Federer vs Sampras, el partido que cambió la historia del tenis

Escrito por Guillermo Ortiz el . Posteado en Monográficos

Sampras-Federer, Wimbledon 2001

Federer y Sampras se saludan tras la batalla. Foto: The Telegraph

El juez de silla sueco Mohamed Lahyani se acerca a los dos jugadores y lanza la moneda al aire. El ritual de siempre. Lahyani sonríe, como es habitual en él: “El asesino sonriente” le llamarán años después en el circuito, cuando se convierta en una estrella. A un lado de la pista queda Pete Sampras, siete veces ganador del torneo, número seis de la clasificación ATP pero cabeza de serie número uno por los intrincados cálculos de la organización. Su temporada hasta el momento está siendo mediocre, a sus 29 años, primeros signos de decadencia: solo una final, en Indian Wells, y cuatro derrotas en primera ronda. No ha conseguido pasar de los octavos de final en Australia ni de la segunda ronda en Roland Garros.

Enfrente de Sampras, al lado de Lahyani, queda Roger Federer, un jugador suizo de 19 años que viene cumpliendo las expectativas que despertó como junior. Es el cabeza de serie número 15 pese a ser solo un adolescente, ha ganado su primer trofeo profesional en Milán y ha jugado otra final en Rotterdam. En París, apenas tres semanas antes, llegó a cuartos de final, cayendo en tres apretadas mangas contra el español Álex Corretja. Federer mira al cielo y mira al suelo, pero nunca mira al frente. Está tranquilo o quiere parecer tranquilo. Es la cuarta ronda de su torneo favorito y se tiene que batir con su gran ídolo de la infancia.

Los comentaristas de la BBC halagan el enorme talento del adolescente pero advierten de que primero tendrá que acostumbrarse a la Central del All England Lawn and Tennis Club, muy distinta a todas las demás. “Lo lógico es que acuse los nervios”, dicen. Federer se planta en la línea de fondo, un pañuelo enrollado con logotipo de Nike en la frente y el pelo recogido en media coleta. Se dispone a servir por primera vez en la pista más importante del mundo. Su primer golpe es un “ace”.

 PRIMER SET: FEDERER 7-6, 46 MINUTOS

 

Peter Lundgren, su entrenador, sonríe satisfecho. Federer ha pasado el primer juego sin apuros, dejando claro desde el principio su estrategia: saque y volea, tanto con el primero como con el segundo servicio. Junto a Lundgren, las imágenes muestran a una tímida y morena chica de brazos contundentes, Mirka Vavrinec. Mirka tiene 22 años, tres más que Roger, y es su novia desde que se conocieran en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, aquellos en los que Federer llegaría a semifinales inesperadamente para acabar conformándose con una desoladora cuarta plaza.

El primer momento de euforia de la bancada Federer llega con 2-1 para el suizo y 0-40 sobre el saque de Sampras. El público grita “Come on, Pete!” y Pete se da cuenta de que tiene que cambiar la táctica: en vez de abusar sobre el revés de Roger, mejor sacarle a la derecha o al cuerpo. La lección funciona: salva las tres bolas de break sin que su rival pueda apenas defenderse y se acaba llevando el juego. En 16 minutos de partido ya se han repartido tres cada uno. Un ritmo vertiginoso.

La oportunidad de Sampras llega en el siguiente saque, pero pierde la única bola de break de la que dispondrá en todo el set. Es un partido extraño, silencioso. Ninguno de los dos parece querer molestar. Dos caballeros sobre la hierba esperando el momento para desenfundar. El pacto se mantiene a base de restos mal tirados o voleas prodigiosas. Nadie amenaza el servicio del contrario y los “aces” caen a decenas. El partido llega al tie-break y el que empieza a sacar vuelve a ser Federer, que se pone 3-1, antes de que Sampras reaccione con un resto de revés a los pies. Se supone que el mejor golpe de los dos es la derecha pero esos latigazos imprevistos matan al contrario.

