¿Eurovegas en España? Italia es la capital europea del juego

Escrito por Carlos Camino el . Posteado en Reportajes

“Juega, pero sin exagerar”. El consejo que el Estado Italiano parece que invita más a jugar de lo que pueda desincentivar. Las loterías invaden Italia y el Gobierno no está dispuesto a renunciar en tiempos de crisis a los 4.000 millones de euros que ganó en el primer semestre del año. Sin embargo, este consejo parece olvidar que en Italia hay casi 800.000 ludópatas, con dos millones de personas en riesgo. Tampoco se acuerdan estos carteles de que la mayor empresa del país se llama mafia, que se aprovecha de este vicio que supone el 4% del PIB.

Italia se ha convertido en un enorme casino con forma de bota. Un paseo por cualquier bar revelará la existencia de tragaperras siempre con clientes. En el estanco, en la administración de loterías e incluso en las oficinas postales se puede contemplar cómo alguna persona ha desarrollado más automatismos que la propia máquina. Moneda, pulsación de botón y música de premio, si esto último se produce, se repetirá la operación hasta que se pierda todo.

Sin necesidad de tener un Eurovegas en el horizonte, Italia fue en 2012 el segundo país del mundo en lo referente al juego. Una cifra, más de 70.000 millones en facturado legal, que dobla a lo que las familias italianas gastan en salud, y que supone ocho veces la cantidad dedicada a educación. El juego se hace fuerte en las loterías, los rascas, internet y en las masivas slot machines, dejando de lado otras propuestas como el bingo, perdidas en el maremágnum de una oferta masiva. La magnitud del problema comienza a levantar cierta polvadera popular.

 

Las máquinas tragaperras se encuentran desde el bar hasta en la oficina postal (davidz vía Flickr)

El pueblo contra las máquinas

Tutelada por los Alpes que se dibujan en el horizonte, Santena es uno de los muchos pequeños pueblos que rodean a la industrial Turín. Marcada por la crisis de la Fiat y del mercado automovilístico en general, a esta pequeña población de apenas 10.000 habitantes se le ha sumado otro problema: la proliferación sin fin de máquinas tragaperras que ha llevado a una rebelión contra ellas dentro del municipio. La cifra de una máquina cada 300 habitantes ha sido la espoleta de los hechos.

Un paseo por las calles no da la sensación ni de la crisis, ni de la revuelta. Salvo por su polígono, algo más ajetreado, las calles de Santena son una balsa de aceite, donde el único movimiento que se ve son gente mayor en bicicleta intentando hacer frente al crudo invierno alpino. Su alcalde, Ugo Baldi, un veterinario perteneciente a la casta amable de políticos que verdaderamente trabajan para la comunidad, tampoco demuestra ninguna agitación aparente.

“Acabo de recibir malas noticias – explica -, me han notificado que la Prefectura no puede hacer nada para evitar la apertura una nueva sala de juegos en la localidad”. Baldi hace referencia a la moción votada por unanimidad para impedir la apertura de nuevas salas de juego en el pueblo. Todos los grupos políticos se mostraron partidarios – “lo que sería el equivalente de casi todos los vecinos de Santena”, recuerda Baldi -, pero la Ley no puede hacer nada por impedirlo. Los habitantes de Santena se gastan en ellas cerca de 1.300.000 euros anuales. “Si se suman las otras formas de juego de azar legales se llega hasta los dos millones”. En definitiva, una cifra que casi equivale a la cantidad anual que pagan de impuestos. “Pagan tantos impuestos como juegan”.

Se ha llegado a extremos de gente que no podía jugar porque tenía que trabajar, que pagaba a gente que quería jugar, pero que no tenía dinero”, explica Ugo Baldi, que se desespera ante la imposibilidad de limitar la extensión de las máquinas. “Los caminos que nos quedan no son muchos, pero habrá que tomarlos todos”. Estos pasan por hacer campañas de información a las franjas de la población afectada – principalmente personas mayores – e intentar incentivar el abandono de esta forma de lucro para bares, estancos y otros establecimientos. La mente de este alcalde se acelera cuando explica las formas que ha ido pensando para intentar limitar las máquinas, haciendo malabares con sus cuentas. “No podemos pedirles que las quiten todas porque eso es imposible. Les da demasiado dinero”.

“La administración no le tiene manía a los gestores, sino al fenómeno del juego. Es triste ver una ciudad pequeña como la nuestra en la que cierran las tiendas y abren salas de apuestas. Entonces, se entiende que hay algo que no funciona”, explica este alcalde que vive su cincuentena desviviéndose por su pueblo inmerso en una doble crisis. Y es que este es uno de los puntos importantes. Según datos citados por Reuters, pese a que Fiat (excluyendo su parte americana) y su entorno dan trabajo a un millón de personas – diez veces más que el juego -, la empresa ganó la mitad del dinero que la industria del azar el pasado año.

