Aleix Saló: “El paréntesis no es la crisis, el paréntesis fue la burbuja”

Escrito por Guillermo Ortiz el . Posteado en Entrevistas

A sus 29 años, Aleix Saló se enfrenta de nuevo al reto de la divulgación. Desde que saltara a la fama con el vídeo de su libro “Españistán”, Saló es una referencia para muchos ciudadanos que no entienden lo que pasa en su país y en el mundo. Obviamente, eso tiene sus riesgos, como él mismo reconoce: “Al utilizar un lenguaje muy popular, tengo facilidad para manipular muchas cosas… y de hecho quizá lo estoy haciendo sin darme cuenta”. Lo cierto es que en “Euro Pesadilla” intenta ir un paso más allá, sin quedarse tanto en el presente y en el discurso más o menos directo, para explicar, en cambio, siglos y siglos de Europa y su lugar en el mundo. Si por algo destaca Aleix es por su claridad, eso nadie se lo puede negar. Su visión de la progresiva desaparición de la clase media, una clase media acostumbrada a planificar, caracterizada por la estabilidad y que ahora ve cómo todo se tambalea, es brillante. En esta entrevista intentamos alejarle un poco del entretenimiento para aclarar conceptos que pueden quedar perdidos en sus vídeos y sus libros. Otra cosa, como él mismo diría con su constante humildad, es que lo consigamos.

Fotógrafa: Lola Guerrera

Después de “Simiocracia” desapareciste del espacio público para preparar este libro, ¿qué sensaciones tenías entonces, cuánto había de necesidad de prepararse y cuánto de necesidad de escapar de un estrellato tan repentino?

Déjame que ponga en duda lo de “estrellato repentino” porque creo que me viene un poco grande. Tener muchas visitas en YouTube es como un músico que toca en el metro: te pueden oír cien mil personas a lo largo del día y que por la noche nadie se acuerde de ti. De todos modos, mi retiro -que tampoco era tal, porque seguía colaborando en un programa de la SER- era más una cuestión de sensatez, de decir “me tengo que poner con el libro porque si no no voy a cumplir el calendario”. Las redes sociales te quitan mucho tiempo y yo las veo como trabajo. Y también un poco para dosificarme, porque a veces lo de estar permanentemente disponible hace que se devalúe un poco tu trabajo.

¿Qué tecla crees que tocaste con “Españistán” para conseguir un éxito así con el vídeo de un libro que se vendió relativamente poco?

¡Mucha gente me decía “El cómic me ha gustado”, refiriéndose al vídeo, cuando el libro llevaba un mes en las tiendas muerto de asco! Era una apuesta tan arriesgada, basándome en pura intención, que para mí fue un aprendizaje. Aquello fue un golpe de suerte más o menos desordenado, pero yo estoy mucho más contento de lo que ha venido después: con más conocimiento de causa y más opiniones para valorar mi trabajo, he ido redireccionando mi mensaje y quizás ahora me vea menos gente, pero vendo más libros. “Simiocracia” vendió más que “Españistán” y espero que “Euro Pesadilla” venda más aún.

Una vez dijiste “No tengo recetas para el futuro, pero me gusta explicar el pasado”. Sin embargo, la gente pide soluciones inmediatas para el presente, ¿cómo vives esa exigencia?

Es un equilibrio complicado. El análisis del pasado siempre lo he hecho y lo seguiré haciendo, entre otras cosas porque, recalco aunque parezca un pesado, yo no soy un experto: trabajo en una liga inferior y trato de hacer de puente entre el mundo popular y el académico. De hecho, el propio leitmotiv de este libro, el “vampirus ibericus”, es una recreación popular del ya famoso término de Robinson y Acemoglu de “élites extractivas” en su libro “Why nations fail?”(“¿Por qué fracasan las naciones?”). Es como llevar eso al “mainstream”, al cómic. Dicho esto, en serio, dudo que alguien me tome como referencia…

“Cada vez que Alemania se ha propuesto ejercer el liderazgo político, Europa ha temblado”, dices como conclusión en “Euro Pesadilla”, ¿cuándo en la historia ha dejado de temblar Europa y bajo qué liderazgo?