Sampras llega a colocarse 3-4 por delante y consigue un “mini-break” que le adelanta 4-5 con dos saques a su favor. De nuevo, Federer le sorprende con un “passing shot” de revés. Con 5-5, Pete lanza uno de sus misiles y Roger apenas toca la bola. “Come on!” se grita el estadounidense como si fuera Lleyton Hewitt, como si fuera el propio Roger Federer años después. Tiene bola de set, pero saca el suizo, que juega con fuego mandando una bola justo a la línea. Sampras se queda mirando a Lahyani. “It was way out!” grita desesperado. Son los tiempos anteriores al Ojo de Halcón, tiempos en los que espigados muchachos o señoras con faldas decidían el devenir de un partido. Federer consigue un punto de saque y su consiguiente bola de set con 7-6, pero Sampras no se rinde y empata a 7. El siguiente punto será el decisivo. Sampras tiene que recurrir al segundo saque y el resto de Federer toca la red, despistando al estadounidense y dándole el punto. Ahora sí, con 8-7 a su favor, puede cerrar el set con su saque… pero le entra el tembleque y juega un punto horrible que acaba con la bola a placer para Sampras a mitad de la pista, listo para pasar por cualquier lado a su rival, vendido en la red.

Sin embargo, Sampras falla. Mira la raqueta, se lleva las manos a la cintura como si no se lo creyera y busca en el marcador algo de empatía, pero el marcador lo deja claro: 7-6 en solo 46 minutos.

 

 SEGUNDO SET: 7-5 SAMPRAS. 47 MINUTOS

La desesperación de Sampras es la preocupación de su banquillo, donde las imágenes se fijan en Paul Annacone, su entrenador desde la muerte de Tim Gullikson por un cáncer fulminante, y la actriz Bridgette Wilson, su esposa, una rubia imponente que no consigue hacerse un sitio en Hollywood igual que Mirka no consigue hacerse un sitio en la WTA por más que lo intente. Sampras y Wilson se han casado en septiembre del año anterior pese a los consejos en contra de Andre Agassi, que había vivido de primera mano lo que era compartir matrimonio con una actriz, en su caso Brooke Shields.

Sampras y Agassi se detestan. A veces lo dejan más claro y a veces, menos: Agassi no puede soportar tener más talento que Sampras y ser incapaz de ganarle en los partidos importantes. Sampras no puede soportar que Agassi crea que tenía más talento que él. Nike les juntó en varios anuncios y su rivalidad se convirtió en un icono de los 90. Se enfrentaron en cinco finales de Grand Slam, la primera en el US Open de 1990 y la última también en el US Open pero de 2002. Agassi solo pudo ganar una.

Puede que Sampras no sea talento puro sí es un competidor sin igual. Su plan de juego no cambia en el segundo set. Esta vez ha empezado sacando así que tiene la pequeña ventaja de poner presión al rival si conserva el servicio. Con 2-1 a su favor, Federer parece ausentarse un momento del partido –algo común en él hasta que Lundgren le puso en su sitio- y tras dos dobles faltas, el de Maryland dispone de bola de break, su segunda del partido. Federer sale del apuro con su saque pero acaba el juego molesto, intentando estirar la cadera, como si algo le estuviera empezando a molestar. Sin querer prestar demasiada atención, vuelve al partido con más ganas aún: en los dos siguientes saques de Sampras dispondrá de cinco bolas de break: un 15-40 y un 0-40 que quedan en nada. Le está dejando escapar vivo y uno no deja escapar vivo a un trece veces ganador de Grand Slam sin pagar las consecuencias.

