Convocatoria Premios Monóculo de Oro III

Escrito por Perro con Monóculo el . Posteado en Relatos

 

Queridos amigos,

He montado un pequeño cocktail solo para mecenas con la intención de conseguir nuevos premios para sucesivas ediciones. En mi pequeño aperitivo se servirán sorbetes de melón y cava, se pasarán bandejas repletas de cigarrillos mentolados y habrá chocolatinas ocultas debajo de cada cojín de terciopelo del salón (dieciséis, en total). ¡Cualquier cosa para impresionar a los editores más importantes del país!

De cualquier modo, ya tengo el regalo para la III edición de premios Monóculo de Oro. La librería Tres Rosas Amarillas nos ha regalado “El Camino y otros pasos”, de César Gavela, que será para el autor del mejor microrrelato que se ajuste a las siguientes normas:

    1. La palabra ‘GASOLINERA’ debe aparecer en el microrrelato.
    2. La longitud del microrrelato no debe sobrepasar los 1.000 caracteres.
    3. El plazo para escribir historias finaliza el 15 de abril.
    4. Los cuentos se escribirán en los comentarios de esta entrada.
    5. La persona que deje el comentario debe ser autor del cuento que participa (¡obviamente!)
    6. El jurado es unipersonal, insobornable y con un pelaje blanco de exquisito brillo: yo.
    7. El premio al mejor microrrelato con la palabra ‘GASOLINERA’ consiste en el libro de relatos cedido por la librería Tres Rosas Amarillas: “El Camino y otros pasos”, de César Gavela

¡Mucha suerte a todos los participantes! Si a alguien tiene puros y whisky, que me lo diga. Acaba de entrarme un ataque de inseguridad sobre la masculinidad de los aperitivos de mi cocktail.

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Perro con Monóculo

Aquellos malpensados que vean en mi monóculo aspiraciones de grandeza han de saber que soy miope de un solo ojo. Vivo en una humilde mansión y me gusta proponer retos literarios http://perroconmonoculo.com/

Comentarios (28)

  • Laura

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    Antes de que la felicidad nos abandone la olvidaremos nosotros a ella, como a los viejos y los perros, en una gasolinera. La chispa de la vida hará que todo explote por los aires. Y nosotros divisaremos tristes el espectáculo por el espejo retrovisor.

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  • Victoria

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    Bájate, dice. Anda, bájate, me dice. ¿Será cabrón? Anda, bájate y cómprame chicles. Cómprame de esos que me gustan, de menta fuerte. ¡Yo sí que te voy a dar fuerte, pedazo de…! Pero esto no se va a quedar así, no… En esta gasolinera perdida, tiene que haber un teléfono. Mierda de batería… Pero se va a enterar… ¡Vaya sí se va a enterar! Andabájate… Después de aguantar dos horas su cara de sota, se atreve a esto. Andabájate, andabájate, andabájateycómprame… ¡¡Pedazo de…!!

    —¡Laura! … ¡Laura! ¿Eres tú? Escúchame, por favor… Ya te contaré con más detalle, pero hazme un favor: si aparece Rodrigo por ahí, ¡que ni se le ocurra meter un solo pie en mi cuarto! Coge sus cuatro camisetas cutres, haz un montón y préndele fuego. ¡¡Sí, has oído bien!! Que lo único que le quede sea el olor de las cenizas.

    Anda y bájate tú. Cabrón.

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  • Estibaliz

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    Traía el sabor amargo en su boca, mientras se acercaba con caminar pesado, hacia la única mesa que quedaba en pie, se sentó en el borde, descolgó la bolsa que llevaba en la espalda, y observo en busca de alguna pista de sus perseguidores.

    Hacia dos días que consiguió darles esquinazo en la vieja gasolinera, y sabía que ellos también irían a pie, allí no quedaba ni una gota del líquido según el libro de registro hacia cincuenta años que la abandonaron.

    Tenía hambre, pero había aprendido a tener paciencia, siguió inmóvil escuchando, tenía que asegurarse de que la casa estaba vacía, no le quedaba mucha munición.

