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Mario Crespo

Mario Crespo (León, 1987) es licenciado en Derecho y escritor. Ha coordinado el libro de relatos El hilo invisible (Editorial Vita Brevis) y colabora habitualmente con diversas revistas culturales.

Las Humanidades al rescate de la Universidad: el programa de los “Grandes Libros”

Escrito por Mario Crespo el . Posteado en Monográficos

En tiempos de especialización creciente, ¿tiene sentido basar la enseñanza universitaria en la lectura reposada de los autores que han dado forma a nuestro mundo, desde Homero hasta Einstein? En Estados Unidos muchas universidades creen que sí: prescinden de los libros de texto para estudiar directamente las obras esenciales.

“Sócrates era un hombre de firmes principios, Jojo. Prefirió suicidarse a… Bueno, sea como sea, tenía que ver con sus principios. ¿Y sabes una cosa, Jojo? Eso es lo único que te hará falta saber acerca de Sócrates en toda tu vida. Eso es lo único que le hace falta saber a nadie. Aún eres muy joven para entenderlo, pero te bastará con tener una vaga idea de quiénes son unos personajes cuando salgan sus nombres en una conversación. Y tampoco vas a conocer a nadie que sepa más que eso, salvo por algún que otro empollón, que en cualquier caso es gente que no cuenta para nada”. Son palabras de Buster Roth, profesor de la Universidad de Dupont.

Colegios mayores: mucho más que hoteles y novatadas

Escrito por Mario Crespo el . Posteado en Reportajes

Es lunes. A las seis de la tarde sólo hay tres universitarios en la sala de estudio del colegio mayor: Marcelo vive en la habitación 435 y está inclinado sobre sus apuntes de Termodinámica I; Lucas acabará Derecho este curso, lleva cinco años en el centro y es el lateral izquierdo titular del equipo de fútbol y el alma de las fiestas colegiales es Iván, de cuarto, que apura una coca-cola a la luz del flexo. Son tres de los catorce mil setecientos estudiantes de distintas edades, carreras e intereses que viven en colegios mayores en nuestro país. En el verbo “vivir” se incluye, claro, comer y dormir, pero también aprender, aburrirse, hacer teatro, leer, tocar la batería, rezar, lavar la ropa o insultar a gritos al colegio vecino. Son centros muy distintos: los hay pequeños y masificados, los hay masculinos, femeninos y mixtos, los hay públicos y privados, laicos y religiosos, caros y menos caros, históricos y recién nacidos, más estrictos y más laxos. Pero todos ellos tienen en común la aspiración de constituir una institución esencialmente educativa: un ámbito para la formación personal y humanística que complemente la enseñanza académica.