La dinámica del partido está clara: Federer domina desde el saque y el resto, generalmente un revés a los pies o una derecha liftada contra el revés de su rival. Todo esto hasta que el juego está a punto de decidirse y ahí es cuando Sampras renace con su colección de saques a 210 kilómetros por hora buscando las esquinas sin necesidad de limpiar la cal de las líneas. Ace. Saque y volea. Saque, volea y smash con las dos piernas encogidas en el aire para impulsarse. Tras nueve bolas de break perdidas, el chico de 19 años debería mostrar una cierta impaciencia; sin embargo, se limita a mirar su raqueta –el entorno le supera aún-, ajustar el cordaje compulsivamente y solo cambia el gesto cuando después de ganar Sampras su servicio y ponerse 4-3, el suizo decide llamar al fisioterapeuta para que le trate de los isquiotibiales.

Aquello tiene mala pinta. Los comentaristas se preguntan si esa pequeña molestia no derivará en una lesión que limite los movimientos de Federer. Sampras huele sangre y con dos restos directos de revés pone el 15-30 pero la pierna de Roger responde de momento y consigue igualar el marcador a 4. Ambos jugadores intercambian servicios con similar contundencia hasta el 6-5 para Sampras con saque de Federer. Por el nivel de juego mostrado, el set debería haber acabado ya hace tiempo y Roger debería estar a una sola manga de la victoria, pero el marcador es el que es y el adolescente no hace nada por mejorar su situación: el juego empieza con una doble falta y le sigue otra doble falta más y un fallo incomprensible con la derecha. En menos de un minuto, Sampras tiene un 0-40 y tres puntos de set.

Federer se revuelve gracias al saque: 15-40, 30-40, ace para el 40-40. Público entregado. El siguiente punto es de los mejores del partido: ambos jugadores mueven al rival en la pista, un peloteo serio, de los de ahora, hasta que el más inexperto falla. Nuevo set point y nuevo saque prodigioso de Federer que Sampras resta como puede. La bola llega mansa a la raqueta del suizo en la red, pero la tira fuera. Un nuevo error decide un nuevo set. Es el primer break del partido tras dieciséis oportunidades. Sea por las molestias en los isquios o para olvidar lo que acaba de suceder, Roger se va al cuarto de baño acompañado de un señor con un walkie-talkie.

 

TERCER SET: FEDERER 6-4. 41 MINUTOS

Pete Sampras espera sentado en su silla mientras se pasa una toalla por la cara y se vuelve a sentir en casa. La pista central de Wimbledon, donde todo empezó allá por 1993, cuando derrotó a Jim Courier para alzarse con su segundo título de Grand Slam. El primero había llegado tres años antes, por sorpresa, a los 19 años, la misma edad de su rival de esta tarde, en Flushing Meadows, cuando se cargó a Muster, Lendl, McEnroe y Agassi para convertirse en un nuevo ídolo generacional mientras Connors gruñía y le echaba en cara su falta de personalidad.

Sampras, el tímido. Sampras, el reservado. Sampras, el previsible. Desde entonces, hasta seis títulos más en Wimbledon (1994,1995,1997,1998,1999 y 2000) más otros tres en el US Open y dos en Australia, uno de ellos ante el español Carlos Moyà. La única pista que se le resiste, que se le seguirá resistiendo porque ya no tiene edad de cambiar de juego y adaptarse y sufrir deslizándose sobre la arcilla es la central de Roland Garros, donde llegó a las semifinales en 1995, en su apogeo como dominador del circuito, pero jamás pudo alcanzar siquiera una final.

Sampras sabe que tiene al menos un Grand Slam más en el cuerpo e intenta poner nervioso al chiquito suizo al que todos consideran su sucesor. Hay diez años casi exactos entre ellos. Uno nació en 1971, el otro en 1981. La misma flema, la misma mirada tímida, la misma elegancia. Reveses cortados combinándose con latigazos imparables, problemas con las bolas liftadas. Sampras mantiene su saque para empezar el primer set, Federer hace lo propio y después, a la undécima ocasión, consigue romper el servicio del estadounidense para colocarse 2-1. Tras el cambio de pista, dos reveses directos al resto le colocan a Sampras con dos bolas de break. Con una le basta. Federer ni siquiera ha tenido tiempo de disfrutar su triunfo mientras Pete grita “Come on!” otra vez, motivándose a sí mismo como si esto fuera su octava final cuando no es más que una cuarta ronda ante el cabeza de serie número quince.