Aunque piense que limitando el número de máquinas se limitará el número de jugadores, el alcalde cree que el origen de todo queda anclado a la crisis que atraviesa el país y, especialmente, este pueblo piamontés y, ante todo, teme el futuro ya que el Estado, como los bares, no puede renunciar a este dinero. Pese a todo, el lamento es inevitable. “El Estado no puede hacer spots en los que te diga juega con moderación, porque sabe a poco. No es lo mismo que cuando te dicen que fumar produce cáncer”.

El mono de las loterías y el mono por las loterías

El lenguaje utilizado para prevenir el juego es ingenuo, como indicaba el alcalde. En la página del grupo Lottomatica un simpático mono que se frota las manos nos da unas reglas para asegurarnos la diversión – siempre sin exagerar -. No deja de ser curioso que tener el mono, tenga el mismo significado en español que en italiano. La publicidad, como el juego, se ha ido de las manos. “Una vez fuimos a hablar en televisión del juego y en la pausa publicitaria pusieron anuncios de loterías”, cuenta Simone Feder, portavoz del movimiento No Slot Pavia, surgido en otra población víctima del juego.

Pavía ha pasado de ser una ciudad de estudiantes ha convertirse en la capital del juego de Italia (Fabio Salmoirago vía Flickr)

Pavía, una tranquila ciudad de la industrial Lombardía, ha cambiado su referencia de capital de estudiantes para convertirse en la capital del juego en Italia. Una máquina tragaperras cada 136 habitantes y 2.800 euros de gasto per capita en juego – la media nacional es de 1.500 – han cambiado la cara de esta ciudad de 70.000 habitantes, donde el azar representa el 7,8% del PIB local. La presión social no pudo contenerse y el pasado junio Pavía decidió salir a la calle: era el nacimiento del movimiento No Slot en Italia.

“No podíamos más”, explica Simone Feder, psicólogo que lleva años tratando problemas de adicción en la Casa del Joven de Pavía. “El movimiento llevaba echando raíces desde hace mucho tiempo, desde que la gente empezó a llamar a nuestra puerta en busca de ayuda. Sin embargo, es de 2006 cuando empezaron a proliferar estos demonios de hierro”. Y por aquel entonces, recuerda Feder, no había crisis.

Los datos dicen que este año los italianos se han gastado menos dinero en juegos de azar,una verdad engañosa, ya que el facturado ha aumentado. El ejemplo es sencillo, puede ser que un italiano se gaste dos euros en un rasca y gana y que le toquen otros dos. En lugar de guardárselo, se lo vuelve a gastar y lo pierde. En realidad han sido cuatro, aunque de sus bolsillos sólo han salido dos. Y en los primeros ocho meses del año, este facturado sí que ha aumentado. En 2011, el facturado fue de 79.000 millones, un neto aumento frente a los 61.000 de 2010 o a los 16.000 de 2003. Los premios pequeños son el caramelo que sirve para atraer al jugador.

Feder dice que ante todo es padre de familia. Habla con la indignación de alguien que se encuentra cada semana con casos que le hacen caer el alma a los pies, pero que cuenta con la fuerza suficiente como para seguir adelante. “Esta semana vino una señora a contarnos el caso de su marido, que con poco más de 60 años se ha gastado 140.000 euros en rasca y gana”. Y así, cada semana. Cada día. Sin perder las fuerzas.

Estaba claro que era de Pavía de donde provendrían las fuerzas para lanzarse a luchar contra este problema. Italia lo padece con intensidad, pero Pavía sufre la asfixia. “Nosotros no sólo hacemos frente a los tratamientos. En el juego están metidos organizaciones de la mala vita – mafia – y los usureros, y ha habido alguna amenaza”. Las infiltraciones mafiosas son un hecho: el 9% de las incautaciones realizadas a los capos son bienes relacionados con las salas de juego, mientras que su facturación iría cerca de los 15.000 millones de euros, repartidos entre 49 clanes. La usura, la apertura de nuevas salas de juego y las apuestas ilegales son parte de las ramificaciones de la mafia en este negocio.

“Toda la vida trabajando en una ferretería para arruinarte jugando al rasca y gana” (Marco del Sorbo vía Flickr)

Técnicas como la máquina tragaperras trucada palidecen ante un mal que crece en una vergüenza silenciosa. La usura se ha convertido en uno de los problemas más graves ligados al juego. Una persona que entre en el círculo de la usura no podrá salir nunca. El préstamo para salir del paso se convierte en una trampa imposible de pagar. Todos ganan, menos los italianos, cuya única salida es organizarse.

“Somos treinta asociaciones y nos estamos extendiendo por Italia. Hemos bajado a la calle para decir que aquí estamos”, comenta Feder, haciendo referencia al ruido cada vez mayor que el juego está ocupando en los medios de comunicación. Un problema que ha pasado de las páginas de sucesos locales para colocarse como un interés mayúsculo para los italianos. Cuando el problema es tratado en televisión se alcanzan picos de audiencia.

