Alfonso Zapico: “Que un genio de la literatura se aburriera en las tertulias literarias me alucina”

Escrito por Ana Boyero el . Posteado en Entrevistas

Debido a un resfriado permanente, Alfonso Zapico siempre se dibuja con bufanda. 

James Joyce se enamoró de su vecina Martha Fleischmann al asomarse a la ventana y encontrarse a la joven tirando de la cadena del váter. “Ese momento mágico donde surge el flechazo me pareció tan sórdido que tuve que dibujarlo”, explica Alfonso Zapico, ganador del Premio Nacional del Cómic 2012 por su biografía dibujada del escritor irlandés. Esta escena no es una excepción en “Dublinés”, una obra que retrata a uno de los escritores más admirados de la Literatura como alguien egoísta, orgulloso y bastante rarito.

Aunque muchos textos de James Joyce no sean precisamente accesibles, la novela gráfica de Zapico sí lo es. Las contradicciones del Joyce personaje no dejan de sorprender. Es un putero romántico, solo escribe sobre la Irlanda de la que reniega, conoce en profundidad todos los ritos del catolicismo pero ni se casó ni bautizó a su prole (Nora Barnacle, su pareja, llegó a amenazarle con bautizar a sus hijos para que dejara la bebida) y es capaz de combinar el ego más subido de la isla con un abrigo sucio porque “no se gana nada por ir limpio”.

“Joyce no responde al cliché de escritor pedante, plano y previsible que uno puede imaginarse. Que un genio de la literatura se aburriera en las tertulias literarias me alucina”.

Zapico nos descubre al irlandés de una forma divertida y sin idealizar, algo que encaja perfectamente con el rechazo al romanticismo que profesaba el propio Joyce, quien prefería retratar a pusilánimes auténticos en vez de a falsos héroes.

“La vida sí era como nos la contaba Joyce. Él rescató a los hombres y mujeres comunes y les dio el protagonismo. “Ulises”, que es un libro muy críptico, en realidad da igual por qué capítulo lo empieces: el libro son pequeños trozos de vida auténtica. Esos momentos que retrata están extraídos de la vida común de Irlanda de principios del siglo XX y dejan atrás el romanticismo de esos personajes tan heroicos y artificiales de la literatura del pasado”.

Además de leerse “Ulises”, “Dublineses” y “Retrato del artista adolescente”, Alfonso utilizó dos biografías del escritor (una de ellas tenía datos tan concretos como los nombres de sus periquitos o que se cortó el pelo a cepillo) con los hechos que modelaron la personalidad del escritor, a su vez marcada por las debilidades de sus antepasados. Escribe Zapico que el principal legado del bisabuelo de James Joyce fue “su ferviente nacionalismo, su profundo desprecio por el clero y una ineptitud para sacar adelante cualquier negocio que acompañaría a todos los Joyce posteriores durante toda su vida”.

 

LA RUTA JOYCE

Pero para escribir sobre uno de los escritores más importantes de la literatura no valía con leer y buscar fotografías en Internet. Había que viajar -como hizo Joyce- y había que beber pintas -como está claro que hizo Joyce-. El irlandés también se fue bastantes veces de putas, pero Zapico no consideró que fuera necesario profundizar en este tema.

“En Trieste quedé con un profesor de literatura experto en Joyce que me invitó a comer en un restaurante muy pequeñito en el gueto judío. Me contó que probablemente ese sitio en otro tiempo habría sido una taberna o un prostíbulo. Así que no me hice la ruta estricta del protagonista, pero sí comí en el barrio de las putas”.

De hecho, su única compañera en la excursión a Irlanda fue su mujer, Manuela. Juntos siguieron la pista del escritor, bebieron cerveza negra en bares con moqueta y se engancharon a un culebrón de la televisión pública. Era septiembre de 2008 y por entonces ni los irlandeses ni los españoles sabíamos deletrear Lehman Brothers. Después de Dublín llegaron las otras ciudades en las que Joyce vivió durante su huida hacia el continente. Zapico visitó París, Trieste y Zurich.

“A París viajé en tren y llegué a la estación de Montparnasse, como Joyce. Aunque no vi lo mismo que él porque esa estación la derribaron y en su lugar construyeron un mamotreto de hormigón”.

En esos lugares investigó e hizo anotaciones y dibujos que luego aparecieron en el cómic.  También compró documentación que le sirvió para ambientar con realismo sus viñetas desde los últimos años del siglo XIX hasta 1941: libros, álbumes históricos, postales antiguas… y un glosario de moda que le permitía vestir a sus personajes en función de la década y la ciudad en que vivieran. Internet era la última y agradecida opción cuando tocaba dibujar algo muy concreto que Alfonso no encontraba en sus libros (por ejemplo, una ambulancia).

“Hay detalles muy tontos que pasan desapercibidos, pero yo los he metido porque quería que fuera real. La portada de la primera revista en la que Joyce publicó en Francia el “Finnegans Wake” es la portada real. El lector probablemente no se dará cuenta, pero yo tengo la sensación de haber hecho bien el trabajo”.