Son los momentos más brillantes del partido. Ya no hay “aces”. De repente, se han ido. Cada punto cuesta y es una exhibición de habilidad en la red. Sampras se coloca 3-2 por delante y deja escapar vivo a un Roger que muestra un lenguaje corporal preocupante, como si estuviera a punto de bajar los brazos, justo antes de que vuelva el genio: dos reveses a los pies, un tercero a la línea de fondo para conseguir una nueva bola de break (ya van doce) que vuelve a desaprovechar merced a un punto de saque de “Pistol” Pete. En su servicio, con 4-3, Roger vuelve a tener problemas con el primer saque y decide abusar de su segundo saque liftado al revés de Sampras. Funciona una y otra vez, el americano no sabe cómo quitarse la bola de encima y la manda a las nubes. Curiosamente, lo mismo hará Rafa Nadal con Federer años después.

El momento decisivo del set y del partido llega con 4-4 y servicio de Sampras, que se adelanta 40-15 rápidamente, una mezcla de saques bien colocados y desidia al resto, como si ambos se prepararan para un nuevo tie-break. Federer se juega dos restos a los pies que le colocan en deuce. Luego, Sampras falla una volea sencilla para otorgar la 13ª bola de break a su rival. El siguiente saque es una maravilla, lo habitual en un hombre que ha llegado a las casi 300 semanas como número uno a base de dar lo mejor de su saque en el momento más necesario. Federer pone la bola en juego como puede, una bola alta que probablemente se vaya fuera. Sampras se empeña en cogerla al vuelo y rematarla con todas sus fuerzas, ese salto de “Super Mario” que le define. Sin entender cómo, estrella la pelota en la red y se queda de nuevo mirando la cinta como si ella tuviera la culpa.

Federer saca para ganar el set y lo acaba haciendo con un “ace” abierto. El adolescente grita su propio “Come on!” sin querer desafiar a nadie y se sienta en la silla con dos sets a uno de ventaja.

 

CUARTO SET: SAMPRAS 7-6. 44 MINUTOS

En la pista se oyen los gritos provenientes del partido de Greg Rusedski, nuevo ídolo británico desde su nacionalización. El partido de Tim Henman se jugará después y nadie quiere ver a Henman perder otra vez contra Sampras así que el público se decanta por Federer. Sampras está preocupado, se quita el sudor de encima de las cejas como si se apartara un bicho, con un solo movimiento de dedo y toma una bebida energética. Ha estado ahí antes, sabe lo que es remontar un 2-1 en un partido de Grand Slam. Lo ha hecho varias veces en Australia, en París, en finales de Masters Series, en el US Open… pero no lo ha hecho nunca en Wimbledon. Como consuelo, su rival, hasta este mismo año, nunca había ganado un solo partido en la hierba londinense. Ni a cinco sets ni a tres. Uno de los comentaristas de la BBC apunta que si el encuentro se alarga, el más joven tendrá ventaja, pero el más joven ya ha sido atendido por el masajista y es solo un adolescente, cuerpo aún no desarrollado completamente.

Los dos se levantan y Sampras vuelve a sacar. Gana su servicio y presiona con 0-30 el de Federer. Nada que hacer. Vuelven los puntos cortos y los saques incontestables. En once minutos, ya van 2-2. Seis minutos después van 3-3. La muñeca imposible de Sampras, la muñeca imposible de Federer. La sensación de calma después y antes de la tormenta. Pete llega a su vigésimo ace del partido, Roger va por catorce y subiendo. En 2009, a Roddick le meterá 50, record en una final de Grand Slam, para ganar su decimoquinto torneo del Grand Slam.