    Tras un buen rato esperando en el que no oyó ni un ruido más que algunos tablones golpeados por el viento, decidió que en la casa no debía de haber nadie, y si lo había tenía tanta o más paciencia que él.

    Cogió su bolsa y al colocársela de nuevo lo vio, escrito en la mesa por la misma mano que las anteriores, pero ahora marcaba 70 km menos, pero ¿hacia dónde estaba siendo dirigido?

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  • Javier Olivar

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    Hace ya mucho tiempo, mi padre nos llevaba en su Seat 1500 blanco. Durante el viaje paró a repostar en una gasolinera, donde todos aprovechamos para bajarnos y estirar las piernas.
    Llegó el momento de volver a emprender el viaje.
    - ¿Estamos todos? -dijo mi padre-.
    - Sí. -dijo mi hermano Carlos, mientras le decía adiós con la mano a mi hermano Chema, que lloraba desconsolado en la visión de la luneta trasera de aquel 1500-.

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  • Manuel

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    Mi amigo Andrés trabaja en una gasolinera. Es arquitecto y llevaba casi un año en paro cuando un amigo de un familiar pudo enchufarle (sí, entró por enchufe) en una gasolinera de Madrid. De las pocas que quedan en las que los trabajadores tienen que echar la gasolina. Super contento tienes que estar de tener trabajo, le decíamos todos.

    Yo, en el fondo, pensaba que menuda mierda llegar a casa con las manos sucias y pasar frío/calor echando gasolina a señoras con abrigo de visón que le pasan los billetes por la rendija de un milímetro que se atreven a abrir de la ventanilla de su Mercedes.

    Pero Andrés está feliz, ha descubierto cómo quitarse las manchas negras de sus manos y ve cómo su nómina de gasolinero es mayor que la de arquitecto. Ya no quiere volver, ahora puede comprarse más polos de Ralph (Lauren, no el de los Simpsons) que antes, dice. Y, al fin y al cabo, para que trabajamos si no es para poder comprarnos más cosas.

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  • Cánigab Girl

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    Fantaseo con ello a diario. Veo como salta una chispa, que prende un pequeño charco de combustible, que, sin que nadie se percate, recorre discretamente el reguero que ha dejado aquella Vespa con el depósito picado, que llega al surtidor empapado del sudor de la gasolina, toma consistencia y envuelve el Mercedes que han dejado con la manguera anclada a la boca del depósito. Y en ese momento, toda la Gasolinera explota. Y yo, que lo he visto todo desde mi ventana del tercer piso, estaré tan asustado que, por fin, hoy tendre una buena excusa para no ir a la mierda de los Scouts.

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  • Victorpe

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    No fue culpa mía. Que su coche fuera más lujoso no le daba ninguna preferencia para repostar antes que yo. En la gasolinera me comporto muy diferente, puede que sean los vapores, puede que me agobien las esperas. Él quería sin plomo. No pudo ser. Tengo que esconder la escopeta.

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  • luis

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    Era agosto o era septiembre. Teníamos de todo. La ropa por el suelo,
    servicio de habitaciones. Televisión por cable, un montón de canales.
    La nevera llena de pequeñas botellas de licor, chucherías, sustancias, tres carreteras que no se cruzaban.
    Cuando volvíamos (callados y con la ropa sucia de la noche anterior, evitando los peajes, con la radio puesta y sin pasar de ochenta para intentar llegar a la siguiente gasolinera) compartíamos la certeza de haber sido, después de todo, derrotados.

