Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS, MI VECINA QUIERE PREGUNTARME ALGO

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas

Normalmente, me muevo por los pasillos de mi edificio con mismo afán sociable que un coyote herido en época de escasez de comida, pero en aquel primer encuentro con mi vecina, no tuve escapatoria. Estaba allí bloqueando el acceso al ascensor mientras cerraba la puerta de su casa, contigua a la mía. Yo, como siempre, en mi absurdo sueño de alcanzar la invisibilidad, iba ataviada con la indumentaria más bien propia de alguien que ha tenido un desafortunado incidente en una planta química: abrigo con el cuello subido, bufanda constrictor y gafas de sol gigantes.

Xavi Puig

PERO ESTO QUÉ ES (III)

Escrito por Xavi Puig el . Posteado en Columnas

Querido Jonathan,
 
Si lees esto es porque finalmente he decidido volver a tu peluquería. Ahora mismo estaré frente a ti sonriente, pero mudo. Esta carta contiene todo lo necesario para que no se repita el estropicio anterior.
Carmen Pacheco

Pospongan el Apocalipsis, no sé si darle al “Me gusta”

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas

Llevo suficiente tiempo sin pisar un andén de metro como para que al hacerlo, y dejar la mirada suspendida mi visión a lo lejos, tiemble y ondee, no por el efecto del calor, sino de la memoria. Por un segundo, bien podría ser 2005 o incluso 1999 y eso me provoca un escalofrío de terror. No quiero volver al pasado, que se joda el pasado, que se joda la nostalgia. ¿Por qué lo pasado debería parecerme mejor? ¿Porque era más joven? Bueno, sí, y también más imbécil. Mientras no empecemos todos a cagarnos encima, la juventud física me parece un matiz sobrevalorado.

Pepe Albert de Paco

Tuiteando El Bulli

Escrito por Pepe Albert de Paco el . Posteado en Columnas

Técnicamente era posible. Había un paso intermedio que los informáticos del periódico debían resolver aquella tarde, un ajuste menor del que no recuerdo los detalles, pero una vez salvado ese obstáculo, nada había de impedir que el columnista Salvador Sostres tuiteara una cena desde El Bulli. “Que se entienda”, le previno el director, que, como buen críptico, se irritaba ante la prestidigitación verbal y, en general, ante cualquier tentativa de virtuosismo que convirtiera el relato en un galimatías. A Sostres también le preocupaba hacerse entender, sobre todo a partir de la tercera copa. “Del Bulli se sale algo tocado”, nos aclaró a Jordi Pérez Colomé y a mí, que solíamos atender con regocijo sus aventis de ‘tiet-recién-llegado-de-París’. Sea como sea, el anuncio a los lectores de que Salvador Sostres tuitería una cena desde el mejor restaurante del mundo contenía el germen de lo indómito, la promesa, bien que incierta, de encararse con el futuro.

Adolfo Valor

Tardes con Matilde

Escrito por Adolfo Valor el . Posteado en Columnas

Conocí a Matilde en un tiempo cuando las cosas eran más sencillas y los besos más voluptuosos. Yo acababa de llegar a la capital para estudiar agrónomos y ella era ya toda una leyenda en la facultad gracias tanto a la rotundidad de sus piernas como a su pasión por el revisionismo.  Como era el primero de mi familia en estudiar una carrera, mi formación cultural era más que limitada. Matilde, en cambio, escribía en revistas como Tanteos y Ayeres con la facilidad con que otras se apuntaban a yoga.

Ilustración de Hughes, columnista de UNFOLLOW. Ilustración de Gabriel Salvadó

Nostalgias imperiales

Escrito por Hughes el . Posteado en Columnas

España es un país fundamentalmente generacional y una buena definición de generación es identidad de nostalgia. Con la mayoría de individuos sólo tenemos en común esa melancolía. Los grupos empiezan detestando y acaban recordando juntos. La nostalgia, con todo, está muy mal vista. Joaquín Reyes decía en uno de sus gags que la nostalgia daba gases y ya sabemos lo que significa ser nostálgico en política. La nostalgia adulta es esteticismo gagá y al niño se le hurtan los tambores de la gran fantasía, del deseo panero de ser piel roja. El niño, atontado por una pedagogía plastificada y científica, ya no tiene esas nostalgias imperiales del crepúsculo de Vallejo, que son las nostalgias del niño, nostalgias, claro, sin pasado. La nostalgia de lo elemental que llevaban a Cioran a pensar si no sería el Tiempo mera nostalgia humana de la mar.

Xavi Puig pequeña portada

PERO ESTO QUÉ ES (II)

Escrito por Xavi Puig el . Posteado en Columnas

Afectuoso señor director,

Le escribo tras el conocimiento de que mi hijo Alfonso Mijas Bordellón halla sido suspendido de la signatura Castellano II (profesora Matilde) por faltas de ortografia y sin taxi. Tambien dice qe por su aptitud de desobediente. NO ES VERDAD!!!

Adolfo Valor

Diario íntimo de Luis XVI

Escrito por Adolfo Valor el . Posteado en Columnas

Soy un apasionado de la Revolución Francesa. Desde que la estudié en el colegio leo todo lo que cae en mis manos sobre el tema. Encuentro especialmente fascinante la figura de Luis XVI, durante años considerado un hombre mediocre arrastrado por la fuerza de la Historia. A esta imagen no ayudó su propio diario, fuente de información para la mayoría de biógrafos. Sin embargo, recientemente se encontró un segundo diario, un diario íntimo, que nos revela a un hombre fascinante. Procedo a transcribir sólo algunos párrafos, con la esperanza de que la Historia pueda resarcir algún día la figura del último gran rey de Francia.

Pepe Albert de Paco

A mis pies mi ciudad

Escrito por Pepe Albert de Paco el . Posteado en Columnas

El 23 de septiembre de 1986, víspera del día de la Mercè, salí de casa de mis abuelos, en la Barceloneta, a eso de las nueve. Me había propuesto asistir a tres conciertos en una sola noche, y así emular sin saberlo al nadador del cuento de Cheevers. Mis padres y mi hermano pasaban el fin de semana en el piso de Camprodón, de ahí que, cada cinco pasos, me asaltara la idea de llevar a Ariadna a casa. ‘Invitarla a casa’, había escrito con anterioridad; paradójicamente, el verbo llevar, con toda su vaguedad a cuestas, se aviene mejor con las intenciones, o acaso ensoñaciones, del quinceañero que fui. Barcelona olía a pólvora, humedad y fritanga.

Carmen Pacheco

Pospongan el apocalipsis, se me ha pegado una bebé china a la bota

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas

En el momento de coger el ascensor, mi indumentaria constaba de unos pantalones que, aun teniendo yo grandes dotes de convicción y siendo la prenda de un color gris muy discreto, me hubiera sido imposible convencer a cualquier interlocutor vidente de que formaban parte de un chándal y no de un pijama, como hubiera sido mi versión, más camiseta de “Frasier”, impermeable con capucha y botas de agua de estampado de leopardo, que no sé si afortunada o desgraciadamente ocultaban gran parte de los pantalones.