Sin embargo, para eso quedan ocho años. Ahora mismo, Sampras lidera 4-3 y presiona al resto con un revés cortado impresionante que pone el 15-30 y después otro resto casi ganador para el 30-40. Es el momento y el americano lo sabe. Ataca como un poseso. No hay tregua, rompe el ritmo, ataca con la derecha, Federer salva ese juego como puede pero en el siguiente saque, con 5-4 para Pete, se encuentra 0-30 en contra, a dos puntos de ceder la manga e irse al quinto set. Su respuesta: tres aces y un punto de saque. Ese es el nivel. Dos juegos más tarde el marcador refleja 6-6 y nos vamos al tie-break. El campeón está a siete puntos de irse a casa en octavos, su peor resultado en las últimas nueve participaciones.

No lo permite. El estadounidense barre al suizo de la cancha y se lleva el desempate por 7-2. Nos vamos al quinto set.

 

QUINTO SET: 43 MINUTOS 

Ahora es Sampras el que se va al baño y deja a su rival pensativo en la silla, único punto de mira de los miles de aficionados. En la BBC comentan que lo único bueno de la derrota de Federer en el tie-break es que al menos fue tan clara que no se estará acordando de tal o cual punto o fallo decisivo. Tienen razón, Roger ha entrado en una especie de “estado zen” en el cual dobla un pañuelo una y otra vez hasta que queda como él quiere. Es su segundo partido a cinco sets en el torneo pero no parece demasiado cansado y de hecho cuando sale a la pista, después de tres horas, trota e incluso esprinta un poco, al estilo de Nadal años después, una manera de activar los músculos… y de mandar un mensaje al rival. El saque es para Roger, y, si está nervioso, no se le nota: cuatro primeros servicios y juego en blanco.

A menudo, recordamos a Sampras como un jugador plano. En eso han tenido mucho que ver las acusaciones de Agassi, de Connors, de Courier, tenistas agresivos, viscerales en ocasiones, que no podían entender que aquel robot lanzara saque directo tras saque directo y estuviera siempre donde debía en el momento oportuno. Es un recuerdo injusto. Sampras tenía un talento descomunal, una elegancia irrepetible en los movimientos, que cuadraban perfectamente con su contundencia. Este partido es una demostración. Incluso en el ocaso de su carrera, lejos del número uno de la ATP que ha dominado desde 1993, deja puntos mágicos y demuestra que es el que mejor volea desde las retiradas de Stefan Edberg y Boris Becker. Un espectáculo al que se une Federer, que irá perdiendo con los años esa facilidad para subir y matar la jugada en la red, más acostumbrado cada vez al juego de tiralíneas desde la cal.

El suizo tiene una pequeña ventaja mental: al empezar sacando en el quinto set, cada vez que gana su servicio coloca a Sampras en una posición de vida o muerte. La presión está del lado del estadounidense pero el estadounidense no parece inmutarse. Ni una bola de break, ni un deuce. Sucesión de aces (Federer ya ha igualado a Sampras, 25 cada uno) y juegos tan rápidos como durante el resto del partido.

El campeón sigue jugando las bazas extratenísticas: pone caras, se desespera con los jueces de línea, les traspasa a ellos la presión que debería estar sintiendo él. Federer, no. Federer, nada. Federer parece demasiado tranquilo y puede simplemente que esté demasiado cansado. Trota otro poco, para animarse, y saca con 4-4. Sampras sabe de nuevo que es el momento y se lanza al ataque como en sus mejores tiempos. Está claro que a estas alturas su juego se limita a dejar pasar servicios para presionar solo en el momento clave del set y el momento clave es este: corre como nunca, saca passings increíbles y se coloca 30-40 con un resto paralelo de revés. Es el partido. Un punto más y sacará para ganar esta maratón y optar a su octavo Wimbledon. Federer mete un buen primer servicio, pero Sampras resta como un campeón: a los pies, lo que obliga a Roger a sacarse la bola de encima como puede y dejarla botando a media pista. Pete tiene toda la pista para pasar a Federer pero prefiere asegurar tirando al cuerpo. Se equivoca. Los reflejos de Federer pueden con todo y cierra la jugada con una volea.