Es que con Alemania ha sido todo más bestia, por eso tenía tanto interés de hablar del “creciente fértil” y de todos esos núcleos de población que han sido el centro de desarrollo que irradia influencia al resto del mundo. Alemania ha sido el centro de desarrollo continental durante siglos, a nivel económico, cultural, tecnológico… pero no tenía el peso político, que prácticamente siempre pertenecía a París. Esto es después de la Edad Media, cuando el “creciente fértil” europeo pasa del sur al norte, con, por ejemplo, Holanda, el primer gran país capitalista. Cuanto más lejos estás del “creciente fértil” europeo, más difícil lo vas a tener. En fin, creo que está claro que cuando Alemania ha querido utilizar ese poder económico y pasar a ejercer un poder político, Europa ha temblado: ocurrió con la I Guerra Mundial, después de la muerte de Otto Von Bismarck y la escalada de soberbia en un país que prácticamente era nuevo y que se impuso a sí mismo conquistar toda Europa; en la II Guerra Mundial pasó lo mismo y parece que ahora vuelve a ocurrir, aunque sea un paralelismo peligroso comparar a Merkel con Hitler y he intentado evitarlo.

Pero sí metes ese paralelismo para hablar de las protestas actuales, sobre todo en Grecia, contra Merkel…

Sí, pero sale más para describir Grecia que para describir la propia Alemania.

Sin embargo, los modelos de dominio político de la I y la II Guerra Mundial no tienen nada que ver con la situación actual. La I Guerra Mundial era, efectivamente, una exaltación de la “kultur” alemana, la II Guerra Mundial de la “raza” alemana, o más bien indoeuropea, pero ahora no hay nada de eso, ahora es simple economía, la imposición de un modelo de vida basado en el ahorro y el trabajo…

Sí, evidentemente, esta vez Alemania ha conseguido liderar Europa sin pegar un solo tiro, pero eso no deja de ser un efecto secundario de una construcción comunitaria a medias. En el fondo Merkel se está excediendo en sus funciones, las de la cancillería que preside, porque hay un vacío de poder en las instituciones europeas, que se plantearon como algo que con el tiempo se iría llenando de competencias. En cambio, en lo económico te das cuenta de que los primeros intentos de unión entre países en Europa son siempre comerciales, abrir los mercados les hacía más competitivos, y ese “creciente fértil” (que yo llamo: Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Países Bajos y Francia, más la parte del norte italiana) se unió y lideró Europa… pero en lo económico solo. Eso se ve en los Pactos de Maastricht, que son muy ambiciosos a nivel económico y muy dispersos en lo político. Creían que tener una moneda única, un solo Banco Central, haría que los ricos aumentaran su capacidad comercial y que los pobres se contagiaran automáticamente de ello. Esto solo se entiende en el contexto de globalización, es una respuesta a la competencia con economías de otros continentes, con costes más bajos.

El caso es que tenemos ahora un Parlamento Europeo y una Comisión que no tienen poder alguno para imponer nada a los estados, pero a su vez éstos tienden a ese discurso de “ay, es que me obligan a hacer esto, a hacer lo otro, pobre de mí…”. No, perdone, usted es un Estado y cuando quiera puede salir del euro y si no lo ha hecho es porque no le ha dado la gana. Si usted se está sometiendo a Alemania es porque no tiene dinero y le está pidiendo dinero. Es una imposición voluntaria, aunque a veces pueda parecer un chantaje. Esto no es colonialismo: no es un Estado que ha perdido la soberanía, sino un Estado que no tiene un puto duro, que no sabe qué hacer, que está pidiendo dinero… y al que le piden a cambio unas contrapartidas que tampoco está cumpliendo. La gente se queda con los recortes, que se están haciendo de manera muy torticera, pero lo que pide Alemania son reformas que se basan en el pragmatismo: hacer instituciones más prácticas, más racionales, más eficientes… no más pequeñas, ojo. Alemania no pide que se recorte en educación y sanidad, sino que se acaben determinados chollos políticos que cuestan mucho dinero.

