Bárbara Alpuente

My generation

Escrito por Bárbara Alpuente el . Posteado en Columnas

Durante una época me dio por soñar que un terremoto, una tormenta solar, un tsunami o un fin del mundo abstracto, hacía temblar la ciudad mientras me encontraba recogiendo a mis hijos del colegio. Todas las madres se llevaban rápidamente a los suyos y los metían en sus coches para salir de allí. Todas menos yo, que no conducía. Me quedaba en la puerta del colegio sola, con mis hijos llorando y reprochándome que no pudiera salvarles la vida. Tiene huevos. A lo largo de mi existencia he soñado que volaba, que Michael Jackson me preparaba unas lentejas o que moría y resucitaba en una tarde, y cuando de verdad necesito imaginación en un sueño, me da por ser realista. Este tema está casi solucionado: sólo hace falta que me aprueben el carnet, pero ya sé conducir. Vale que no tengo coche, pero en un caso extremo siempre puedo robar uno (nota mental: aprender a hacer un puente) Así que estoy capacitada para salvar a esos hijos que no tengo de una catástrofe que no está sucediendo. Viva la especulación.

Me encuentro otro problema para criar a mis hijos inexistentes: la compra. Odio este momento. Cuando las clientas me observan en el mercado siempre creo que estoy pidiendo mal; mal la mercancía, mal las cantidades, mal la entonación de los alimentos, mal. Si compro mandarinas, me parece estar escuchando a mis espaldas “¿a quién se le ocurre pedir mandarinas?, ¡si todo el mundo sabe que no es época de mandarinas!”. Entonces tartamudeo en cada frase, lo que no agiliza precisamente las compras e impacienta todavía más a las clientas. Estas señoras se pasan la mañana contándoles su vida a los tenderos, ¿qué más les dará que dude un minuto antes de pedir unas pechugas de pollo? (¿será época de pechugas de pollo?)

Tampoco retengo los precios, y como quiero hacerlo todo muy rápido para volver a Twitter cuanto antes, soy capaz de pagar lo que me digan sin haberlo calculado: “un kilo de tomates, dos lechugas y un plátano son trescientos euros”. “Bien, cóbrese”. Y a mí no se me puede decir eso de “¿qué más te pongo?”, porque tiendo a seguir añadiendo alimentos por miedo a decepcionar al frutero. Pero cuando sigue insistiendo tras haberme vendido fruta y verdura como para alimentar a todo mi distrito, me dan ganas de increparle: “¿Cómo que qué más? ¿Es que eres insaciable? ¿Tengo que pedirte un órgano para que dejes de preguntar? Venga, pues ponme un riñón y acabemos con esto”.

A veces, para fingir seguridad y evitar que las señoras se nos cuelen, nos lanzamos a pedir cantidades que hemos oído pero que no sabemos cuánto son: “ponme cuatrocientos gramos de jamón de york”. Observas horrorizado al charcutero mientras sigue cortando, porque sabes que nunca te dará tiempo a comerte todo ese jamón, pero ya no puedes echarte atrás por dignidad.

Y cuando mi hijo hipotético esté a punto de perder un botón, me acercaré corriendo a cámara lenta gritando “noooooooo” en plano cenital, para evitar que se desprenda del todo, simplemente, porque ¡tampoco sé coser!

Gran parte de mi generación sabe perfectamente cómo descargar una serie, qué es un hashtag o qué hay que hacer para abrir un blog, pero por alguna razón hemos sido incapaces de incorporar al día a día las tareas domésticas que dominaban nuestras madres. No sé si tiene que ver con la resistencia a convertirnos en adultos, con el infantilismo que conservamos algunos o con un cambio de rumbo en nuestros intereses, que quizá implique un avance y no un atraso.

No tengo respuestas, sólo preguntas… Y cientos de lonchas de jamón de York en la nevera.

NEKO CASE – Things That Scare Me

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Bárbara Alpuente

Columnista de Grazia. Columnista de Yo Dona (2005-2012). Ha trabajado en Canal Plus, Radio Nacional o Rolling Stone y en productoras como Globomedia, Videomedia, Gestmusic, Notro Films o Morena Films. Coordinadora de guión de Cámera Café y Paramount Comedy. Guionista de Doctor Mateo. Ha publicado la novela “Más allá de mí”.