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  • Blanca sushi

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    Extenuados, caminando bajo la luz de las estrellas con un cielo claro, que nos indica la senda.
    Sedientos, ávidos por chupar una piedra suave que nos quite la sed…
    Hambrientos, por un poco de sopa caliente que nos llenará de gozo…
    Felices, porque el peregrino siempre lo está…
    La etapa está a punto de finalizar.
    En lontananza, distinguimos un brillo, no es un lucero, es la señal. La concha nos guía al albergue donde una afable hospitalera nos sonreirá ofreciéndonos una calabaza rellena de buen vino. Resplandece amarilla, alta, en la noche. Podríamos cogerla y bebernos con ella el firmamento.
    Nos acercamos, es tan grande, tan luminosa, no podemos ni tocarla.
    Pd: Querido Kakuta, aún recuerdo aquella noche en la cual toda tu familia de Kyoto y yo mismo, ebrios de sidra, y agotados por los 45 km que recorrimos bajo un calor soporífero, confundimos el albergue del camino de Santiago con una gasolinera de la Shell.Aún no estoy recuperado de la cara que nos puso el camarero.
    Saludos.

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  • Neysa

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    El lunes fui a la gasolinera con la intención de dar de beber al coche. Llegué sobre las diez de la noche y, entre, que no se veía mucho y tenía que ir con cuidado para esquivar baches, pues me tragué un cono rojo de plástico, de esos que ponen en las obras.
    Me bajé del coche y cuando lo estaba sacando de debajo, aparece el gasolinero y me dice:
    - ¿No has visto el cono?
    - ¿Cómo lo voy a ver? Ahora sí, que me lo he tragado – le dije
    - ¿Y para qué paras en este surtidor ¿No has visto el cono?
    Y dale insistir con el cono.
    - Que el cono lo he visto ahora. No sé para que lo pones ahí.
    - ¿Cómo que para qué? Significa que este surtidor no tiene gasoil.
    Un diálogo de besugos, es lo que parecía la conversación. A todo ello, yo sacando el cono como podía de debajo, sin ayuda. Yo no sabía que el cono delante del surtidor significa que estaba agotado. Y le digo:
    - Vale, perdón. ¿En qué surtidor me coloco?
    - ¿Pero no ves que están todos los surtidores con cono? Con la huelga no nos han suministrado.
    - ¿Qué huelga?
    - Pues cual va a ser, la de los transportistas.
    Así me enteré yo, el lunes por la noche, de la huelga de transportistas. Creo que esta semana tendré que ir a trabajar algún día en autobús.

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  • Val

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    Donde trabaja de noche aquel pobre hombre que apodábamos “Calvarrabas” e incordiábamos con nuestras travesuras. Donde limpiábamos las bicis al volver de barro hasta las cejas de las rutas domingueras. Allí donde me mandaba mi madre a por pan cuando hasta el chino estaba cerrado. El mismo sitio donde me había tocado ponerme firme y disimular el puntillo a la hora de pagar, con la poli delante, que lo frecuentaba buscando sospechosos. Donde había dado rienda suelta al morbo de vivir cleptómanamente, robando el Hola de forma premeditada. Submarinos en el túnel de lavado, visitas a media noche a por priva -para no quedarnos privados-, gofres y batidos al volver de marcha, para reponer fuerzas. Donde sin más alternativas, un día ibas a por profilácticos. Fue allí donde el cajero me adoctrinó de forma definitiva afirmando que lo mejor era “llevarse a la boca el coño de otro”. Y donde hoy se forman colas infinitas por tres céntimos el litro. Esa es “la gaso”: la gasolinera de mi barrio.

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  • Marino

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    Tiene veinte años y no sabe qué está haciendo con su vida. Alguien de cincuenta años puede pensar que aún es un crío, que está empezando a vivir y que con tiempo y perspectiva se dará cuenta de que este problema en realidad es una migaja. Pero es serio. Aún con diecisiete años tuvo que tomar una decisión que marcará, si no toda su vida, al menos unos cuantos años. No sabía lo que quería y se equivocó. Sí, ha tratado de girar el volante, pero por unos motivos u otros ha seguido en la misma carretera que eligió poco antes de cumplir los dieciocho. ¿Es el destino? ¿Dios? ¿Una conspiración del universo? Muchas veces se lo ha planteado. Aún no sabe si seguirá por esa carretera (a ver adónde llega) o si tomará un desvío en el lugar menos previsto. Sólo espera seguir encontrando a lo largo del viaje ese lugar de apoyo, descanso y reposte que siempre le han brindado los suyos. Una gasolinera.
    ¿Y quién sabe? Quizá en unos años se dé cuenta de que no se había equivocado.

