Pepe Albert de Paco

Mesa para dos

Escrito por Pepe Albert de Paco el . Posteado en Columnas, Firmas

Mujer y restaurante forman un binomio confuso, acaso gobernado por una desafección tan antigua como inmune al auge de la gastromanía. Ellas desprecian el comer (no la comida, ojo, sino el comer; hay un matiz), y nada, ni siquiera las tapas nitrogenadas y demás apoteosis de lo aéreo, logran persuadirlas de que no hay lugar más tremebundo que la mesa de un restaurante ni esparcimiento más siniestro que eso que en Cataluña llamamos ‘entaular-se’, cuyas connotaciones, siempre despreciables, carecen en castellano de una voz que las iguale. No en vano, ‘entaular-se’, de taula (mesa), remite a un encajonamiento casi estabulario, a una suerte de prisión pasajera y, por ello mismo, doblemente eterna. ‘Entaular-se’, en fin, es algo así como el reverso omnívoro de la ‘petite mort’, un paréntesis en el discernimiento entre el bien y el mal del que conviene guardarse. La aversión femenina al rito del yantar, ya digo, ha vadeado océanos de tiempo para llegar exultante a nuestros días, pasando por encima del cocktail de gambas, aguacate y salsa rosa, los volovanes rellenos de atún, las espumas de crema catalana, la tortilla deconstruida y el helado caliente. Lo que sigue es un decálogo para el tiempo en que todo era inocente y el restaurante competía de en pie de igualdad con el cine, los paseos o un concierto veraniego. Un decálogo, en efecto, perfectamente inservible, como cualquier poética o tratado que se precie de trascendente, y que aviva el recuerdo de aquel atardecer en que ella dijo “sí, claro, me parece estupendo”. Habían abierto un nuevo ‘gastro’ en el barrio y el tren de la modernidad pasaba por allí. Qué no sería yo si entonces hubiera sabido todo esto.

Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS, MORIRSE NO TIENE MUCHO INTERÉS

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas, Firmas

Hubo un tiempo en que me obsesioné con la muerte. No me refiero a la idea de matarme, ni a la parafernalia mortuoria, ni siquiera a la muerte como final o motivo de angustia. Me obsesioné con la muerte en estado puro, con la idea de la nada, de la no existencia. Lo curioso es que no la visualizaba como el clásico fundido a negro. Sin que hubiera motivo, o sin que haya podido descifrarlo aún, cada vez que pensaba en la muerte me venía a la mente la imagen de unas manos de mujer haciendo una trenza con el pelo oscuro de una niña de espaldas. Con extrema precisión, sin dejar ni un pelo suelto, y apretando en cada nudo, pero a la vez con mucha delicadeza.

Xavi Puig

Pero esto qué es VIII

Escrito por Xavi Puig el . Posteado en Columnas, Firmas

ACUERDO DE COLABORACIÓN 

En Madrid, a diez de marzo de 2014.

REUNIDOS  

De una parte, D. Ignacio López Rojo y Dña. Isabel Lahoz Martos, mayores de edad, con Documentos Nacionales de Identidad números 56798324D y 68987342F, con domicilio a estos efectos en C/Pradillo, 45, 5º A, 28002 de Madrid.

De otra parte, D. Martín López Lahoz, menor de edad, con Documento Nacional de Identidad número 98758724Z y con domicilio en C/Pradillo, 45, 5º A, 28002 de Madrid.

 

INTERVIENEN

 

D. Ignacio López Rojo y Dña. Isabel Lahoz Martos, en nombre y representación del núcleo familiar de los López-Lahoz (en adelante LOS PADRES).

D. Martín López Lahoz (en adelante EL BEBÉ), en su propio nombre y derecho.

Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS, TENGO QUE CONTAR LO QUE PASÓ CON MI MOCHILA DE LEGO

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas, Firmas, Sin categoría

Hago muy pocas promesas, pero las que hago las cumplo. El problema es que si no me pones límite de tiempo, considero que mientras siga con vida estoy potencialmente cumpliendo mi promesa. ¿Pero qué pasa si se acaba el mundo? No me gustaría, por ejemplo, faltar al compromiso que tengo con mi hermana de escribir algo que nos pasó hace unos años.

