Publicaciones etiquetadas ‘apocalipsis’

Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS, MORIRSE NO TIENE MUCHO INTERÉS

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas, Firmas

Hubo un tiempo en que me obsesioné con la muerte. No me refiero a la idea de matarme, ni a la parafernalia mortuoria, ni siquiera a la muerte como final o motivo de angustia. Me obsesioné con la muerte en estado puro, con la idea de la nada, de la no existencia. Lo curioso es que no la visualizaba como el clásico fundido a negro. Sin que hubiera motivo, o sin que haya podido descifrarlo aún, cada vez que pensaba en la muerte me venía a la mente la imagen de unas manos de mujer haciendo una trenza con el pelo oscuro de una niña de espaldas. Con extrema precisión, sin dejar ni un pelo suelto, y apretando en cada nudo, pero a la vez con mucha delicadeza.

Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS HASTA EL AÑO QUE VIENE

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas, Firmas

En todo el verano no he encontrado un solo motivo para posponer el apocalipsis. Si es que acaso el verano no es un apocalipsis en sí mismo. ¿Existe una gran diferencia entre ser barrido de la faz de la tierra por una gran bola de fuego, fenecer de inmediato, o hacerlo poco a poco, bajo esa misma bola de fuego, un poco más distante? El deterioro agónico del organismo, segundo a segundo, la pérdida de fluidos, de neuronas, de sentido común que caracteriza a eso que llamamos verano… Solo veo un mayor grado de crueldad en el segundo método.

Este es el motivo por el que me enorgullezco de la fecha de mi nacimiento. Que no se me malinterprete, como cualquier persona negativa que se precie, odio mi cumpleaños, como odio la navidad y cualquier otra festividad en la que se espere de mí estar feliz y sonreír sin ton ni son –qué actividad tan estresante, la felicidad… Sin embargo, no puedo sino admirarme del buen juicio que ya demostré siendo un bebé nonato, al pasar el primer verano de mi vida en el resguardo seguro y placentero del útero materno y no prorrumpir en mi primer llanto público hasta 21 de septiembre, día del equinoccio de otoño, a salvo ya de temperaturas demoniacas y estribillos pegadizos. Vine a nacer a tiempo, con un fajo de corticoles bajo el brazo.

Bárbara Alpuente

My generation

Escrito por Bárbara Alpuente el . Posteado en Columnas

Durante una época me dio por soñar que un terremoto, una tormenta solar, un tsunami o un fin del mundo abstracto, hacía temblar la ciudad mientras me encontraba recogiendo a mis hijos del colegio. Todas las madres se llevaban rápidamente a los suyos y los metían en sus coches para salir de allí. Todas menos yo, que no conducía. Me quedaba en la puerta del colegio sola, con mis hijos llorando y reprochándome que no pudiera salvarles la vida. Tiene huevos. A lo largo de mi existencia he soñado que volaba, que Michael Jackson me preparaba unas lentejas o que moría y resucitaba en una tarde, y cuando de verdad necesito imaginación en un sueño, me da por ser realista. Este tema está casi solucionado: sólo hace falta que me aprueben el carnet, pero ya sé conducir. Vale que no tengo coche, pero en un caso extremo siempre puedo robar uno (nota mental: aprender a hacer un puente) Así que estoy capacitada para salvar a esos hijos que no tengo de una catástrofe que no está sucediendo. Viva la especulación.

Carmen Pacheco

Pospongan el apocalipsis, se me ha pegado una bebé china a la bota

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas

En el momento de coger el ascensor, mi indumentaria constaba de unos pantalones que, aun teniendo yo grandes dotes de convicción y siendo la prenda de un color gris muy discreto, me hubiera sido imposible convencer a cualquier interlocutor vidente de que formaban parte de un chándal y no de un pijama, como hubiera sido mi versión, más camiseta de “Frasier”, impermeable con capucha y botas de agua de estampado de leopardo, que no sé si afortunada o desgraciadamente ocultaban gran parte de los pantalones.