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  • Valmont

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    Solíamos ir a la gasolinera a pegar unos cuantos tiros. Charlie siempre fallaba. Eran buenos tiempos.

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  • Gedeón

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    El día que lo iban a matar, Santiago se peleaba con el autodefinido del periódico tras el mostrador de la gasolinera. El reloj de la caja marcaba las nueve, la radio exprimía el archiconocido single que coronaba las listas de éxitos y él aún era completamente ajeno al hecho de que le quedaban minutos de vida.

    “5. Vertical: Apellido del personaje apuñalado por los hermanos Vicario a las puertas de su casa”. Joder, lo tiene en la punta de la lengua, ¿cómo era? Santiago sabe que se trata de aquel libro de García-Márquez que le hicieron leerse en el bachiller. Lo sabe porque recuerda que el protagonista se llamaba igual que él y la historia le dejó marcado por un tiempo. Pero el maldito apellido se le resiste.

    “¡Eh, tú, las manos a la espalda y ni respires!” ¿De dónde ha salido ese tipo que le apunta con una pistola? Santiago no suelta el lápiz, casi tiene la respuesta ante sus ojos y no puede permitirse distracciones. Además, seguramente sea un farol. “¡Las manos a la espalda he dicho!”

    De pronto, se hace la luz en su mente, y Santiago sonríe. Y tiene el tiempo justo de escribir en el casillero antes de que la bala le impacte en el estómago: “Nasar”.

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  • unahormiga

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    El precio de la gasolina estaba por las nubes, pero nadie entendía por qué José cada día se hacía 200 kilómetros para ir a llenar su tanque al país vecino. La gente del pueblo se reían y hablaban de él a sus espaldas: “¡Pero si al final le sale más caro ir a esa gasolinera!” “¡Será gilipollas el tío!”. José pasaba de todo y de todos y cada día cogía su cochecito y cruzaba la frontera. Esas dos horas que tardaba eran las dos únicas horas en las que podía estar consigo mismo, su coche y ese trayecto eran para él la energía que le hacía falta para seguir en esta vida y además… el chico que trabajaba en esa gasolinera follaba muy bien.

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  • jose

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    Se bajó del coche con las llaves puestas, el motor encendido y la música de la radio a toda mecha. Se van a enterar los de la gasolinera. Dejó la puerta abierta para que se escuchara. Brüggen y Leonhardt a pleno sol con sus amigos. Qué bonita canción. Estaba a cuatro metros del surtidor, pero precisamente era ese el lugar que más estorbaba al resto de coches que llegaban. Él hacía que pensaba en otra cosa y los ignoraba. Parecía de lejos que bailaba. Saludó al hombre del suministro de la gasolina sin mirarle a la cara, que estaba allí poco entretenido cuando le vio llegar; se le arrimó con tino, casi con movimientos de baile de salón y le dijo que buscaba una barrita de pan caliente, que si se la podía servir, que se la pagaría. ¡Baje usted la música, o quítela, coño, que vamos a volar todos , y quítese, quítese de en medio!, le decía un conductor impaciente que con razón esperaba el paso y el sonido de la flauta le estaba poniendo nervioso.
    El hombre del suministro, valorando muy rápido la tarea insólita encomendada, nervioso por esa música que podía escucharse al otro lado de la montaña, decidió quitarse de en medio y traerle la barra de pan caliente para poner al asunto remedio. ¡Es usted un mendrugo! ¡deje pasar! Le gritaba otro.
    Llegó al fin el hombre con su barra. Aquí tiene la barra, márchese deprisa. Con ella en la mano la levantó agradecido con sus conciudadanos; era la señal de victoria. Parece que ni se la pagó cuando se subió al coche. Volvió a poner desde el principio el Andante de la 1034 y tiró para delante. ¿Se habrán enterado? Qué grandes somos, Bach. Y se fue nervioso pero bastante feliz.