Comentarios (10)

  • Inmaculada Limón Gallardo

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    No te preocupes,soy de las señoras cincuentonas que tuerzo el gesto cuando alguien pide productos fuera de temporada, y lo hago porque olvidé que a tu edad o con tu experiencia me vendieron lenguados vivos en el mercado y cuando llegue a casa aún no habían muerto. Los perseguí llorando por la encimera con la mano del almirez y los golpeaba sin piedad y lloraba, ahora tuerzo el gesto como tu lo harás dentro de unos años, pero entonces habrás perdido la espontaneidad de comprar sin sentido y la vida no será tan atractiva.

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  • MARINA F. BIELSA

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    jajaja, Un placer leerte aquí, Bárbara. Algo peor que ir sola a la compra y no saber cuánto pedir es ir…con tu madre. A mí me pasa, cuando voy con la mía. En plan:

    YO.- Medio kilo de fresas, por favor
    MI MADRE.- Pero bueno, ¿dónde vas con medio kilo? Se te van a poner malas. (al dependiente) No le ponga medio, con cuarto hay de sobra.
    Y yo, por no decepcionar ni a mi madre ni al dependiente tengo que bajar al día siguiente a por otro cuarto kilo de fresas…

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  • Rocío

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    Jajajajaa…. más identificada no me puedo sentir… Pero …. no sé muy bien… qué es un hashtag…..???????
    creo que me he perdido hasta de mi generación.

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  • Ghansa

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    Paso por lo de no saber cocinar pero, imaginar a Michael Jackson cocinando lentejas es casi como ver bailar Thriller a Rajoy. Me agrada tu sentido del humor.

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  • Kacho

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    Me ha encantado.

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  • Keltoi

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    Genial como siempre Bárbara!
    Alguien apuntaba por ahí eso de ir a hacer la compra con tu madre… quién no ha experimentado esa sensación de pánico, vista borrosa, mareos, sudores fríos y abandono cuándo tu señora madre te espeta eso de: toma el número y pide tú que yo tengo que ir a la carnicería que se me pasa el turno? Qué tensión! que te quedas con la mirada fija en el luminoso de los numeritos como si fuese el segundero de un explosivo. Encima me dejaba siempre en la charcutería que sin duda, es el puesto “nivel experto”!

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  • Loraine

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    Te sigo desde hace 5 años!! en Yo dona, luego en fb, ahora en Grazia y de momento no tengo ánimos ni ganas de hacerme con twiiter pero mi madre te sigue por mí ( No somos acosadoras, ya puedes respirar tranquila) Una vez más decirte que eres muy grande que todos tus artículos sea cual sea el tema me dejan divagando y con un ¿Por que los seres humanos somos así?

    Pd. Hazte con instagram ;)

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  • Microobsesiones

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    jajajjaja, yo creo q nos resistimos a crecer o que nos vamos tan tarde de casa q no aprendemos porque las madres, q son las más grandes, al querer lo mejor para nosotr@s optan por hacerlo ellas mismas!!

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  • Mairena Ruiz

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    A mí lo de coser siempre me ha encantado, es como el bricolaje, me da sensación de independencia, de saber desenvolverme en la vida. Coser un botón y rematarlo sin nudos ni nada, ir a a ferretería a pedir una llave allen en plan experta…

    Eso sí, a mi madre le cuesta hacerse a la idea de que sé hacer cosas. Total, la llamo ayer para asegurarme de cómo usar el desatascador y a medianoche porque tardé diez minutos en contestarle el sms de buenas noches me llamó toda preocupada, a ver si me había intoxicado con los gases…

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  • Jarvisey

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    La imagen del mercado me ha resultado claramente un déjà vu de mi propia vida!! yo paso el mismo mal rato. Gracias a Dios, tengo un novio vasco que hace la compra por mi, y que me mira igual de mal que las señoras de la cola si alguna vez vamos juntos al mercado. Le pregunto como hacía con mi madre: ¿Qué pido ahora? y cuando me contesta me voy corriendo a la cola de turno repitiendome interiormente la cantidad y el producto para no olvidarme y pedir cuarto y jamón de mitad york y que noten que no soy de los suyos.

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