado de comer, y todo esto empezó a las doce, cuando Lichis se bajó del coche de su padre y nos recogió a la fotógrafa, Lola, y a mí. La primera parada nos llevó al típico “bar de viejos”. Un bar, nos cuenta, que forma parte de un barrio en cooperativa, como tantas cosas en Rivas, un municipio a las afueras de Madrid que lleva lustros en una realidad aparte, con su alcaldía de Izquierda Unida y sus calles dedicadas a Pilar Bardem, José Saramago, Miguel Hernández… La vieja guardia. Parece el sitio ideal para la primera pregunta, la que hace referencia a una línea de su canción “El malo de la película” y que dice aquello de “Los canallitas sueñan con ser Sabina”, pero Lichis, Miguel Ángel Hernando, Miguel, quiere dejar las cosas claras desde el principio:

Yo nunca pretendí ser un canalla y me molesta que me lo atribuyan. De hecho, es un término que odio, porque se supone que canalla es el que, sin tener ni puñetera idea de hacer nada, sale adelante intentando medrar, engañar… y esa no ha sido mi intención en ningún momento. He podido ser más o menos patoso, tener más o menos talento pero nunca me he considerado un canalla… Lo que pasa es que es una estética que mola, que cae bien, forma parte de lo que yo llamo el lobby de la gente simpática. Esa gente que cuando aparece en la tele, muchos dicen: Joder, qué simpático es este tío, me voy a comprar su disco. Al final los canallas suelen estar forrados, como los malditos. De verdad, yo nunca he querido tener nada que ver con eso”.

La primera en la frente. ¿Y qué es de Sabina, de la comparación recurrente?  “Eso me lo decían al principio y me lo decían los que querían tumbar a Joaquín. A mí me daba igual Joaquín, me gusta lo que hace, y no me hacía ninguna gracia que de alguna manera nos enfrentaran. No quería ser Sabina ni dejar de serlo, pero parecía que había que quitarlo del pedestal y en un tiempo me tocó a mí. Ya te digo: no me gustó nada y creo que a Joaquín, tampoco”.

Lichis bebiendo cerveza. Fotografía: Lola Guerrera

Lo bueno de Miguel es que preparas una entrevista sin saber por dónde va a tirar. Por ejemplo, lo siguiente es preguntarle por el éxito del “No me llames iluso” y por su empeño en negar esa canción, la enorme manía que le tiene hasta el punto de llevar casi diez años sin tocarla en directo. Lo primero que hace es negar la mayor, no permitir concesiones: “Es que ya no sé cómo explicar esto, el Iluso no fue ningún éxito, al revés, cortó lo que podría haber sido una trayectoria de éxito que sí se veía venir en Vestidos de Domingo. Ese disco vendió tres veces más que la historia del Iluso, pero la gente se quedó con eso, me la pedían en todos lados, me sentí un poco etiquetado con una canción que no me había dado nada en realidad”.

La batalla de Lichis con la realidad viene de lejos y la realidad en la música irremediablemente se llama “industria discográfica” y sus derivados. El último disco completamente inédito de La Cabra Mecánica, “Hotel Lichis”, es de 2005 y lo editó DRO. Pasó completamente desapercibido, nadie hizo nada por promocionar un álbum notable. Desde entonces han pasado siete años, ¿ha cambiado algo en el mundo de la música? “Se habla mucho de una revolución, pero sigue todo igual. Como mucho ha habido una involución: la industria antes era semimafiosa y la industria 2.0 es directamente “El Padrino”, un negocio para ADSLs y empresas de telecomunicaciones. Cada vez que sacan un invento nuevo como iTunes o Spotify, te dicen que va a cambiar la música y al final no sirve para nada, es lo mismo de siempre, puro marketing de gente que no tiene nada que ver con la música, son informáticos o ingenieros…”.