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  • CrisSarC

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    Sebastián, estudiante de química y dibujante de cómics, escribió una historieta de ciencia-ficción en la que aparecía un cohete que utilizaba un combustible revolucionario a base de gominolas mineralizadas.

    - Es que me gustan tanto las chuches- se excusó, cuando le comenté lo inverosímil de su relato.

    Pero resultó que la agencia espacial china diseñó un motor que utilizaba ese combustible; la historia se complicó cuando la Agencia espacial de Sudáfrica anunció un viaje tripulado a Marte, precisamente con el sistema de propulsión ideado por Sebastián. La Agencia Europea llevó el asunto a los tribunales, aduciendo que ellos habían patentado la tecnología de gominolas atómicas, y acusaron a Sebastián de espía. Finalmente las partes llegaron a un acuerdo; una misión multinacional despegará la semana que viene de la base española de Calabuig.

    Sebastián trabaja ahora para la NASA, investiga un nuevo carburante de regaliz hidrolizado.

    Y lo venderán en gasolineras –concluye Sebastián.

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  • Torïo

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    La horda de zombis caníbales avanzaba inexorable hacia la gasolinera donde Joe y Mindy se habían refugiado. Lamentablemente, dicha estación de servicio se erigía sobre un cementerio indio, así que pese a estar a salvo de los muertos vivientes antropófagos, se vieron hostigados por una legión de energías ectoplásmicas. Por suerte, Mindy había realizado su tesis doctoral sobre los viajes a través de la cuarta dimensión y pudo construir una máquina del tiempo con uno de los surtidores, la máquina registradora y unos chicles. Sin embargo, olvidó tener en cuenta los parámetros de distorsión cuántica-espacial y reaparecieron en un planeta extraterrestre cuyos hostiles habitantes pretendían desintegrarlos con sus sofisticadas armas láser. Menos mal que Joe era en parte licántropo y la luna de aquel planeta lo transformó rápidamente en hombre lobo, permitiéndole desarmar a los alienígenas con suma facilidad.

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  • Carlos Jiménez

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    Le instó a que parase en la siguiente gasolinera que viesen en la carretera. Ella llegaba tarde a trabajar, pero mostraba, impasible, su cara más paciente. Sin arrugas. No podía decirle que no. Hoy estaba más guapa que nunca. El sol brillaba en sus cabellos dorados mientras que sus ojos conservaban esa inocencia que hizo que él se enamorase de ella. Desde el momento que la conoció, desde el momento que supo que se iban a recorrer 100 kilómetros todas las mañanas para ir a la ciudad a trabajar. Cada día un poco más. Una pena que ella no lo supiera.

    Detuvo el viejo cadillac. Siempre la pagaba él, ya que ella le daba clases de inglés. Era la excusa perfecta para verla un poco más y volver a quedar prendado de algo que escapaba a la lógica. Ella le hizo ademán de darse prisa, simplemente con una sonrisa y una buena palabra. Pero el verdadero combustible que él necesitaba en ese preciso instante no era la gasolina, sino un leve roce con sus labios que guardaría para la eternidad.

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  • Bondele

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    Y digo yo… Quien iba a decirle a Julio Guindos, el encargado de una gasolinera a las afueras de Madrid, que iba a enamorarse del famoso ladron de gasolineras que traia locas a las autoridades? Fueron más de tres veces las que robó el ladron, pero Julio siempre le daba todo el dinero de la caja sin rechistar. Se quedab embelesado viendo aquellos ojos azules arrebatadores. Extrañado se quedó el ladron cuando Julio expresó sus sentimientos y se ofrecio para ayudarle en sus robos. Por sorpresa, el ladron correspondió al encargado, y aceptó, y Julio no pudo ser más feliz cuando le acusaron de complice de los robos y pasó dos meses en la carcel. En la carcel, sí, pero con el hombre al que queria.

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  • Alberto QL

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    Algo le hizo volver a la realidad. Todo era familiar para él, ya que había hecho ese viaje cientos de veces, pero algo le había llamado la atención. Aunque no sabía decir el qué. Llevaba un buen rato ensimismado en sus pensamientos, algo desestructurados y envueltos en el halo hipnótico de una canción de The Doors que estaba sonando en la radio.