No se rinde Pete, que no puede soltar a la presa. No ahora. No después de tres horas y media. Otro resto directo de revés y otra bola para el 5-4 y saque. Federer falla el primer saque y se la juega con el segundo. Es un saque colocado que le permite subir a la red y obliga de nuevo a Sampras a pasarle si quiere ganar el partido. Sorprendentemente, Sampras vuelve a fallar y se lamenta porque estas oportunidades rara vez vuelven. No lo harán, desde luego, en ese juego: un nuevo saque liftado de Federer al revés de su rival le coloca 5-4 por delante.

Sacar después de haber desaprovechado bolas de ruptura al resto es un suplicio. Tu cabeza no está en lo que tiene que estar sino que se recrea en ese golpe mal dado, esa estrategia mal concebida… Los comentaristas temen la falta de concentración de Sampras y lo que se encuentran es con un juego en blanco mientras en el banquillo, Annacone anima y Bridgette Wilson se muerde las uñas. Mirka sigue impertérrita, como la veremos en los siguientes doce años. Lundgren parece estar pensando en cualquier otra cosa: qué se tomará después del partido, por ejemplo.

El siguiente saque corresponde a Federer. En el quinto set de Wimbledon no hay tie-break, así que seguirán jugando hasta que alguien gane dos juegos seguidos. Sampras lanza otro resto directo para colocar el 15/15 pero ahí se quedan sus esperanzas. Federer sigue sólido, sigue metiendo presión: 6-5, saque Sampras. El primer punto lo juega con segundo servicio y se come un resto directo de revés de Federer para el 0/15. En el segundo punto, asegura: un buen primero difícil de devolver aunque no demasiado rápido: Federer reacciona de maravilla y le obliga a una volea casi imposible que se va fuera. 0/30. El campeón, a dos puntos de irse a casa. ¿Cómo reacciona Sampras en un momento así? Con un saque a la T que Roger apenas puede tocar. Siguen la tensión y los aplausos y silbidos habituales en estos momentos en la Central, por lo demás bastante callada el resto del partido, sin poder saber que están viendo el único enfrentamiento entre los dos jugadores que más títulos de Grand Slam tendrán diez años después. Sampras se vuelve a quitar el sudor de encima de las cejas, un tic como otro cualquiera, y saca abierto. Federer resta a los pies una vez más y la volea baja del americano se queda en la red. Federer aprieta el puño, ve el futuro, ese futuro con el que le llevan engatusando desde que casi completa el Grand Slam como junior en 1998.

Federer llora tras la victoria. Foto: Clive Brunskill/ALLSPORT

Federer llora tras la victoria. Foto: Clive Brunskill/ALLSPORT

Es la primera vez desde 1996 que Sampras se enfrenta a un punto de partido en contra. De hecho, ha ganado 53 de sus últimos 54 partidos en Wimbledon sin verse jamás en esta situación. Está tenso, se nota. Eso no quiere decir mucho porque este hombre puede estar tenso y sacarte a 220 kilómetros por hora justo al vértice de las dos líneas de saque.

No es el caso.

Su primer servicio no se abre lo suficiente y queda centrado, a merced de Federer, que prepara su derecha y la coloca tranquilamente lejos del alcance del americano. Inmediatamente, antes de que Lahyani cante el marcador final, se pone de rodillas y se reboza en la hierba, ya entonces al borde de las lágrimas. A los pocos segundos se da cuenta de quién le espera al otro lado de la red y corre a darle la mano. El encuentro es frío, nada de abrazos y felicitaciones, un simple apretón entre dos campeones que no se volverán a ver jamás en partido oficial.