PERO QUÉ PÚBLICO MÁS TONTO TENGO

Durante años cubriendo festivales de cine, acabé descubriendo que el problema no era que al público no le gustara el cine español sino que al cine español no le gustaba su público, principalmente, por no ser francés. ¿Cuál es la relación entre la música, no necesariamente española, y su público? “En España no se valora el rock, pero ni dentro del mundo de los músicos ni fuera, y hay dos factores: el principal es que la gente, en España, busca diversión. La música es algo que tiene que entretener. El otro es que la crítica y muchos de los propios músicos se han cebado con determinados estilos: eso es algo que siempre ha pasado con la música popular: el flamenco era denostado en los años 40, era algo anti-intelectual. ¿Te imaginas que ahora un intelectual dijera que no le gusta Camarón, que eso es basura? Es impensable. Luego pasó con el pop y con el rock, que llegan a ser un fenómeno verdaderamente masivo en los 80, cuando empieza a ser algo menos prefabricado y se contagia de ese rollo post-punk de devolverle los instrumentos a los músicos. Bueno, pues ahora resulta que el que se dedica al rock es el que no sabe tocar Jazz, Flamenco o Música Clásica… ¡Eso es un error! Frank Zappa lo decía: No hay estilos menores sino músicos menores. Hoy en día se puede estudiar rock en escuelas de puta madre, hay centenares de alumnos titulados por mes. Igual que te puedes ir a Berklee, te puedes ir a una escuela de rock y vas a tener unos profesores y una enseñanza de primer nivel…” ¿Y el público?, ¿cómo ve el músico a su público, ¿no se corre el riesgo de que lo acabe despreciando porque “no le comprende y prefiere escuchar a Pitbull”? Lichis se queda un poco descolocado ante la pregunta, porque las razones del éxito siempre son difíciles de explicar y en determinados momentos son directamente inescrutables, como para encima andar midiendo consecuencias: “A ver, es que hay gente consecuente, como Fito, que de repente ha encajado en una necesidad de la industria y se ha encontrado con el éxito sin cambiar nada. A mí no me pueden decir que lo que hace ahora Fito no es lo que hacía en Platero. Es prácticamente lo mismo, pero ahora vende el doble, porque cae bien, porque tiene carisma… aunque él no haga nada por forzarlo, simplemente tiene ese punto de conexión. Pasa con gente como María Jiménez o Joaquín Sabina, que le encantan a todo el mundo, aunque no dejarías a tu hermana con ellos ni cinco minutos. Es todo muy complejo”.

Cambiar o no cambiar, ser considerado un genio por un disco y estar acabado al siguiente, ¿cómo puede vivir un músico de éxito moderado una situación de tanta inestabilidad? Todos aspiramos a una cierta objetividad. A todos nos gusta decir aquello de “yo escribo para mí” o “yo compongo lo que me sale de dentro”, pero, ¿qué pasa cuando al final no te lees solo tú sino que te leen 100.000 personas y cada uno con una opinión?, ¿no llegas a autocensurarte para que no digan que se parece a algo que ya has hecho o que recuerda a alguien que te gusta o al contrario, odias? Lichis apura el primer doble de cerveza de la mañana y contesta: “Me pasa todo el tiempo. De hecho, las épocas en las que compongo son las que le doy una hostia al crítico exterior y le encierro en el armario. Mira, yo nunca he sido muy ambicioso, ni económica ni profesionalmente, y eso me ha permitido evitar tener que pasarme siete años sacando el mismo disco y poder parar para hacer otras cosas: producir, tocar, colaborar en pequeñas bandas… Hay que tener mucho cuidado con las referencias externas, porque todos las tenemos: todos queremos llegar a mucha gente y vender un montón, pero depende del precio, y a lo mejor llega el momento en el que solo te ponen bien en el Mondo Sonoro o en el Rock de Lux… y a veces ni eso. Para mantenerte en esas situaciones tienes que ser un tipo insolente, porque piensa que la mayoría de los estímulos externos que recibes son de machaque. John Lennon era un tipo insolente, Elvis Presley era un tipo insolente… Y no hay mayor insolencia que la de decir me da igual. Eso es algo que vas aprendiendo, porque ningún músico, desde luego ningún rockero, es de esa gente que en el colegio machacaba a los demás sino que nos machacaban a nosotros”.