    La duda permaneció apenas un instante y enseguida volvió a la recta que tenía delante y a sus divagaciones moduladas por psicodelia musical de los 60. Le gustaba viajar en coche. Se sentía a gusto contemplando la inmensidad de la llanura que los rodeaba. Se sentía libre. Kerouac con ABS y climatizador bi-zona.

    No había hablado con ella desde que salieron y empezaba a ser incómodo. Todo lo que pensaba sonaba forzado. De reojo la miraba, concentrada al volante y parecía que también estaba buscando una excusa para decir cualquier cosa.

    - ¿Has visto que van a cerrar la vieja gasolinera? dijo ella finalmente.

    Todo se aclaró. Apareció la pieza que había cambiado. La llamada de atención en su GPS mental. Y sintió pena por la gasolinera que había sucumbido a la crisis. Pero sintió alegría al ver que de alguna manera sus pensamientos estaban conectados.

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  • HombreRevenido

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    La vieja gasolinera es ahora un apeadero para las diligencias, los jinetes y los caminantes. Si lo necesitas, puedes cambiar una herradura o sacarte una muela. El precio, el operario y los utensilios apenas cambian. Es la nueva economía. Sin petróleo y sin internet, o lo que es lo mismo, sin grandes viajes y sin opiniones negativas en la web, ha vuelto el hombre renacentista, lector metódico y aprendiz de todo.

    Germán, el encargado, el héroe moderno, pasa la fregona con mimo. El agua escasea, pero hay un honor quijotesco que le obliga a ello.
    El apocalipsis financiero no había resultado tan sucio y polvoriento como se suponía. La gente tomó conciencia de que era responsabilidad de todos mantener la higiene. Contra el colapso económico nada pueden hacer, pero tampoco van a renegar ahora de sus principios morales.

    El mensaje transmitido por tantas madres, generación tras generación, ha calado hondo. Si se produce el desastre inminente, la guerra nuclear, al menos nos pillará con la cocina y la muda limpia.

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  • Iñaki U.

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    Joder, cuánto hijodeputa. Uno coma cuatro Euros. Joder, unocomacuatroypico. Qué cabrones. En total ochentaypico casi noventa. Ostias. No hay derecho. Claro, que lo que deberíamos hacer todos es andar más, yo el primero. Y a tomar por culo el coche. El coche y la SEAT, bueno los cabrones de los alemanes que se creen que nos chupamos el dedo con eso de llamar al coche Toledo. Llamadlo Shalke o como cualquier otro pueblucho que tengáis, si es que tenéis huevos. A ver quién os compra el coche entonces. Bueno, con tanto gilipoyas los venderían como churros. Porque anda que no venden BMWs y Mercedes los cabrones. Joder, y encima es de prepago. Tó-ca-te-los-huevos, pre-pago. Paga antes que no me fío. Paga antes y luego ya veremos. Qué cabrones. Claro, que hacen bien, porque cualquier día arranco y salgo haciendo el caballito, ¿Qué no?, y que me busquen, y como yo otros tantos. Claro, normal que sea de prepago, yo también lo haría. Si tuviera una gasolinera les cobraba a todos antes de entrar,como en el peaje, y me forraba, . Y el que no pague no para, que luego hay muchos que solo paran a mear, o a beber agua. Qué cabrones. Llenan la botella y se van por donde han venido. Joder, cuánto hijodeputa.

    Responder

  • Nacho

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    Siempre quise poner ha arder la gasolinera. Lo llaman morbo

    Responder

    • Nacho

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      me he lucido con la h

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    • jhon Benavides

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      En la gasolinera de una ciudad, un policía bachiller dice — ¡Parece que hay una bomba! —, sin tener la más remota idea ni prudencia. Tres niños que estaban a su lado, al escucharlo, esperan los regalos, los payasos y comer una buena torta. Soplar las velas a ver si se conceden los tres deseos.

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  • Jose

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    Jose…

    Convocatoria Premios Monóculo de Oro III | Unfollow Magazine…

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