Era 2010 y estábamos en Nueva York. Yo había ido a visitar a mi hermana, que estaba estudiando en Boston, y cogimos uno de esos autobuses chinos sospechosos que hacen el trayecto Boston-Chinatown para pasar un par de días gastando suela en la cuadrícula demente de Manhattan. Mi hermana, que llevaba poco más de dos meses viviendo en Boston, ya lo consideraba su pueblo, y hacía comparaciones constantemente: “Pues en Boston, las calles tienen más encanto…” “Pues en Boston los arreglos florales son más elegantes…”. Yo, que había estado en Nueva York anteriormente solo una vez, y también en un viaje de turismo breve, consideraba Manhattan mi pueblo y discutía con ella: “¿Pero estás loca? ¿Cómo vas a comparar la arquitectura del downtown de Boston con esto?”. Comportamiento cuando menos curioso para dos hermanas criadas en las sofisticadas costumbres de la Almería profunda. Debe de ser cosa de familia, porque mi padre una vez pasó una semana en un spa de Murcia y al volver a casa, no encontraba los interruptores de la luz: “Como allí estaban otro sitio…”.

Cien lugares donde NO llevar a tus hijos: El guarro de Vallecas

Escrito por Antonio Castelo el . Posteado en Cien lugares donde no llevar a tus hijos, Columnas, Otros artículos

Interior de El guarro de Vallecas. Cien lugares donde no llevar a tus hijo, Antonio Castelo, El guarro de Vallecas

#4 Bar Restaurante Penedillo aka “El guarro de Vallecas”

Avda. de Monte Igueldo 76, Madrid.

Es el invierno más frío de los últimos veinte años, en medio de la peor crisis que se recuerda. Andamos sin rumbo por las calles de Madrid y una ventisca nos ha pillado en mitad de ningún sitio. Qué jodido es el cerebro humano, en los peores momentos te trae los peores recuerdos: “Nunca tuve que haber dejado a aquella chica”, “¿por qué escogí letras?” y cosas así. Pero en la lejanía brilla una luz. La nieve en los ojos arde. Alguien dice: “ES EL GUARRO DE VALLECAS”. Estamos salvados. ¿Estamos salvados?

Pepe Albert de Paco

Breviario para un joven divorciado

Escrito por Pepe Albert de Paco el . Posteado en Columnas

  1. No te fustigues por haber abandonado el reciclaje: el desprendimiento de la máscara de ecologista es la prueba de que, parafraseando a la Jurado, todavía hay mucho hombre en ese cuerpo.
  2. Renunciar al reciclaje no supone renunciar a uno mismo. De vez en cuando, vacía el cubilete de cápsulas de la Nespresso.
  3. Ahuyenta la certidumbre de que, al anochecer, la ciudad reclama tu presencia.
  4. No te alarmes si, al ir a casa de tu ex, incurres en el acto reflejo de sacar del bolsillo unas llaves del todo inexistentes.
  5. Renueva el cepillo de dientes con la misma asiduidad con que ella solía hacerlo.
  6. Celebra en tu cubículo cuantas cenas sean necesarias: son un pretexto fabuloso para comprar enseres de cocina cuya existencia jamás habrías imaginado.
Xavi Puig

PERO ESTO QUÉ ES VII

Escrito por Xavi Puig el . Posteado en Columnas, Firmas

  
“Argumentos en contra de una interpretación psicologista del lenguaje en la primera etapa de la obra de Ludwig Wittgenstein”
Lydia Millikan
University of Connecticut

 

Abstract.

En este artículo se analiza el problema de la intencionalidad y la normatividad del lenguaje en el “Tractatus” de Wittgenstein. La conclusión principal alcanzada es que no es posible acometer una interpretación psicológica del pensamiento como hecho mental, tal y como pretenden autores como mi expareja Robert Madle, negativamente influido por su nueva compañera de investigación, la jovencísima Mathilda Robinson. Contra lo que ambos defienden, para Wittgenstein el lenguaje o, mejor dicho, la acción lingüística de los seres humanos, ya es en sí misma una acción simbólica. La intencionalidad del lenguaje es explicada mediante la actividad trascendental del sujeto metafísico, y su normatividad apelando al lenguaje mismo. Cualquier otra aproximación hermenéutica constituye un grave error. Error que Madle y Robinson, centrados quizá en temas no estrictamente académicos, cometen de forma flagrante.

 

 

Atendiendo a las últimas tendencias de la filosofía de la mente, en especial al funcionalismo, se han vuelto a considerar conceptos como el de “lenguaje del pensamiento” o  el de “representación mental” presentes en la obra de Ludwig Wittgenstein, la cual sigue siendo objeto de análisis y reinterpretación. En este contexto, destacan los empeños de quien fuera mi marido y compañero durante quince años, Robert Madle, y de su nueva ayudante veinteañera y becada, Mathilda Robinson, en enfocar la noción de pensamiento en el “Tractatus” de Wittgenstein desde el punto de vista psicológico, ignorando descaradamente que el propio autor defendió la postura antipsicologista en el punto 4.1121 de esta obra:

Carmen Pacheco

Pospongan el apocalipsis, estoy buscando unas perchas

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas, Firmas

Me he mudado y necesito perchas. Dios sabe a dónde me llevarán estas calles de mi nuevo barrio, donde toda referencia de comercios orientales –bazares y tiendas de alimentación–, me es desconocida. Así me dirijo, como un navío sin faros ni puerto amigo, por las calles de Moncloa.