Alfonso amortizó doblemente sus viajes por Europa cuando en 2011 publicó también con Astiberri “La ruta Joyce”, un cuaderno de viaje ilustrado en el que añadió su experiencia en el congreso joyceano de la Universidad de Deusto. Allí escuchó las rebuscadas intentonas por unir la obra de James Joyce con la historia del País Vasco y también recibió un consejo muy útil: “No se te ocurra utilizar fragmentos de la obra de Joyce porque si lo haces su nieto te denunciará y la edición será prohibida”*.

 

LA IRLANDA DE ZAPICO SE LLAMA ASTURIAS

En octubre de 2012 se dio a conocer el nombre del ganador del Premio Nacional de Cómic y la prensa buscó información sobre el chaval de Langreo para el que iban a ir los 20.000 euros del Ministerio de Cultura. La web de Alfonso Zapico tenía un apartado con biografía y en ella había un título (casi nobiliario) que poseía el dibujante: “En 2011 Alfonso Zapico fue nombrado Terciu Malorián de la Reciella Mallory”. Nadie sabía qué significaba, pero por lo visto sonaba lo suficientemente pomposo como para incluirlo en un teletipo.

“Esto es un poco chuminada, en realidad viene de una cervecería irlandesa de mi pueblo donde desde hace muchos años se hace una tertulia literaria. Cada viernes a las cinco se juntan ocho o diez personas para hablar de libros y política, yo iba a menudo”.

Un día se pusieron a repartir títulos inventados y a él le cayó este. Lo añadió en su biografía como un guiño a este pequeño círculo cultural… y al final acabó saliendo en el ABC.

El motivo por el que Zapico dejó de acudir a esta tertulia fue que se marchó de Asturias. En 2009, gracias a una beca de Francia, llegó a Angoulême, ciudad internacional del cómic. En esta localidad medieval con río y murallas hay una estatua de Corto Maltés, las placas de las calles son bocadillos de tebeo, tienen biblioteca y museo especializados en ilustración y cuentan con su propio festival de cómic. Desde hace 10 años funciona la “Maison des auteurs” (Casa de los autores), una especie de residencia de artistas gráficos donde a Alfonso le becaron con un apartamento y un taller para poder desarrollar “Dublinés”. Cada año trabajan aquí una veintena de artistas internacionales; es un sitio perfecto donde coger ideas, hacer amigos, aprender trucos del PhotoShop y no venirse abajo en mitad de un proyecto, como les ocurre a muchos dibujantes que se sienten aislados en casa.

“He descubierto que cuando veo a otros autores no me interesa su influencia artística. No me interesan su narrativa ni su estilo gráfico ni su forma de colorear ni su tipografía ni sus historias. En realidad, lo único que me interesa de un autor es su forma de ver la vida”.

Alfonso sigue viviendo y trabajando en Angoulême, ahora en su propio apartamento. Y al igual que le pasaba a Joyce, que desde la distancia de la Europa continental miraba siempre a Irlanda, él trabaja en Francia con la cabeza en Asturias. Langreo no será ciudad internacional del cómic pero fue en su biblioteca donde él descubrió los tebeos (Tintín, Astérix, Spirou y Mortadelo), su interés por el cómic francobelga se lo debe a un vecino desconocido que encargaba novedades constantemente a los fondos de esa biblioteca; estudió en una escuela de arte asturiana y allí fue donde realizó su primer trabajo remunerado: pintar unos murales para el parque infantil de un hipermercado.

 

“Recuerdo que pinté un faro, mar, niños jugando… Era un paisaje muy bucólico, aunque el parque en sí era bastante triste, solo tenía dos columpios y suelo de corcho”.

Ahora está dibujando su tierra durante una época que le fascina, principios de siglo XX. “La balada del Norte” repasará las revueltas de los mineros asturianos en 1934.

“Si siguiera viviendo en Asturias no podría dibujar esta historia, pero al estar aquí tengo la necesidad. Asturias está cambiando muy rápidamente, la gente está muy perdida. Una parte importante de respuestas sobre quiénes somos está en aquella sociedad tan desigual de los años treinta”.

 

* Este año han caducado los derechos de “Ulises” y al nietísimo se le ha acabado el chollo de ir secuestrando libros para pasar por caja. La versión inglesa de “Dublinés” sí contendrá textos originales de “Ulises” y “Dublineses”.

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Ana Boyero

Directora y fundadora de UNFOLLOW. Redactora de Cultura en laSexta|Noticias anaboyero@gmail.com

Comentarios (4)

  • Nacho

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    Excelente entrevista!

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  • antonio

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    Qué bien, qué bonito y qué coherente todo.

    Enhorabuena a los dos, entrevistadora y entrevistado

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  • Pelayo

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    Interesantísimo. Me he dado cuenta de que entrevistar no es solo preguntar, sino enseñar a la vez. A ver si toma nota más de uno.

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