Ya sentado en su silla, mientras la Central despide a Sampras con una ovación impresionante –el año siguiente sería su último en Wimbledon y caería ante el desconocido Bastl en segunda ronda-, Roger rompe a llorar como romperá a llorar ocho años más tarde, en 2009, después de perder la final de Australia ante Rafa Nadal mientras el público le aplaudía a él, incapaz de controlar su frustración y su emoción a partes iguales. Resulta casi tan inconcebible que Federer haya ganado a Sampras jugando a este nivel a los 19 años como que se tuviera que tirar dos años más antes de derrotar a Philippoussis en la final para ganar su primer Grand Slam, cómo no, en Wimbledon. Después caerían otros 16, 6 Masters Cups y dos medallas olímpicas, en individuales y en dobles.

Sampras, que durante el partido y el torneo, intuía el declive pero aún soñaba con un éxito más, solo tuvo que esperar un año para ver su profecía cumplida: lejos ya del top 10, desahuciado para muchos, se llevó el US Open de 2002 en una final apoteósica ante Agassi. Ese fue su 14º torneo de Grand Slam y su último partido como profesional.

 

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Guillermo Ortiz

Cofundador de UNFOLLOW. Escritor y filósofo, colaborador de revistas como JotDown, El Imparcial o Neo2. Blog: http://bretguille.blogspot.com

Comentarios (7)

  • Chaviol

    |

    ¡Dios bendito! Ha sido casi mejor que verlo por televisión. No dejas se sorprenderme. Siempre es agradable leer tus artículos pero, en este caso te aseguro que me has tenido pendiente del final como si fuese una película de suspense. Enhorabuena y gracias

    Responder

  • Iñaki

    |

    Lástima que ya no se enseñe a jugar con el revés a una mano. Porque no sé si veremos un sucesor para Federer, como lo tuvimos para Sampras.
    Grandioso relato. Gracias.
    im

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  • Gabriela

    |

    Impresionante articulo, sabiendo el resultado me atrapaste hasta la ultima palabra, exelente

    Responder

  • Guido Calvimontes

    |

    Sencillamente espectacular.

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  • erica

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    Excelente crónica… Me puso la piel de gallina! Quizás porque hoy perdió Roger la final me dio por leer esto??

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  • Pablo Llanos

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    Estimadísimos, el artículo es muy bueno y me transporta a un momento y a tiempos que lamentablemente no volverán. Ese partido fue increíble y pensar que pasaron más de quince años. Entra en el terreno no solo de la historia sino de la nostalgia. Pistol Pete fue el monarca de los 90′s. y marca el final de un de un siglo y de una época plateada. Un romperecords absolutos. El Gran Roger es el ícono de la década siguiente, un tiempo dorado -a mi entender mas espectacular y soprendente aún- y determinará el rumbo del tenis de la primer manga del siglo XXI. Un romperecords de romperecords. Hoy la maquinaria suiza atrasa y está más cerca del busto que de los courts mientras que el estadounidense está definitivamente en las páginas de la Historia. Los dos me emocionan, los dos me impresionan, a ambos los añoro. Esa final de Wimbledon fue una bisagra entre dos siglos y entre dos eras del deporte blanco. En esta segunda manga, vemos que los fenómenos post Federer (Rafa y Novak, otros dos monstruos) están también en su final de ciclo, aunque al serbio todavía le queda algo más de cuerda para seguir dominando y ganando cosas. Qué asoma por ahí? Quién puede suceder a estas bestias sagradas? Quién lo sabe! No veo en el futuro inmediato nombres que puedan repetir las hazañas de este tiempo dorado que ya está cerca de bajar el telón porque el crudo reloj biológico les marca las tres décadas a sus protagonistas. Ojalá me equivoque pero de todos modos, con lo que vi, viví y disfruté ya tengo más que suficiente y soy un agradecido de ello.

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