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Xavi Puig

PERO ESTO QUÉ ES VII

Escrito por Xavi Puig el . Posteado en Columnas, Firmas

  
“Argumentos en contra de una interpretación psicologista del lenguaje en la primera etapa de la obra de Ludwig Wittgenstein”
Lydia Millikan
University of Connecticut

 

Abstract.

En este artículo se analiza el problema de la intencionalidad y la normatividad del lenguaje en el “Tractatus” de Wittgenstein. La conclusión principal alcanzada es que no es posible acometer una interpretación psicológica del pensamiento como hecho mental, tal y como pretenden autores como mi expareja Robert Madle, negativamente influido por su nueva compañera de investigación, la jovencísima Mathilda Robinson. Contra lo que ambos defienden, para Wittgenstein el lenguaje o, mejor dicho, la acción lingüística de los seres humanos, ya es en sí misma una acción simbólica. La intencionalidad del lenguaje es explicada mediante la actividad trascendental del sujeto metafísico, y su normatividad apelando al lenguaje mismo. Cualquier otra aproximación hermenéutica constituye un grave error. Error que Madle y Robinson, centrados quizá en temas no estrictamente académicos, cometen de forma flagrante.

 

 

Atendiendo a las últimas tendencias de la filosofía de la mente, en especial al funcionalismo, se han vuelto a considerar conceptos como el de “lenguaje del pensamiento” o  el de “representación mental” presentes en la obra de Ludwig Wittgenstein, la cual sigue siendo objeto de análisis y reinterpretación. En este contexto, destacan los empeños de quien fuera mi marido y compañero durante quince años, Robert Madle, y de su nueva ayudante veinteañera y becada, Mathilda Robinson, en enfocar la noción de pensamiento en el “Tractatus” de Wittgenstein desde el punto de vista psicológico, ignorando descaradamente que el propio autor defendió la postura antipsicologista en el punto 4.1121 de esta obra:

Contra la amnesia colectiva: reivindicando a Umbral

Escrito por Jesús Úbeda el . Posteado en Monográficos

La historia arranca el 25 de agosto de 2007. El Sevilla juega contra el Getafe en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán. Andrés Montes lo narra fiel a su estilo, tan infiel al del resto de comentaristas deportivos, tiki taka Salinas, fútbol con fatatas, y así. Minuto 28 de partido. Antonio Puerta, joven, atlético, perillante, héroe europeo del sevillismo, futuro padre, se desploma. Al susto lo sigue el murmullo, el miedo, el pánico, y Dragutinovic es el primero en socorrer a su compañero, no sea que se trague la lengua. Sabíamos que la muerte había hecho sus pinitos en el mundo del fútbol, pero el personal nunca se acostumbra a ello. La muerte es más propia de gladiadores o de toreros. Puerta se reincorpora, España se tranquiliza, pero el centrocampista desfallece de nuevo. El país permanece en vilo durante tres días, se muerde las uñas con esperanza, los periodistas están a la que cae. A las 14:30 horas del 28 de agosto de 2007, Antonio Puerta fallece por una encefalopatía postanóxica. España se viste de luto ante la muerte del héroe y se olvida de que, mientras, en el Hospital Montepríncipe de Boadilla del Monte, en Madrid, un fallo cardiorrespiratorio mata a Francisco Umbral, periodista sin carné, articulista todólogo y cronista de la capital. En la columna “Esto es cuanto sé de mí”, publicada en El Mundo el 14/12/2006, él mismo decía sobre la parca, con naturalidad: “Estamos condenados a un primer amor, a un tardío honor y a la ignorancia final que llamamos muerte”.