 

CRÍTICA Y TALENTO

Si, como decía Bono en sus tiempos de esplendor, allá por los primeros 90, “todo artista es un mentiroso, todo poeta es un ladrón… matan la inspiración para cantar sus penas”, tener una referencia externa, algo menos voluble que la masa entusiasmada de un concierto o el número de ventas de un disco, es vital para no perder la cabeza, supongo, y ese es el papel de la crítica periodística. Uno puede pensar que Lichis, por su afán inconformista y contestatario, podría tener mil pegas que ponerle a los críticos musicales, pero no es así, en absoluto: “Cuando empecé a tocar, a mediados de los 80, no había Internet, no había escuelas de rock y lo que llegaba de música era muy poco, así que los que sabían eran los que podían irse a Londres y ver distintos grupos e informarnos. Yo me acuerdo de una colección que sacó El País, que se llamaba Historia del Rock o algo así y ahí descubrí que había muchos tipos de rock: sureño, heavy metal… para mí fue fundamental y ahora debería cumplir la misma función, porque tú puedes tener Síndrome de Diógenes y acumular 150.000 canciones en tu iPod, pero necesitas del oído experto, el que tiene experiencia. Otra cosa es qué vas a aprender escuchando a un locutor de Cadena 100 cuando no tiene ni puta idea de música, ni la tiene su jefe, pero, joder, tienes Radio 3, donde el locutor te explica hasta el último detalle, porque para ellos no es entretenimiento sino cultura”.

Eso sí, si el músico tiene complicado encontrar el respeto en las discográficas o en la gente que solo busca diversión o entre sus propios compañeros –ni más ni menos que Andy y Lucas declararon en su momento que “el problema de la música de este país es que se publica demasiada basura”-, ¿qué trato puede esperar de determinada prensa “no crítica”? Lichis responde con su mezcla de contención y claridad mientras empieza el segundo doble de cerveza y Lola nos pide unas fotos en el exterior porque el bar se ha llenado, hora del aperitivo, conversaciones de una ebriedad temprana: “Yo, en el 90% de las cosas que hago cuando estoy de promo, me encuentro con el típico tío que me dice: Bueno, es que yo soy de deportes y me han mandado aquí… ¡Joder, si hubiera venido en su momento Von Karajan o estuviera de promoción un director de cine importante no mandarían al de deportes, ¿no?! Pero en el pop o el rock, cualquiera vale, así que una de las introducciones clásicas de mis entrevistas es Oye, que yo no he escuchado nada tuyo… bueno, sí, escuché lo de la María Jiménez, pero que si te pregunto algo raro, pues que no te enfades, ¿vale? Y yo no me voy a enfadar porque no soy un cabronazo, pero, siempre pienso: un día te vas a encontrar un cabronazo y te va a dejar temblando”.

Fuera del bar hace frío y llueve. Nos resguardamos en un pequeño soportal por indicación de unos lugareños, que a lo mejor no reconocen a Lichis pero sí reconocen la grabadora y la cámara y saben que ahí se está cociendo algo. Comentamos un momento la frase de Andy y Lucas que mencionaba antes: a Lichis le caen bien Andy y Lucas pero  nunca compraría nada suyo. Sus amigos tampoco, dice. Además, no tiene muy claro qué es lo que se entiende ahora por “basura” ni por “calidad” y, dispuesto a disparar, dispara al plato más alto: “A veces se entiende como calidad un disco de Alejandro Sanz, que está muy cuidado y lleno de preciosismo… para darle consistencia a algo que no lo tiene. El problema es que ahora lo que se enseña es a clonar, no a componer. A buscar patrones que funcionan y repetirlos y cuando hay que hacer algo de verdad resulta que eso no te lo han enseñado en ningún sitio”.