Como muchos italianos, los exjugadores apuntan al Estado como uno de los responsables de la situación. Fiorenzo, 54 años, jugó a las tragaperras durante cinco años y ahora colabora con Simone Feder. Enfermo de parkinson, los medicamentos agudizaron su adicción que llegó a un punto en el que le bastaba sólo con poder jugar. “Evidentemente que una persona no está obligada a jugar, pero el Gobierno juega a favor del juego – explica -. Hay demasiado publicidad, hay demasiadas máquinas y los débiles de espíritu encuentran allí una salida”.

Elvio, de 60 años, fue durante mucho tiempo un responsable en distintas empresas. Su problema comenzó cuando fue jubilado. “Tenía demasiado tiempo libre”, admite. Acabó durmiendo en su coche, y decidió que tenía que poner punto final a su pasión destructiva con el juego cuando vio llorar a sus hijos. “Creo que la gente que tiene mucho tiempo libre y no tiene hobbies está en riesgo”. “Me sentía atraído por los sonidos y los colores que salían de allí. Siempre jugaba a la misma máquina. Llegas a un punto de creer que eres tú quién manejas a la máquina”. Este jubilado, que ayuda a otros jugadores contando su historia, señala al Estado como uno de los responsables: “Es el pez que se muerde la cola. No son capaces de renunciar a la cantidad de dinero que recaudan con el juego”.

Un decreto insatisfactorio. Una ocasión perdida

“El decreto ha sido un bluff”. Todos los entrevistados hablan del decreto Balduzzi como del ratón surgido del parto de los montes. Dicha norma estaba llamada a cambiar la faz del juego en Italia elaborada por el Gobierno técnico, sin embargo, un recorte por aquí y un ajuste por allá convirtieron las plegarias de Italia contra el juego en un globo pinchado. El doctor Bellio, psiquiatra y presidente de ALEA (asociación para el estudio del juego de azar), explica que del primer boceto al decreto se ha pasado de la noche al día.

El decreto Balduzzi, por ejemplo, preveía que no se situasen lugares de juego a menos de 500 metros de escuelas, iglesias y hospitales, sin embargo, el resultado final se ha reducido a 200 metros y sólo para nuevas instalaciones. Por su parte, se regula principalmente sobre las máquinas tragaperras, pero se deja de lado otros tipos de juego como el rasca y gana, igualmente adictivo.

“Es muy difícil por parte del Gobierno tomar decisiones restringiendo el juego de azar, pero también ha dejado muchas cosas en el aire”, comenta Bellio entre resignado e indignado. “Las indicaciones son bastante difusas y se invita a crear un sistema para tratar a los enfermos del juego sin hacer ninguna referencia a dónde saldrá el dinero para ponerlo en marcha”. Que impere la ley de la selva en el juego de azar es algo más que una posibilidad. “Pasará como cuando se regularon las televisiones privadas: No se partió de la creación de una realidad, sino que la Ley asumió una realidad que ya existía sin ella”.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en el juego. La baja tasación (11% del IVA, frente al 21% de productos no alimentarios) ha hecho que desde 2003 hasta 2011, los ingresos por los impuestos sobre este concepto hayan aumentado sólo 3.000 millones, llegando hasta los 8.500 millones de euros.

Bellio, experto en estas lides, habla con una mezcla de realismo y de conciencia. El psiquiatra es sabedor de la imposibilidad de la prohibición total del juego, pero critica la labor del Estado en muchos aspectos: “No es posible que el mismo organismo que controla los juegos sea el que luego te dice que no tienes que jugar”. De hecho, el juego comenzó su proceso de desregulación en 1992, cuando Italia se encontraba en una grave crisis y estaba necesitada de ingresos rápidos.

“En Italia se han alcanzado niveles sin igual en el juego. En algunos sitios te devuelven el cambio, si quieres, en rasca y gana”. La crisis no ha frenado el juego, mientras que esta continua invasión hace que el problema no haya tocado fondo y con la misma facilidad con la que se juega a un rasca y gana siguen apareciendo más y más casos, con el silencio complice de las empresas (las sociedades contactadas para este reportaje no ejercieron su derecho de réplica).

“La revolución parte desde abajo. Tenemos la fuerza”, concluyen desde No Slot. Tanto ellos como ALEA apuestan por la solución, aunque saben que todavía queda bastante lejos: “La esperanza es lo último que se pierde”. Incluso cuando las máquinas tragaperras te ha robado tus posesiones materiales.

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Carlos Camino

A Carlos Camino nunca le gustó estar quieto, lo que le ha llevado a buscarse la vida en Niza, París, Milán y Leganés. Ahora vive en Turín, donde disfruta con el café y sufre con el 'Toro'. Ha juntado letras desde distintas partes para France Presse y para El Confidencial. Promete contarles con todo detalle quién era ese tal Lord Jones. @ccamino84

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