Pero eso los británicos lo ven desde el principio… La imposibilidad de los estados del sur para organizarse de una manera racional tal y como se entiende en el norte.

¿Y les das la razón a los británicos?

Ni se la doy ni se la quito, pero parece que tienen un sentido mucho más claro de lo que quieren y de lo que se puede esperar de los demás, sin querer cambiarles. Alemania quiere una Europa en la que el sur sea el norte. Inglaterra dice “nosotros no creemos que el sur vaya a ser el norte, así que más allá del comercio no queremos ningún tipo de vinculación política”. Es coherente. Alemania sabe cómo es el sur y, aun así, pacta con nosotros, organiza instituciones comunes, incluso compra deudas y de repente se da cuenta de que somos un desastre organizativo. A los ingleses no parece haberles sorprendido.

Es que eso ya está en la Historia: Inglaterra desde siempre ha dado por perdido el continente y se ha centrado en sus colonias mientras Alemania se ha obsesionado en intentar influir en su entorno porque es el que le hace ser próspera y ganar dinero. Hay un discurso buenísimo de Thatcher, el del “No, no, no”, porque la tía, sin compartir sus ideas, era una grandísima hija de puta, en el mejor sentido del término. La tía ya te hace una serie de reflexiones, visionando lo que estaba por venir. Va a la Cámara de los Comunes y dice: “En las cumbres me están imponiendo que vaya a más Europa y que hagamos Comisiones y Parlamentos… pero, ¿con qué garantías?” Ella no quería ceder sus competencias a un grupo de funcionarios sobre los que no iba a tener apenas control. Enfrente tenía a los laboristas, que, aunque solo fuera por llevar la contraria, eran más europeístas (risas).

De hecho, en Inglaterra es donde nacen las grandes universidades y las grandes ciudades burguesas en la Edad Media, el liberalismo político y después el económico con la Revolución Industrial. ¿Qué ha quedado de ese liberalismo en Europa y especialmente en España? El problema es que aquí fagocitamos todos esos conceptos, por eso hablar de si hace falta más o menos liberalismo en España es absurdo. Un amigo mío, Juanjo Sáez, que no se mete mucho en política, me dijo una vez una frase que me gustó: “Es que quizá tenemos que asumir que el capitalismo, en el sur de Europa, no funciona, y hay que pervertirlo para acoplarlo a nuestra manera de vivir”. Para mí esa frase resumía cómo un mismo modelo, una misma receta, puede tener resultados distintos de un país a otro, pero ese debate se escapa del de los medios en España, rollo “El Gran Debate”, en Telecinco: los de a favor contra los de en contra, los de izquierda contra los de derecha, los liberales contra los estatalistas… En este país todo el mundo sabe lo que hay que hacer, pero en los últimos 25 años nadie ha hecho absolutamente nada para adaptarse a las nuevas reglas de juego, porque el mundo ha cambiado y, aunque no nos demos cuenta, el paréntesis no es la crisis, el paréntesis fue la burbuja.

Tras la crisis económica hay una crisis política, ¿para cuándo analizar la crisis periodística o analítica que ha permitido ambas, aplaudiendo a menudo?

Es lo que te decía antes del entretenimiento. El objetivo es el entretenimiento, y me temo que en eso me incluyo yo también.

Sí, pero no es un “entretenimiento” tal y como lo entendemos estilo “Un, dos, tres”, sino un entretenimiento enfocado a simplificarlo todo y llevarlo al odio, eso también lo decías tú antes.