Lichis plano general. Fotografía: Lola Guerrera

TALENT SHOWS Y LA INSISTENTE EXIGENCIA DE “ALGO NUEVO”

Vivimos momentos de nuevo apogeo de los “talent shows” musicales, después de que el último fracaso de “Operación Triunfo” pareciera haber puesto fin a la locura. Entre “Tú sí que vales”, “La voz”, “El número uno” e incluso las parodias de “Tu cara me suena”, parece que la música –a menudo la misma canción repetida programa tras programa- vuelve a copar el entretenimiento televisivo. Le recuerdo a Miguel un tweet clásico: “En vez de hacer programas para buscar talento, buscad gente con talento para hacer programas”. Miguel medio ríe, con el cigarro en la boca y el pelo enmarañado cayéndole en un amago de flequillo rizado, piensa en ello y expresa dudas: “No sé… en Estados Unidos, por ejemplo, los talent shows tienen una tradición desde los 50 y 60, y por mucho que yo abomine de OT y todo eso, la verdad es que conecta con la gente y es la primera vez que le puedes decir a tu padre: Quiero ser músico, sin que te mire raro o te eche de casa. El problema es que todo eso no permea a los de abajo, no llega a los que no estamos ahí, no hay efecto contagio y, desde luego, si el futuro de la música o de su promoción va a ser La voz, el panorama es apocalíptico”.

Una de las pegas que se le pone a este tipo de programas, y en general a cualquier grupo o artista nuevo que sale, casi venga de donde venga, es ese clásico: “Están bien, pero en realidad no hacen nada nuevo”. Lichis no está de acuerdo con eso y apela a la historia, como hace a menudo: “Es que nunca ha habido nada nuevo: el country nace de la mezcla de la música balcánica con la irlandesa y luego con la mediterránea y todo confluye en Estados Unidos para hacer un estilo nuevo. Con el blues pasa lo mismo: es la mezcla de la música africana con los ecos de las poblaciones negras de Estados Unidos y se forma a partir de los instrumentos que tienen allí. No hay nada nuevo, es todo una constante reconversión, una constante fusión”.

¿Nada nuevo, en serio?

Mira, lo único realmente nuevo en la música fue la atonalidad y el dodecafonismo a principios del siglo XX, con Schoenberg. Todo lo que se hace en el pop, desde siempre, se basa en los mismos cuatro acordes, otra cosa es que sepas hacerlos tuyos”.

¿Y qué hacemos con todos esos jóvenes que hacen suyos esos acordes pero siguen perdiendo la cabeza por el sueño de que una discográfica les coloque en la FNAC junto al nuevo disco de Bob Dylan, aunque no venden nada? Ahí, Lichis se ríe: “¿Los jóvenes?… Y los mayores, al final incluso los que tienen más de sesenta años están en el circo, para seguir apareciendo. Eso no cambia”. Y con esta afirmación acaba el cigarro y vuelve al bar. Detrás de él, como ratas siguiendo al flautista, entramos el resto: entrevistadores y curiosos.

LA BARCELONA COOL Y EL MADRID MACARRA

Poca gente lo sabe porque a Lichis se le asocia con Aluche, Rivas, Lavapiés o incluso Moratalaz, es decir, Madrid y sobre todo su periferia, pero Miguel Ángel Hernando nació en 1970 en Barcelona, barrio de Gràcia. Siempre me ha fascinado la facilidad que tiene Barcelona para venderse culturalmente, repetir todo el rato lo maravillosa que es pese a tener los problemas propios de toda gran capital… mientras Madrid se ofusca en renunciar a cualquier preciosismo y abusar de las putas, los drogadictos, los locales oscuros de noche, la estética del cantante perdido en la ciudad inabarcable de neón. Lichis coincide en parte y explica: “En Barcelona, la cultura se vive, por lo que he apreciado, como una manera de aparentar. Es una ciudad muy snob igual que Madrid es muy macarra. Son tópicos, sí, pero en los tópicos suele haber algo de cierto. La gran diferencia, yo creo, es que cuando hay un sentimiento nacionalista, la cultura se considera una herramienta para tomar conciencia y se convierte en algo respetado, casi de promoción. En Barcelona, ahora mismo, lo más brillante que hay es el pop, como antes era determinada canción de autor reivindicativa, es todo muy cool: no hay voluntad de rascar en la suciedad porque no lo consideran necesario”.

