Publicaciones etiquetadas ‘amor’

La señorita Berdie

Escrito por Ana Boyero el . Posteado en Relatos

El día que la señorita Berdie entró en mi consulta recordé que hacía demasiado tiempo que no hacía el amor con una mujer. En mi trabajo no estoy acostumbrado a tratar con chicas jóvenes, y mucho menos con aspecto de azafata de vuelo de los setenta. Nunca había sentido atracción física por ninguna paciente, principalmente porque cuando abrí la consulta decidí concentrarme en el mercado más estable de la psiquiatría: el de esposas aburridas con hijos casados. Estas señoras tienen muchas amigas en su misma situación y se recomiendan las unas a las otras. Vienen a verme por mi increíble capacidad para escuchar y por la facilidad con que receto ansiolíticos.

La luminosa piel de la señorita Berdie dejaba claro que domir no era un problema para ella; no llevaba anillo en la mano, así que tampoco estaba aquí por culpa de un matrimonio desgastado. Su presencia me pilló totalmente desprevenido, tendría que confiar en mi instinto. Mi primer impulso fue volver a mirarle las piernas.

- Me ha dado su teléfono la señora Márquez  – llevo años tratando a la señora Márquez: esposa de cardiólogo, tobillos gordos y preferencia por las benzodiacepinas – , dice que es usted muy bueno.

To all the girls I’ve loved before: BEATRIZ

Escrito por Juan Carlos Ortega el . Posteado en Firmas, To all the girls I've loved before

No fue su nombre lo que me llamó la atención, aunque sin duda quedaría muy poético si dijera que se trató precisamente de eso. Llamarse así podría haberme sugerido imágenes de Dante, llevándome directamente a la esencia de los sentimientos más sutiles y elevados, pero lo cierto es que lo que me gustó de ella fueron sus pechos. Beatriz estaba buenísima.

La conocí en el trabajo. La acababan de contratar y aproveché su condición de recién llegada para chulearme un poco. Le indiqué cómo se hacían algunas cosas, mostrando esa actitud de desencanto propia del que quiere dárselas de hombre experimentado en la vida.

Elijah Wood y Eugenio Mira: “Nuestro bebé tendría barba y hablaría inglés con acento español”

Escrito por Ana Boyero el . Posteado en Entrevistas

Elijah Wood y Eugenio Mira se han pasado la última semana dándose arrumacos delante de todas las cámaras de España. Su película “Grand Piano inauguró el Festival de Sitges y, unos días después, actor y director presentaron en Madrid este thriller de etiqueta que narra la angustia de un pianista que debe ejecutar a la perfección todo un concierto… bajo amenaza de muerte.

Quedamos en el sótano de un tranquilo bar de Malasaña, en Madrid, y me entero de que a Elijah le han encantado las mollejas que ha probado esa mañana en el castizo barrio de Huertas. Me sorprende que un norteamericano se lance a probar casquería, pero está claro que este en concreto se tira a la piscina si dentro está Eugenio Mira. Por eso solo tardó 48 horas en responder con un ‘sí’ a la oferta de protagonista absoluto que le ofreció el alicantino en un email que adjuntaba el guion de ‘Grand Piano’.

To all the girls I’ve loved before: AÍDA

Escrito por Juan Carlos Ortega el . Posteado en Firmas, To all the girls I've loved before

Conocí a Aída buceando. Los dos chocamos tontamente debajo del agua y al mismo tiempo nos pedimos perdón, apartándonos el tubo mientras movíamos las piernas muy rápido para mantenernos a flote. Diez minutos después, juntamos nuestras toallas en la arena y hablamos de Vangelis, el extraño compositor que acababa de publicar un disco sobre los océanos.

–Lo mejor de su música, sin duda, es el ambiente que consigue generar –le dije.

–Sí, es lo mismo que pienso yo. Y también el hecho de que sea griego.

To all the girls I’ve loved before: ARACELI

Escrito por Juan Carlos Ortega el . Posteado en Firmas, Otros artículos, To all the girls I've loved before

Empiezo hoy, en este precioso lugar de Internet, un recorrido por mi atolondrada vida sentimental. Son muchas las mujeres que me han marcado. En realidad, si he de ser del todo sincero, me resultaría imposible saber cuál de ellas ha ejercido en mí la mayor influencia.