Qué amargo fue el adiós de mi buena vecina. Y qué triste cuando, a modo de despedida indirecta, fui a pedir cajas para la mudanza a la tienda de la bebé china. Casi atisbé a ver lágrimas en los ojos rasgados de la dependienta, donde antes solía haber símbolos de euro, cada vez que entraba.

Así, ebria de nostalgia chamberiana, camino sin rumbo hasta que diviso un cartel de “Todo a cien” y se me enciende el corazón. ¿Pero está cerrada la tienda? Las pintadas en la fachada del exterior y los cristales sucios le dan un aspecto decrépito y casi tengo que pegar la nariz a la puerta para cerciorarme de que el comercio sigue activo.

Pepe Albert de Paco

El periodista técnico

Escrito por Pepe Albert de Paco el . Posteado en Columnas, Firmas

Hace poco, mientras visitaba a un amigo en la redacción de un periódico barcelonés, reparé en que esta era en verdad un apéndice de una oficina mayor. Al preguntar por ello, mi amigo me aclaró que estaban ‘realquilados’ en la sede de una editorial de revistas técnico-profesionales. Ya saben: industria maderera, manutención y almacenaje, modelismo y maquetas. Esas revistas. Al pasar frente a uno de los revisteros no pude evitar sonrisa de tango. En mi caso, el recuerdo tenía que ver con los cuatro años que pasé en Astoria Ediciones.

Corría el mes de noviembre de 1997 y, tras unos meses en paro, mis expectativas de lograr un trabajo como periodista eran ya muy exiguas, hasta el punto de que empecé a plantearme la posibilidad de opositar a ninguna parte. Venía de trabajar en una vertiginosa barra nocturna desde la que vi pasar demasiados trenes, y a menudo por partida doble. Eso no quiere decir que no tuviera práctica en el oficio de redactor. Antes que en la barra, había trabajado en la revista El Ciervo, dirigida por Rosario Bofill y Lorenzo Gomis, pero la experiencia fue tan castrante (me dedicaba casi exclusivamente a corregir erratas de imprenta en horario de oficina), que el periodismo y yo nos dimos un tiempo; eso, claro está, en el supuesto de que aquel trabajo hubiera tenido algo que ver con el periodismo. Agotado el subsidio y con la autoestima en low battery, sonó el teléfono de casa de mis padres. “Buenas tardes, querría hablar con don José María Albert (me pareció notar que estiraba el nombre, a semejanza del locutor José María García). Mi nombre es José Martín, de Astoria-Ediciones.” Acudí a la entrevista con el único traje que tenía, que era el mismo que vestía en bodas y entierros, si bien la prenda no delataba el trajín al que la venía sometiendo. Por lo demás, el histérico entusiasmo con el que, cada cinco o seis segundos, me iba sacudiendo las solapas, dejaba a las claras que aquélla no era mi vestimenta habitual, sino más bien mi segunda o tercera equipación.

Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS HASTA EL AÑO QUE VIENE

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas, Firmas

En todo el verano no he encontrado un solo motivo para posponer el apocalipsis. Si es que acaso el verano no es un apocalipsis en sí mismo. ¿Existe una gran diferencia entre ser barrido de la faz de la tierra por una gran bola de fuego, fenecer de inmediato, o hacerlo poco a poco, bajo esa misma bola de fuego, un poco más distante? El deterioro agónico del organismo, segundo a segundo, la pérdida de fluidos, de neuronas, de sentido común que caracteriza a eso que llamamos verano… Solo veo un mayor grado de crueldad en el segundo método.

Este es el motivo por el que me enorgullezco de la fecha de mi nacimiento. Que no se me malinterprete, como cualquier persona negativa que se precie, odio mi cumpleaños, como odio la navidad y cualquier otra festividad en la que se espere de mí estar feliz y sonreír sin ton ni son –qué actividad tan estresante, la felicidad… Sin embargo, no puedo sino admirarme del buen juicio que ya demostré siendo un bebé nonato, al pasar el primer verano de mi vida en el resguardo seguro y placentero del útero materno y no prorrumpir en mi primer llanto público hasta 21 de septiembre, día del equinoccio de otoño, a salvo ya de temperaturas demoniacas y estribillos pegadizos. Vine a nacer a tiempo, con un fajo de corticoles bajo el brazo.