¿Y dónde queda Madrid en todo esto?

Pues es al contrario: como ciudad no existía, era una parada de golfos, militares, buscavidas… nunca ha existido como entidad cultural. La gente estaba muy loca, las autoridades siempre han intentado controlar Madrid de alguna manera porque podías encontrarte con tipos vestidos con una sábana en los siglos XVI o XVII, las juergas duraban dos semanas… Supongo que es lo que pasa cuando estás en una casa que no sientes como tuya, que no te pertenece. ¿Tú te imaginas a un independentista de Madrid, a un tío que saliera con una bandera de Madrid a la calle a protestar? Sería absurdo, lo meterían en un psiquiátrico. Nosotros somos en realidad la capital de Castilla La Mancha y se nos nota hasta en el acento (risas), es muy difícil sentirse de Madrid y por eso no sentimos la cultura como algo nuestro sino que la utilizamos para criticar, para contar lo que no nos gusta, como hacía Umbral, o incluso Quevedo o Lope en teatro…”

NO HABLES DE FUTURO, ES UNA ILUSIÓN

Lichis, retrato. Fotografía: Lola Guerrera

A Lichis le alegra que los más jóvenes le conozcan por “Carne de canción”, el tema que daba título al recopilatorio que publicó en 2010 para cerrar cuentas con la discográfica y que tampoco tuvo apoyo ninguno. Es una canción alegre, amable, que de alguna manera le aleja de una imagen de sí mismo que odia: la del autocompasivo, quejoso, que repite todo el rato lo mal que le trata el mundo. Una canción sobre el amor, porque fuera del amor, como diría Aristóteles, en la música, solo hay dioses y bárbaros. “Es que las canciones siempre han tenido un punto adolescente y cuando tienes las hormonas y la testosterona a tope, el amor es el motor del mundo… Cuando uno madura, pierde esas cosas y a lo mejor piensa en el poder o el dinero”.

Poder y dinero, algo que ha enturbiado la relación de los músicos entre sí y con el resto de la sociedad a través de la SGAE. Todos podemos estar de acuerdo en que la industria musical se ha derrumbado, pero, ¿qué parte de culpa tienen los músicos en el hundimiento de su propio negocio? Lichis hace autocrítica: “Creo que tenemos la parte más importante: no existe sensación de colectivo, cada cual ha ido a su lado, pactando con un tipo o con otro tipo como si fuera algo personal sin tener en cuenta que lo que yo pacto está marcando el camino de los que vienen detrás. No hemos cuidado eso, no nos hemos cuidado los unos de los otros, hemos sido muy dejados. Creo que era Calamaro el que decía: Es más fácil engañar a un músico que a un niño, y es verdad, pero es que el mensaje que te venden al principio es muy atractivo: vas a ganar mucho dinero, haces lo que te da la gana, follas un montón, tomas un montón de drogas… Eso, en gente sensible, frágil, es puro veneno”.

El segundo doble se acaba. Empieza a hacer hambre. Lola ya ha cumplido su trabajo y los parroquianos asedian la mesa en busca de un lugar donde sentarse a tomar el vermut. Le recuerdo a Miguel que en los créditos de los discos de La Cabra Mecánica, al final del todo, se podía leer: “La Cabra Mecánica es Lichis”. Con el fin de La Cabra, ¿qué queda de Lichis? “Es un poco injusto”, dice, “porque yo he tocado en cientos de grupos en cientos de proyectos… y todos son yo, y en cada uno me he expresado de una manera y he aprendido de todos, evolucionando, como los pintores, o los cineastas, o los escritores. No puedes hacer siempre lo mismo. Llega un momento en el que ya has hecho lo que tenías que hacer y ya está, no hay más”.