Para mí es una catarsis y me gustaría hacer una reflexión muy cortita: en este país tenemos aún pendiente un debate que ya hubo hace años en Estados Unidos o en Inglaterra en los años 80. El debate de empezar a preguntarnos hasta dónde llega la responsabilidad del individuo en su toma de decisiones. Para mí esto resume muchos de nuestros problemas: el que ha firmado una hipoteca, el que ha comprado una preferente, el banco que ha vendido esa preferente o ha concedido esa hipoteca, el sector que hizo ver que no pasaba nada y no reguló cuando tuvo que hacerlo. El problema en España es que aquí nadie se hace responsable de sus actos. Gente que incluso habiendo firmado algo –y no hablo solo de hipotecados- parece que lo hace obligado. Pasa también con el trabajo, la gente que dice “me están explotando”, habrá que ver hasta qué cierto punto tú has firmado ese contrato. “Ah, es que no tengo otra opción”… Depende.

Eso viene recogido de manera formidable en “Simiocracia”, la burbuja del trabajar gratis o en condiciones lamentables porque de esa manera aumentamos el CV… y ya después vendrá algo mejor que no sabemos qué es.

Es un debate pendiente que tenemos porque creo que al final todo el mundo escurre el bulto. Se le echa la culpa al otro y muchas veces es más pernicioso dejar hacer que hacer.

 


Para ir acabando, y hablando de la clase media, que en principio es la protagonista del libro, hace poco leí a alguien que el 15-M era el último movimiento de una clase media consciente de que iba a dejar de serlo, ¿qué te parece ese análisis?

Pues me parece de lo más acertado que he oído, aunque el 15-M es algo muy difícil de clasificar. La clase media, tal y como se entendía hasta ahora, estaba basada en la visión a largo plazo: en el ahorro, en la estabilidad, en el trabajo durante 20 o 30 años en una misma empresa, sabiendo que no te iban a echar. Se sustentaba en la previsión, en el pensar en el mañana. Esto ha cambiado porque las reglas del mundo laboral han cambiado. Vamos a una época de mucha mayor volatilidad, donde el que pretenda hacer planes a demasiado largo plazo se va a ver perjudicado, y ya lo estamos viendo: el que tenga patrimonio verá cómo se devalúa ese patrimonio; el que tenga ahorros se estará jugando que le hagan una quita en cualquier momento.

Un liberalismo curioso: si ahorras mucho, el Estado o Europa te quitan el dinero…

Eso no es liberalismo. Me hizo mucha gracia lo de Chipre, porque tú seguías el debate en Twitter y para unos era puro intervencionismo, casi estalinismo, mientras que para otros era una muestra del mercado del capital liberal. Cada uno interpretaba el mismo hecho como le daba la gana. Ahora hace falta hacer un ejercicio de sensatez e intentar tener claro qué es cada concepto porque si no al final todo es culpa del liberalismo o todo es culpa de los estados, y eso no puede ser. Si sobrevive la clase media creo que va a tener que ser por la apuesta a otro tipo de mercado de juego, creo que el que va a sobrevivir con mayor facilidad va a ser el que tenga menos carga en la mochila, el que se adapte antes a los cambios y el que sea más flexible.

Y en España, ¿qué camino nos queda entre los partidos políticos actuales con sus escándalos de corrupción y el peligro creciente de un populismo enfurecido?

Mira, un país no cambia de un día para otro. La Alemania actual viene de unas reformas y una apuesta por la tecnología que hicieron hace más de cien años, y ahí hicieron un esfuerzo muy grande. Por eso critico a Merkel, porque teniendo la razón en algunas cosas no puede pretender que los países del sur de Europa dejen de ser los países del sur de Europa en solo dos años. España no puede dejar de ser España… y si hay alguien que se siente a disgusto en España va a tener más fácil emigrar que cambiar las cosas desde dentro.

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Guillermo Ortiz

Cofundador de UNFOLLOW. Escritor y filósofo, colaborador de revistas como JotDown, El Imparcial o Neo2. Blog: http://bretguille.blogspot.com

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