Publicaciones etiquetadas ‘Carmen Pacheco’

Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS, MORIRSE NO TIENE MUCHO INTERÉS

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas, Firmas

Hubo un tiempo en que me obsesioné con la muerte. No me refiero a la idea de matarme, ni a la parafernalia mortuoria, ni siquiera a la muerte como final o motivo de angustia. Me obsesioné con la muerte en estado puro, con la idea de la nada, de la no existencia. Lo curioso es que no la visualizaba como el clásico fundido a negro. Sin que hubiera motivo, o sin que haya podido descifrarlo aún, cada vez que pensaba en la muerte me venía a la mente la imagen de unas manos de mujer haciendo una trenza con el pelo oscuro de una niña de espaldas. Con extrema precisión, sin dejar ni un pelo suelto, y apretando en cada nudo, pero a la vez con mucha delicadeza.

Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS, TENGO QUE CONTAR LO QUE PASÓ CON MI MOCHILA DE LEGO

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas, Firmas, Sin categoría

Hago muy pocas promesas, pero las que hago las cumplo. El problema es que si no me pones límite de tiempo, considero que mientras siga con vida estoy potencialmente cumpliendo mi promesa. ¿Pero qué pasa si se acaba el mundo? No me gustaría, por ejemplo, faltar al compromiso que tengo con mi hermana de escribir algo que nos pasó hace unos años.

Era 2010 y estábamos en Nueva York. Yo había ido a visitar a mi hermana, que estaba estudiando en Boston, y cogimos uno de esos autobuses chinos sospechosos que hacen el trayecto Boston-Chinatown para pasar un par de días gastando suela en la cuadrícula demente de Manhattan. Mi hermana, que llevaba poco más de dos meses viviendo en Boston, ya lo consideraba su pueblo, y hacía comparaciones constantemente: “Pues en Boston, las calles tienen más encanto…” “Pues en Boston los arreglos florales son más elegantes…”. Yo, que había estado en Nueva York anteriormente solo una vez, y también en un viaje de turismo breve, consideraba Manhattan mi pueblo y discutía con ella: “¿Pero estás loca? ¿Cómo vas a comparar la arquitectura del downtown de Boston con esto?”. Comportamiento cuando menos curioso para dos hermanas criadas en las sofisticadas costumbres de la Almería profunda. Debe de ser cosa de familia, porque mi padre una vez pasó una semana en un spa de Murcia y al volver a casa, no encontraba los interruptores de la luz: “Como allí estaban otro sitio…”.

Carmen Pacheco

POSPONGAN EL APOCALIPSIS HASTA EL AÑO QUE VIENE

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas, Firmas

En todo el verano no he encontrado un solo motivo para posponer el apocalipsis. Si es que acaso el verano no es un apocalipsis en sí mismo. ¿Existe una gran diferencia entre ser barrido de la faz de la tierra por una gran bola de fuego, fenecer de inmediato, o hacerlo poco a poco, bajo esa misma bola de fuego, un poco más distante? El deterioro agónico del organismo, segundo a segundo, la pérdida de fluidos, de neuronas, de sentido común que caracteriza a eso que llamamos verano… Solo veo un mayor grado de crueldad en el segundo método.

Este es el motivo por el que me enorgullezco de la fecha de mi nacimiento. Que no se me malinterprete, como cualquier persona negativa que se precie, odio mi cumpleaños, como odio la navidad y cualquier otra festividad en la que se espere de mí estar feliz y sonreír sin ton ni son –qué actividad tan estresante, la felicidad… Sin embargo, no puedo sino admirarme del buen juicio que ya demostré siendo un bebé nonato, al pasar el primer verano de mi vida en el resguardo seguro y placentero del útero materno y no prorrumpir en mi primer llanto público hasta 21 de septiembre, día del equinoccio de otoño, a salvo ya de temperaturas demoniacas y estribillos pegadizos. Vine a nacer a tiempo, con un fajo de corticoles bajo el brazo.

Carmen Pacheco

Pospongan el Apocalipsis, no sé si darle al “Me gusta”

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas

Llevo suficiente tiempo sin pisar un andén de metro como para que al hacerlo, y dejar la mirada suspendida mi visión a lo lejos, tiemble y ondee, no por el efecto del calor, sino de la memoria. Por un segundo, bien podría ser 2005 o incluso 1999 y eso me provoca un escalofrío de terror. No quiero volver al pasado, que se joda el pasado, que se joda la nostalgia. ¿Por qué lo pasado debería parecerme mejor? ¿Porque era más joven? Bueno, sí, y también más imbécil. Mientras no empecemos todos a cagarnos encima, la juventud física me parece un matiz sobrevalorado.

Carmen Pacheco

Pospongan el apocalipsis, se me ha pegado una bebé china a la bota

Escrito por Carmen Pacheco el . Posteado en Columnas

En el momento de coger el ascensor, mi indumentaria constaba de unos pantalones que, aun teniendo yo grandes dotes de convicción y siendo la prenda de un color gris muy discreto, me hubiera sido imposible convencer a cualquier interlocutor vidente de que formaban parte de un chándal y no de un pijama, como hubiera sido mi versión, más camiseta de “Frasier”, impermeable con capucha y botas de agua de estampado de leopardo, que no sé si afortunada o desgraciadamente ocultaban gran parte de los pantalones.