La siguiente transformación de Miguel Ángel Hernando debería ser “Miguelito”, nombre cariñoso que le puso Jairo Zabala –Depedro- en una de sus canciones y que adoptó para su nueva etapa. Una etapa que, sin embargo, sigue haciéndose esperar. Lichis, Miguel, como prefieran… tiene ya 42 años y una niña preciosa llamada Julieta que le espera en casa de sus padres en el mismo Rivas mientras paseamos por un parque que separa el metro –Lola ya se va a casa- de nuestro asador de pollos. “Mi sueño es un éxito de perfil bajo”, comenta, “si te fijas, el triunfador moderno es un tipo de perfil bajo. Hasta los grandes millonarios quieren ganar dinero pero sin que se conozca su cara”. ¿Una especie de mediocridad buscada?, pregunto yo, uno de los conceptos más subestimados que conozco. “No sé si es lo mismo”, responde. “El caso es que yo ya no me veo a mí mismo en televisión. Me cuesta mucho dar entrevistas, y no porque no me gusten las preguntas sino porque digo muchas estupideces y cuando las leo me hace daño. A veces, cuando acabo las promociones me siento devastado. No me veo en ese rollo, no disfruto con ello, pero se supone que es un daño colateral necesario para tener éxito, y si saco otro disco pues tendré que volver a hacer teles y prensa y no me apetece una mierda porque no me gusto. Ojalá pudiera sacar mi disco y que fuera bien para poder seguir viviendo de esto… pero a veces pienso: Joder, Miguel, poca gente se puede ganar la vida con lo suyo, ¿por qué no vas a poder hacer tú lo mismo y buscar otro camino para ser feliz?”

Aunque el asunto, entonces, es si conseguiría ser feliz así.

Pues es algo que dentro de muy pronto me tendré que plantear seriamente… Yo lo que no quiero es mantenerme en esto si me va a hacer infeliz y ha habido muchas veces en mi vida que ha sido así”. Lichis para y se arrepiente. De nuevo la autocomplacencia de la que huye se asoma en la respuesta e intenta dar la vuelta. Miedo a decepcionar, de nuevo. Que nadie se preocupe, todo está bajo control… “Es que no quiero parecer un tipo que se lamenta de su vida: durante 30 años he hecho lo que he querido, he tocado en garitos, en estadios, he producido, he cantado… se lo recomiendo a todo el mundo, de verdad, no quiero que parezca que me estoy quejando, siempre parece que me estoy quejando… Cuando acabas una canción, por ejemplo, es la hostia, pero es que yo escribo diez canciones buenas en tres años, el resto son descartes y aun así, cuando las veo, me como la cabeza con por qué han salido mal. No descanso. Supongo que lo mejor sería no tomarte demasiado en serio”, dice, como si eso fuera posible, como si su cabeza fuera a dejar de dar vueltas a base de chupitos, como si no hubiera siempre alguien en la barra de un bar para recordarle que sabe que fue alguien pero no sabe exactamente quién, como en esa canción que decía: “A veces pienso en los lugares donde dices que estuve, ¿llegamos alto?, ¿con las estrellas?”. Esa canción que Lichis compuso y que alguien, no solamente su discográfica, ayudó a dejar en el olvido.

 

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Guillermo Ortiz

Cofundador de UNFOLLOW. Escritor y filósofo, colaborador de revistas como JotDown, El Imparcial o Neo2. Blog: http://bretguille.blogspot.com

Comentarios (1)

  • France

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    France…

    Lichis: La industria musical 2.0 es directamente El Padrino | Unfollow Magazine…

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