Empezaré, pues, siguiendo el orden alfabético, porque se me antoja imposible decantarme por una. Os hablaré hoy de Araceli.

Era adorable y pequeña, con unos ojos oscuros que probablemente le hacían parecer más inteligente de lo que era. Me enamoré de ella estando en la playa, cuando un golpe de viento le colocó un mechón de cabello entre sus labios. El gesto tan distraído que hizo al retirárselo, mientras seguía hablando, me hizo perder la cabeza.

Creo que nunca estuvo enamorada de mí, y eso hizo que mi locura por ella fuera incrementándose día a día, tal vez de manera exponencial.

Tenía que impresionarla si quería que acabara rendida a mis pies. Araceli era de esas chicas que se enamoran de los hombres que demuestran cierta capacidad para emocionarse ante la belleza artística.

Y un día se me presentó la ocasión perfecta. Paseábamos por el centro de la ciudad cuando vi una exposición de pintura.

- ¿Te apetece que entremos? –le pregunté.

- Oh, sí, claro.

Yo no sabía si aquellos cuadros eran buenos o malos, porque siempre he tenido cierta confusión con la pintura. Me cuesta mucho distinguir una obra maestra de otra creada por un imbécil sin talento, pero supuse que si en un lugar tan céntrico de una ciudad tan moderna como la mía el artista había logrado montar una exposición sobre su obra, ésta tenía que ser relativamente valiosa. Y me animé a opinar.

-Mira estos trazos, Araceli. Fíjate bien.

-¿Cuáles?

-Los del fondo. Los que rodean las nubes. Si los miras detenidamente, apreciarás en ellos cierta desilusión.

-¿Desilusión? ¿Por qué?

-El pincel empezó firme, pero acaba de un modo inseguro. En cierto modo, me recuerda a algunos de los primeros óleos de Van Gogh.

Araceli empezó a mirarme con emoción. Hasta ese momento, la chica ignoraba que yo pudiera tener una sensibilidad tan fina.

Durante más de media hora, paseé con ella ante aquellos cuadros, lanzando frases aparentemente hondas sobre la relación entre la belleza y la verdad, entre la pintura y lo real, entre la emoción y la razón.

La tenía en el bote, no había duda. Tal vez ya era hora de salir a la calle y besarla con locura.

Una vez fuera, Araceli, con una risa nerviosa, me dijo:

-Mira arriba.

-¿Dónde?

-Al letrero del local del que acabamos de salir.

Alcé la vista y me quise morir. Nunca viví un ridículo mayor. Después de aquello nunca la volví a ver. En letras grandes y grises podía leerse: “Hermanos Gutierrez, marcos para cuadros”.

Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS, HAY UNA PELOTA EN EL AIRE

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas

Ante un tribunal apocalíptico, sinceramente, no sé si esta defensa se sostendría. “Pospusimos el fin del mundo por una bebé china, porque tu vecina se había comprado un móvil, por una actualización en facebook de tu prima y por una conversación que cotilleaste en un Rodilla, pero esto, esto es demasiado. Fue solo un segundo, sin interactuación por tu parte, y con tus acostumbradas suposiciones sin base. Esta vez no cuela. Pulsemos el botón roj…

–¡No! –gritaría yo. Y me pondría en pie. No soy una abogada neoyorkina, pero también tengo una profesión de escaso carácter práctico, y vi tantos capítulos de Candy Candy de pequeña que sé cómo hacer para que me titilen dos lágrimas contenidas en las pupilas. Sabría cómo elaborar mi defensa.

Destino

Escrito por Lara Moreno el . Posteado en Relatos

Ella me dijo: todos tenemos un destino. En ese momento no supe a qué se refería, yo era un inconsciente, un medroso, barro mojado, es decir, la vanidad aún no se había perpetrado en mí con fundamento. Yo solo intentaba sacarme unos cuartos, y ella me habló del destino como quien habla de una cosa amorfa y desnutrida que todos tuviéramos por defecto, las glándulas salivares o las amígdalas. Podría decir ahora: la abofeteé y me fui de allí, al girar el pomo de la puerta vi de reojo un hilo de sangre en su boca. También podría haber pasado lo siguiente: todos tenemos un destino, dijo ella, y yo me lancé a sus labios porque por fin éramos ella y yo lo único en el mundo.